Significados
Retomo mis caminatas por el Parque Norte. Disfruto dejar las neuronas libres; que jueguen, que registren pensamientos locos, que me inunden del olor de los pinos, del contacto con la tierra y las piedras y choquen –y reboten rápido– ante las obras de la ingeniería humana: antenas. Muchas antenas, y estaciones eléctricas, y mientras este pedazo de Universo en el que transito, del cual soy parte, es acogedor, estos monstruos están orlados de carteles donde reina la palabra NO. No toque, no tire, no se quede debajo, no…. Hay otras obras humanas, si bien todo este lugar fue modificado. Cuando ya doy la vuelta para irme, aparecen obras, diría, simbólicas. Una es el Cristo en la cruz. Este hombre clavado me produce un profundo rechazo. Toda mi vida infantil y adolescente estuvo signada por la educación católica, y todavía lucho contra el terrible mensaje que busca hacernos sentir mal ante la menor cuota de placer. Mis neuronas flashean: cruz-semana santa-feriados-24 de marzo-dictadura-Marita, desaparecida-mi cárcel-imágenes tapadas de violeta-procesiones-arrepiéntete, éste es Hijo de Dios que murió por nosotros. Una danza del cerebro, del corazón, relampagueante, mezclando sin ton ni son, y a su modo, con su propia lógica. Detesto el sistema religioso que me birló el contenido positivo de los Evangelios, que a pesar de ser fruto de un supercolador agitado por el emperador Constantino, emana otro tipo, un tipo que va de frente, que tiene sentido del humor, al que acompaña una mujer, María Magdalena y que es su discípula, al igual que su madre, la sabia, formidable María. Y el flasheo loco empieza a lentificarse, toma por un recodo nuevo. Cruz –método de tortura y muerte del los romanos– ejemplo de lo que pasa si te rebelás, ¡pero claro! El asunto es el poder, como siempre. Había cientos de “profetas” y “visionarios” y autotitulados “Mesías” y no pasaba nada. Con Cristo pasa la cosa más importante: no es él quien se llama Rey, Mesías, Enviado: es gran parte del pueblo judío. Los sumos sacerdotes y Roma detectaron rápido este fenómeno, que ponía en jaque su autoridad terrena y religiosa, este hombre que se arrogaba el perdón de los pecados, que curaba, que iba a la casa de prostitutas y recaudadores de impuestos… y al que habían coronado Rey. Flasheo otra vez: el entregador, uno de confianza; episodios de mi vida militante, el castigo cuando te convertías en peligrosa; cuaresma cerca, machaqueo, machaqueo, muerte, estaciones, cruz, mujeres quemadas, el otro significado: culpa, culpa, arrepintámonos, este mundo reniega de Dios. En todas las iglesias, en todos los colegios religiosos… A veces voy a misa. Tiene que ver con aniversarios, no con los ritos. Conservo una forma de religión, algo mezclado con lo cósmico, que es lo que me hace ser, frente al mar, en nuestros bosques, parte de una espiral, una danza mayor, infinita y buena. Religión provendría de “re –ligare”, volver a unir lo que estaba desunido: la humanidad y la naturaleza. Ya me dan ganas de interrumpir la misa cuando empiece ese discurso nefasto, y gritarle mentiroso, ese Crucificado tiene una dignidad y una fuerza terrible, hermosa, por eso el poder lo puso donde ponían a los rebeldes, los fuera del sistema, los subversivos. Basta de llanto culpable, riámonos a carcajadas, por ese hombre y por tantos hombres y mujeres que se erigen en bastiones de sus convicciones, que despiertan mística, que enfrentan sus propias cárceles cotidianas… Quizás esto, y no otra cosa, sea el significado de la resurrección: la vuelta en otra forma, haciéndole un gambito al olvido, a la indiferencia, a la cobardía.
MARÍA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
EN CLAVE DE Y
Retomo mis caminatas por el Parque Norte. Disfruto dejar las neuronas libres; que jueguen, que registren pensamientos locos, que me inunden del olor de los pinos, del contacto con la tierra y las piedras y choquen –y reboten rápido– ante las obras de la ingeniería humana: antenas. Muchas antenas, y estaciones eléctricas, y mientras este pedazo de Universo en el que transito, del cual soy parte, es acogedor, estos monstruos están orlados de carteles donde reina la palabra NO. No toque, no tire, no se quede debajo, no…. Hay otras obras humanas, si bien todo este lugar fue modificado. Cuando ya doy la vuelta para irme, aparecen obras, diría, simbólicas. Una es el Cristo en la cruz. Este hombre clavado me produce un profundo rechazo. Toda mi vida infantil y adolescente estuvo signada por la educación católica, y todavía lucho contra el terrible mensaje que busca hacernos sentir mal ante la menor cuota de placer. Mis neuronas flashean: cruz-semana santa-feriados-24 de marzo-dictadura-Marita, desaparecida-mi cárcel-imágenes tapadas de violeta-procesiones-arrepiéntete, éste es Hijo de Dios que murió por nosotros. Una danza del cerebro, del corazón, relampagueante, mezclando sin ton ni son, y a su modo, con su propia lógica. Detesto el sistema religioso que me birló el contenido positivo de los Evangelios, que a pesar de ser fruto de un supercolador agitado por el emperador Constantino, emana otro tipo, un tipo que va de frente, que tiene sentido del humor, al que acompaña una mujer, María Magdalena y que es su discípula, al igual que su madre, la sabia, formidable María. Y el flasheo loco empieza a lentificarse, toma por un recodo nuevo. Cruz –método de tortura y muerte del los romanos– ejemplo de lo que pasa si te rebelás, ¡pero claro! El asunto es el poder, como siempre. Había cientos de “profetas” y “visionarios” y autotitulados “Mesías” y no pasaba nada. Con Cristo pasa la cosa más importante: no es él quien se llama Rey, Mesías, Enviado: es gran parte del pueblo judío. Los sumos sacerdotes y Roma detectaron rápido este fenómeno, que ponía en jaque su autoridad terrena y religiosa, este hombre que se arrogaba el perdón de los pecados, que curaba, que iba a la casa de prostitutas y recaudadores de impuestos… y al que habían coronado Rey. Flasheo otra vez: el entregador, uno de confianza; episodios de mi vida militante, el castigo cuando te convertías en peligrosa; cuaresma cerca, machaqueo, machaqueo, muerte, estaciones, cruz, mujeres quemadas, el otro significado: culpa, culpa, arrepintámonos, este mundo reniega de Dios. En todas las iglesias, en todos los colegios religiosos… A veces voy a misa. Tiene que ver con aniversarios, no con los ritos. Conservo una forma de religión, algo mezclado con lo cósmico, que es lo que me hace ser, frente al mar, en nuestros bosques, parte de una espiral, una danza mayor, infinita y buena. Religión provendría de “re –ligare”, volver a unir lo que estaba desunido: la humanidad y la naturaleza. Ya me dan ganas de interrumpir la misa cuando empiece ese discurso nefasto, y gritarle mentiroso, ese Crucificado tiene una dignidad y una fuerza terrible, hermosa, por eso el poder lo puso donde ponían a los rebeldes, los fuera del sistema, los subversivos. Basta de llanto culpable, riámonos a carcajadas, por ese hombre y por tantos hombres y mujeres que se erigen en bastiones de sus convicciones, que despiertan mística, que enfrentan sus propias cárceles cotidianas… Quizás esto, y no otra cosa, sea el significado de la resurrección: la vuelta en otra forma, haciéndole un gambito al olvido, a la indiferencia, a la cobardía.
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