Si una noche...

PALIMPSESTOS
“...de invierno un viajero”. No fue una noche de invierno, ni era viajero; fue una tarde calurosa de noviembre y era estudiante. El lugar, la calle Amigorena, a metros de la avenida principal de la ciudad de Mendoza. Buscaba yo un texto para una materia. El libro era caro y mis deseos muchos y mi plata escasa. Vi la novela de Ítalo Calvino en una mesa pequeña como el libro. Tapas color (los matices de los colores son un verdadero intríngulis para mí) digamos que crema, la ilustración de una botella transparente que deja ver una casa con árboles y unas colinas al fondo. Me atrajo el título. Me sonó a magia, y a imposibilidad cuando el librero amigo me dijo el precio.
Merodeé como un experto cazador en torno a las estanterías y, mientras llegaban otros clientes, una idea le fue lentamente torciendo el cuello a mi voluntad: robar el libro. No lo pensé demasiado, pero una agitación, cierta transpiración en las manos, y unos desplazamientos torpes eran fácilmente delatables de mi propósito. Así y todo me arriesgué y en un momento de descuido metí aceleradamente el libro entre mis cuadernos, al par que hojeaba con interés fingido una revista sobre ciencia ficción en el sector de las ofertas. Para disimular, pagué la revista y caminé hacia la puerta. “¡Pibe!”, gritó el librero, y mis piernas se aflojaron. Giré lleno de vergüenza y dispuesto a disculparme, “Tomá, un señalador de la casa”. Algo parecido al remordimiento me atravesó el cuerpo.
Han pasado muchos años, y mientras escribo observo “Si una noche de invierno un viajero” de la vieja editorial Bruguera. Tiene el ilustre antecedente de ser el primer libro que robé. Después siguieron otros. Seguramente vos recordarás también tus inicios en el arte de hurtar libros. Pero yo quería hablar de otra cosa hoy. Te quería contar que esta novela es otro ejemplo de final abierto, de final que nunca termina, de novela dentro de la novela, de lectores dentro de otros lectores. Leé cómo termina: “Ludmilla dice:-- ¿No estás cansado de leer? .. Y tú:- Un momentito. Estoy a punto de acabar ‘ Si una noche de invierno un viajero’, de Ítalo Calvino”

“...de invierno un viajero”. No fue una noche de invierno, ni era viajero; fue una tarde calurosa de noviembre y era estudiante. El lugar, la calle Amigorena, a metros de la avenida principal de la ciudad de Mendoza. Buscaba yo un texto para una materia. El libro era caro y mis deseos muchos y mi plata escasa. Vi la novela de Ítalo Calvino en una mesa pequeña como el libro. Tapas color (los matices de los colores son un verdadero intríngulis para mí) digamos que crema, la ilustración de una botella transparente que deja ver una casa con árboles y unas colinas al fondo. Me atrajo el título. Me sonó a magia, y a imposibilidad cuando el librero amigo me dijo el precio.

Merodeé como un experto cazador en torno a las estanterías y, mientras llegaban otros clientes, una idea le fue lentamente torciendo el cuello a mi voluntad: robar el libro. No lo pensé demasiado, pero una agitación, cierta transpiración en las manos, y unos desplazamientos torpes eran fácilmente delatables de mi propósito. Así y todo me arriesgué y en un momento de descuido metí aceleradamente el libro entre mis cuadernos, al par que hojeaba con interés fingido una revista sobre ciencia ficción en el sector de las ofertas. Para disimular, pagué la revista y caminé hacia la puerta. “¡Pibe!”, gritó el librero, y mis piernas se aflojaron. Giré lleno de vergüenza y dispuesto a disculparme, “Tomá, un señalador de la casa”. Algo parecido al remordimiento me atravesó el cuerpo.

Han pasado muchos años, y mientras escribo observo “Si una noche de invierno un viajero” de la vieja editorial Bruguera. Tiene el ilustre antecedente de ser el primer libro que robé. Después siguieron otros. Seguramente vos recordarás también tus inicios en el arte de hurtar libros. Pero yo quería hablar de otra cosa hoy. Te quería contar que esta novela es otro ejemplo de final abierto, de final que nunca termina, de novela dentro de la novela, de lectores dentro de otros lectores. Leé cómo termina: “Ludmilla dice:-- ¿No estás cansado de leer? .. Y tú:- Un momentito. Estoy a punto de acabar ‘ Si una noche de invierno un viajero’, de Ítalo Calvino”

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