Sentimiento y testimonio de Montreux al sur

El grupo coral cipoleño Cantares regresó de Suiza con una mención del Festival de Coros



CIPOLLETTI (AC).- Resonando en las montañas, junto al lago de Ginebra en la ciudad suiza de Montreux, el público escuchó al coral cipoleño Cantares interpretar las canciones de su repertorio tradicional, “limpiamente y con sencillez”, según la crítica volcada en la prensa extranjera.

En su primer salida al exterior la agrupación fue distinguida con una mención correspondiente al quinto nivel del encuentro, compartida con el Coro de Solistas de Rusia.

El reciente encuentro tuvo además carácter de certamen del que participaron coros amateurs de Checoslovaquia, Grecia, Armenia, Rusia, Noruega, Letonia, Ucrania, Albania, Polonia, Bulgaria y el Coro de la Universidad de Berna, Suiza, entre otros.

El auditorio Stravinsky, que albergó al 37 Festival Coral, por el que Montreux es bien conocida en el plano internacional, tiene capacidad para tres mil personas que siempre asistieron para apreciar los conciertos que formaban parte del certamen, y los conciertos libres.

Allí el coral Cantares interpretó, en una de las fechas del festival que duró una semana y para el que los turistas y nativos pagan entre 30 y 60 francos suizos por concierto -unos 12 a 25 dólares, o pesos, según se mire- “Piedra y Camino”, de Atahualpa Yupanqui, una canción en náhuatl, “Santa María”, de un poeta azteca, el tango “Sur” de Aníbal Troilo y “El Humahuaqueño”, entre varios temas.

Pero más allá de los logros competitivos, que no eran el objetivo sino el desafío lanzado esencialmente a sí mismos, los integrantes del Cantares traen sus cajas de resonancia llenas de vivencias de la diversidad y la unidad que la actividad coral convoca.

“Vivimos las situaciones más llamativas”, comentó el director Jorge Fouga. “Los griegos con su música y su idioma tan incomprensible para nosotros, los noruegos, los rusos o los de Letonia… cada uno con las características de su país… ¡y nos comunicábamos cantando! Aunque no entendíamos literalmente las palabras, la música está más allá”, dijo Fouga.

La recepción la tuvo el Cantares en una antigua bodega, junto a un coro noruego y otro de Letonia. “Era maravilloso, porque de los tres coros ninguno sabíamos el idioma de los demás y nos comunicábamos todos, terminamos cantando juntos”, agregó.

En esta instancia era necesario que la entrevista se volcara a los demás integrantes del coro. Entonces, Daniel, explicó que después de intentar con algo de francés o inglés optaron rápida y prioritariamente por la música “porque no todos hablan estos idiomas y además, dentro de sus lenguas, extrañísimas para nosotros, muchos hablan aun un dialecto”.

Así, todos ellos probaron con “No llores por mí, Argentina”, y después concluyeron con la “Canción de la amistad”.

Para llegar a este punto de su trayectoria el Cantares -que pronto cumplirá 16 años- fue seleccionado a través de un “demo” con lo grabado en su compacto “Patagonia Argentina”, y de las partituras que interpretarían.

No sólo porque trabaja con sus voces el Cantares sostiene su arte “a pulmón”: pese a su trayectoria y a su entrega siempre gratuita ante los acontecimientos comunitarios, estos referentes de la cultura cipoleña y del Alto Valle se costearon sin el menor apoyo el viaje al país de los cantores y cada uno se pagó su pasaje y su estadía

“Después de aceptar, con el correr del tiempo, nos dimos cuenta de que era bastante difícil, porque en el coro hay también varios matrimonios y los costos son altos”, explicó Daniel, marcando el nivel de la exigencia.

Ahora, después de tanto esfuerzo, tienen como premio a su actuación, junto a la mención especial del certamen, un ánfora de las que usaban en el lugar en la Edad Media para escanciar el vino.

Arrimando el oído a su boca, entre aromas de barro y toneles, a veces escuchan ¿quién les quita lo cantado?, y vuelven a Montreux, en una ensoñación que parece no terminar nunca.

El dolor de no ser correspondido

CIPOLLETTI.- Montreux es una ciudad de Suiza de 80.000 habitantes -los mismos que tiene Cipolletti, o por ahí- donde hay más festivales de música y teatro que escuelas.

Con aire de montaña y ecos en laderas escarpadas, resplandores de nieve y reflejos en el lago, “es como Bariloche, pero de piedra”.

De escasa población joven nativa, sólo hay doce escuelas, pero con un teatro cada tres cuadras.

“Todos los pueblos tienen su diario, sus coros, su orquesta y su grupo musical de jazz, por ejemplo”, enfatizó Jorge Fouga.

A la hora del regreso es inevitable pensar en los contrastes que van más allá de lo paisajístico.

“Aquí todo lo que es cultura hay que hacerlo como si fuera un hobby y a costo propio, porque no le interesa a ninguna institución del Estado, ni de nivel nacional, provincial ni municipal”, dijo el director del cipoleño Cantares, indicando que “llegamos a no tener ni siquiera un lugar para ensayar. Cuando volvimos conseguimos este espacio”, reflexionó, por el sitio que ahora los convoca para sus ensayos generales.

Y remató como corresponde, a coral pleno: “Fuimos en representación de Cipolletti, de la Patagonia y del país, pero muchas veces pareciera que a nadie le importó, lo que nos duele enormemente porque lo hicimos de corazón”. (AC).


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