«Si la idea prospera, veremos a niños encarcelados por golpear a otros en el pelotero»

A través de estas líneas quiero expresar mi más absoluta adhesión y mi coincidencia con las recientes declaraciones de la jueza Argibay Molina en relación con el desafortunado proyecto de declarar imputables de delitos comunes a los menores desde los catorce años. Si esta nefasta idea prospera, oportunamente veremos -tal como ella opina- a niños encarcelados por golpear a otros en el pelotero o por tirarse de los pelos en la salita celeste de algún jardín de infantes.

En este marco, a los chicos de catorce seguirán los de doce y así sucesivamente.

Aunque nos hagamos los distraídos, todos sabemos perfectamente que no existirá una salida al problema de la delincuencia que no pase por suprimir definitivamente la miseria, con su secuela de robos, asaltos y muertes que tanto nos preocupan a todos. Y esto es así porque el padecer la desgracia de haber nacido en este mundo entre cuatro latas curtidas por la miseria y la falta de trabajo, las violaciones, el hambre y la desesperación, coronados por la cocaína (cuando pueden hacerse de ella) o por el paco (mucho más barato) que licúa los cerebros -entre otras incontables calamidades- no ofrece al joven, enfermo y condenado desde su atroz llegada a la existencia, otra opción que no sea la de lanzarse a desafiar la muerte bajo las balas policiales.

Un pibe de la villa, privado de toda contención y librado a su suerte, de familia destrozada, se suicida matando a otros y su vida, sin embargo y aunque muchos no lo crean, no es -en tanto ser humano- menos valiosa que la del ingeniero al que eliminó o la del otro, cualquiera sea, que lo balea a él.

La indiferencia criminal por la suerte de los marginados también se llama «inseguridad». Se trata de una bala tan asesina como la otra y retornará como un bumerán contra quien, teniendo los medios a su alcance, no haga nada para transformarla.

Me parece que si no entendemos esto yendo al fondo del sufrimiento humano, jamás habrá seguridad, penas de muerte o leyes que detengan la violencia, la que, por otra parte, cada día es y será más incontenible.

Cada niño en la cárcel, cada ladrón asesinado, se multiplicarán por otros, renovados y más enloquecidos y arriesgados, en tanto se instale en la sociedad, naturalizándose, la sensación de justicia por mano propia en una espiral de pesadilla delirante y creciente.

La solución existe, sin duda, y urge ponerla en marcha: se llama «redistribución de la riqueza entre todos los sectores de la población».

Los pudientes, ricos, millonarios, gente acomodada y todos aquellos a quienes jamás les importó un comino de la vida, la muerte o las desgracias de los pobres (sean éstos trabajadores o no, violentos o no, se droguen o no) deberán comprender que sólo podrán vivir tranquilos cuando acepten desprenderse de una porción de la riqueza de que gozan en aras del bien común, que es también decir el de su propia subsistencia.

Las en su momento frustradas retenciones móviles a los dueños del capital y ahora la recuperación de los cuantiosos fondos arrancados a la rapacidad de las AFJP tienen que ver con un proyecto que busca incluir a los humildes definitivamente.

El tan mentado (y real) problema de la inseguridad se empieza a resolver desde su raíz social con justicia, coraje y tiempo, más la decisión de enfrentarse hasta el fin con el enemigo vendepatria a quien nada le preocupa más allá de su bolsillo y que hace (y hará) lo imposible por boicotear toda medida a favor de los humildes.

Son los de siempre, de ayer y de hoy, aquellos a los que tan nítidamente caracterizó Manuel Belgrano en 1810 cuando, desolado por la especulación miserable de los proveedores del nuevo Estado revolucionario y con palabras exactas, dijo textual y amargamente: «La única patria del comerciante es el dinero».

Alejandro Flynn, DNI 12.566.136 – Neuquén


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Ver Planes ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora