Siempre verde





Las luces se encendieron y maravillaron a todos. El césped lució más verde, los bancos y mesas se mostraron impecables y se empezaron a descubrir en cada rincón los nuevos atractivos: las canchas de tejo para las personas de la tercera edad, la pista de patín recreativo, los juegos para los chicos, las flores y las nuevas variedades arbustivas.

Acostumbrados a la oscuridad, a los años de abandono, a los manchones de tierra que deslucían el poco césped que quedaba, no hubo quien dejara de alabar los cambios realizados en el histórico Parque Rosauer.

El acto realizado el viernes hizo recordar el momento cuando se inauguró la remodelación de la plaza San Martín, otro espacio verde tradicional de Cipolletti.

El diseño más atractivo, las comodidades que brindan los bancos, el escenario que reúne a los artistas locales y sobre todo la mayor seguridad que otorga la potente iluminación hicieron que este pulmón verde se convirtiera desde hace un año en un lugar habitual de recreación para las familias. A toda hora hay gente. Y esto lo destacan con beneplácito los comerciantes de los alrededores. «La plaza le dio más vida al centro y mayor movimiento a los comercios», aseguran.

La plaza San Martín y el parque Rosauer lucen distinto. Son realmente espacios verdes para disfrutar. Y se suman a los metros y metros cuadrados de plazas que se inauguraron en los últimos años. El Paseo de la Familia, el extenso Parque Norte, la plazoleta que acompaña a quienes ingresan por el acceso Pacheco, el derivador del Centenario y muchas pequeñas placitas que se fueron armando en los barrios y que le permiten a los chicos contar con un predio cercano para poder jugar, a los abuelos para tomar fresco y conversar, y a familias enteras para compartir un buen momento.

Fueron inversiones que empezaron en gestiones anteriores, que tuvieron su apogeo en el gobierno de Julio Arriaga y que continuaron en este primer tramo de Alberto Weretilneck al frente del municipio.

Cipolletti sumó muchos espacios verdes, aunque quedan lugares todavía para remozar. Uno de ellos es el amplio predio del ferrocarril entre calle Toschi y Circunvalación, que se plaga de yuyos cada tanto. Afea uno de los accesos importantes a la ciudad, por ruta 65. Otro, también está junto a las vías: es la cara opuesta del Parque del Ferrocarril, por calle Tres Arroyos.

Hay quejas además por algunas plazas que están y que tendrían que lucir mejor; más cuidadas, con más plantas o con juegos infantiles.

Pero en esto no sólo hay que apuntar hacia arriba, a quien debe invertir. También hay que mirar hacia los costados y ver qué se hace en el mismo vecindario para mantener estos espacios. Porque no es la plaza más cuidada la que está en permanente arreglo, sino la que menos se estropea. No es la más limpia la que más se limpia, sino la que menos se ensucia.

Falta también aprender a valorar lo que está. ¿Cuántas veces a la salida de los colegios secundarios se vio a los adolescentes en los jueguitos infantiles de la plaza principal? El placero decía que estaba cansado de pedirles que no los usaran, que les explicaba que fueron hechos para los niños pequeños. Pero se quedaban igual. Y nadie los obligaba a salir de allí.

Seguramente el Parque Rosauer duplicará su concurrencia a partir de ahora. Mantenerlo en condiciones no dependerá sólo de la inversión. Sino del cuidado de todos.

 

Elizabeth Hoische

betty@rionegro.com.ar


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