“Si hay interna, Ricardo le gana a

Destinado a reconstruir el radicalismo en la provincia de Buenos Aires, Bazze está convencido de que Alfonsín será el próximo presidente de los argentinos.



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Miguel Bazze, presidente de la UCR bonaerense

carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

–¿Cuántos afiliados tiene la UCR bonaerense?

–Ahora, con el padrón bien depurado, 850.000, un partido que está reconstruyendo poder en lo que fue un bastión esencial para su poder nacional.

–¿Dónde está fuerte el radicalismo bonaerense, que viene de amenazas varias de naufragio?

–En el interior de la provincia. Hay secciones electorales que son nuestras. La quinta, por ejemplo, que es toda la Costa Atlántica, la sexta y cuarta, que pivotean en Bahía Blanca y Nueve de Julio. Donde estamos más complicados es en el Gran Buenos Aires.

–Casi 10 millones de habitantes…

–Que no son para descuidar. ¿Qué nos pasó en el Gran Buenos Aires? En todo ese espacio el radicalismo viene de retroceder electoralmente y en materia de inserción, de trabajo político. Esto acarreó una suerte de resignación en algunos planos de la dirigencia de cara al poder del peronismo, resignación que tuvo que ver con que con Ricardo Alfonsín saliéramos a buscar la conducción del partido.

–¿En qué direcciones?

–Instaló, por ejemplo, una especie de tolerancia del radicalismo en relación a la gestión de municipios peronistas del Gran Buenos Aires. Es decir: como toda crítica emergía como estéril ante el poder del kirchnerismo, se afectó el rol de oposición del partido en municipios incluso sospechados de corrupción. El déficit de este rol llevó a que dejáramos desguarnecidos muchos sectores, especialmente sectores medios, ahí donde el clientelismo kirchnerista tiene terreno apropiado. Ahora volvemos a ser críticos y ser oposición a todo aquello que daña a la política…

–¿Cuáles son aquellas realidades que en su criterio deben reconocerse como esenciales para reconstruir el poder del radicalismo en el Gran Buenos Aires?

–Le doy uno sobre el que estamos trabajando: el Gran Buenos Aires no se siente integrante de una provincia.

–Y la provincia de Buenos Aires no se siente integrante de un país, decía Sarmiento…

–Es un país dentro de otro país; pero sin embargo, el Gran Buenos Aires es el blanco más grande de la inmigración interna, es una suma de capas de las provincias del norte y del litoral fundamentalmente. Es por esta razón que una de las líneas de acción que estamos desplegando es visitar todas las noches –todas, todas– un lugar diferente del conurbano llevando a diputados, senadores del interior… ponerlos frente a chaqueños, formoseños, riojanos o lo que sea para decirles que en ellos también tienen un referente aunque esos inmigrantes estén aquí ahora. Este tipo de tarea nos está oxigenando vínculos, relaciones.

–¿Tiene candidato para la gobernación de Buenos Aires, que es nada menos que el 38% del padrón electoral del país?

–A mí me gusta Margarita Stolbizer.

–¿Si le gusta a usted, le gusta a Ricardo?

–Quizá, no sé.

–¿Ricardo será el candidato del radicalismo para la Rosada?

–Sí, claro.

–¿Y quién será su vice?

–A mí me gusta Winner.

–¿Si le gusta a usted, le gusta a Ricardo?

–Quizá, no sé.

–“A mí, a mí”… “Quizá, no sé”… ¡No me la haga difícil, Bazze!

–¡No se la hago difícil! Hay cosas que todavía no hemos conversado con Ricardo…

–“Un político nunca dice todo lo que piensa”, dice Clemenceau en sus memorias. ¿Es así?

–Quizá…

–¿Qué diferencia encuentra en lo que hace a estilo cotidiano de hacer política entre Alfonsín padre y Alfonsín hijo?

–La que detecto es que Alfonsín padre era un poco más distante; Ricardo es más accesible. Una diferencia que para mí tiene su razón: a Raúl le tocó ser punta de lanza de la transición, un camino duro, complejo; Ricardo está en otra etapa de la política argentina, un tiempo duro pero que a su vez brinda mayores márgenes de maniobra.

–¿Es cierto que la gente le dice: “Sos más querible que tu padre”?

–Sí, es cierto. Despierta no sé… quizá no sea una palabra muy apropiada para la política, pero…

–Si me dice ternura, estoy con usted: no es una palabra feliz en política…

–Bueno, pero le iba a decir ternura. ¡Qué quiere que le diga! Y va ser nuestro candidato y el presidente de los argentinos.

–¿Cobos le aguanta la cinchada a Alfonsín o afloja como le aflojó Fernando de la Rúa a Raúl Alfonsín en el invierno del 83?

–No sé qué hará, sí sé que nosotros seguimos y Ricardo se posiciona firmemente como candidato. Si hay interna, Ricardo le gana.

–¿Cómo se dirimirá el entuerto llegado el caso?

–Sí tiene que haber interna, habrá interna. Es el procedimiento más legítimo que se puede ofrecer… practicar. De lo que sí estoy convencido, porque incluso lo veo cotidianamente en el ejercicio de la política, es de que Ricardo representa en el radicalismo un espacio mucho más amplio que el domina Cobos y que ese espacio crece y crece día a día.

–¿Dolió?

–¿Dolió? ¡Y cuánto dolió! No lo de Cobos puntualmente. Dolió que muchos radicales tomaran ese camino. Dolió que los hechos fueran usados para intentar vaciar al radicalismo. Y dolió que se fueran en favor de un sistema autoritario, excluyente en el ejercicio del poder, porque eso es el kirchnerismo. Claro que dolió. Los que nos quedamos en el radicalismo sabemos muy bien cuánto dolió… En muchos casos eran correligionarios de años de militancia en común, de militancia bajo riesgos… y de golpe se iban.

–A las lentejuelas y las luces de neón, dijo Halperín Donghi…

–Sí, algo de eso. Cómo no iba a doler si hay radicales, veteranos ya, a los que todavía les duele la división Balbín-Frondizi de hace medio siglo y que, en todo caso, fue una fractura fundada en neto corte ideológico: hizo a dos visiones de la política, dos proyectos diferentes…

–Usted habló de dos equívocos de Cobos: uno, irse. ¿El otro?

–Meterse en la interna radical de la provincia de Buenos Aires. Cobos interpretó que la interna era para posicionar a Ricardo Alfonsín. Se le dijo que no, que ir a interna contra Moreau-Storani era la consecuencia de un reclamo que llegaba desde el radicalismo bonaerense: rescatarlo, cambiar formas de ejercer el poder, desburocratizarlo, sacarlo de rosca y más rosca, escuchar a la familia radical, ponerlo de nuevo en sintonía de partido opositor y no de opositor según las circunstancias… Se le dijo que era la puesta en marcha de un proceso de renovación. Ricardo Alfonsín y yo se lo dijimos en persona, en su despacho de vicepresidente, incluso le hicimos una oferta.

–¿Qué oferta?

–Que se nos sumara, que si él creía que la interna era para posicionar a Ricardo se nos sumara, y que sabíamos que íbamos a ganar, también ganaría él. “Acompañanos”, le dijimos. Era lo máximo que le podíamos ofrecer. No aceptó y bueno… la historia fue por donde fue. Recuerdo que Ricardo me dijo: “Ya está, sigamos jugando fuerte. Que Julio haga lo que quiera”. En realidad, Cobos sacó cuentas mezquinas: creyó que nosotros perdíamos la interna y, como correlato, por desgaste se apagaba la figura de Ricardo Alfonsín. Pero no hubo apagón. Y Cobos quedó agarrado a lo que había que cambiar en el partido, a viejas estructuras, estilos, mañas para manejarlo.

–Todo lo que ya denunciaba Lisandro de La Torre en 1896, cuando el partido era un pibe de seis años…

–¡Lisandro!… Pero con agravante: en la interna, todo el cobismo bonaerense respaldó aquellas estructuras, estilos y mañas que habían sido argumento para que se fueran del radicalismo.


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