Serra-Rousseff: vidas paralelas y polos ¿opuestos?

Ambos comparten profesión, perfil y una militancia.



BRASILIA (AFP) - Ambos son economistas y tienen una historia de militancia contra la dictadura en los 60, son considerados tecnócratas, poco carismáticos y con mano dura en el gobierno: el opositor José Serra y la oficialista Dilma Rousseff representan las dos opciones que el próximo domingo disputarán la Presidencia de Brasil.

A primera vista hasta podría decirse que ente Rousseff y Serra “hay probablemente más áreas de concordancia que de conflicto en sus programas”, señaló un reciente editorial de la prensa brasileña. Ambos son candidatos de la centroizquierda que alternadamente gobernó Brasil en los últimos 16 años bajo una similar política económica.

El sucesor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva heredará un país con menos pobres y crecimiento económico, pero con grandes desafíos históricos y las fragilidades de una economía emergente con un papel cada vez más relevante en el mundo.

“Lula hizo una primera transferencia de riqueza para la sociedad que generó un tremendo mercado interno y mejoró un poco las diferencias sociales, pero dejó grandes deudas en educación, infraestructura, seguridad pública, corrupción y grandes reformas en el carísimo sistema de pensiones e impuestos”, resume Alexander Bush, autor del libro “Brasil, país del presente”.

Una dama de hierro que fue mano derecha de Lula en el Ejecutivo, Dilma Rousseff, de 62 años, sale con ventaja de 10 puntos en las encuestas catapultada por la popularidad histórica del presidente que sacó a 29 millones de brasileños de la pobreza y cuya política económica y social ella pretende continuar.

Rousseff ha defendido el actual modelo económico de respeto a la ortodoxia del mercado, pero también quiere un Estado fuerte, con empresas y bancos públicos potentes, una tendencia que inauguró el actual gobierno tras la onda privatizadora de la década de los 90 en toda América Latina. Rousseff defiende la actual política externa que favorece las relaciones con el Sur y la presencia de Brasil en los foros internacionales junto a las grandes potencias.

Menos atraído por esa geografía del Sur, su adversario Serra ha anunciado cambios sustantivos en la política externa: se acabarán las buenas relaciones Brasil-Irán, será más crítico con sus vecinos de la izquierda –Hugo Chávez en Venezuela y el gobierno de Evo Morales– y promoverá una reforma del Mercosur, limitándolo a una área de libre comercio.

El éxito social de Lula llevó a Serra a hacer exuberantes promesas: elevar el salario mínimo, aumentar 10% las pensiones y duplicar el número de beneficiarios de planes sociales. Pero como austero gestor que manejó con mano de hierro la gobernación de São Paulo, –el más rico estado brasileño– Serra defiende un serio ajuste en las cuentas públicas, una reducción del tamaño del Estado y más intervención del Banco Central para rebajar las tasas de interés y el valor del supervalorizado real, reclamos del sector productivo.


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