Silvana Calicchia, entre clásica y moderna

A los cuatro años la roquense ya bailaba danzas clásicas. Un reemplazo en "Locas Margaritas" cambió su carrera.

ROCA (AR).- Bailar, mover el cuerpo, actuarlo,es algo tan primario y natural como caminar. Al menos para Silvana Calicchia, que con apenas algunos añitos, hizo ambas cosas a la vez.

Por estas horas transita la dulce espera de su segundo hijo. Pero sigue bailando y estrenando obras. No hay que detenerse a espiar su enorme currículum para darse cuenta que la danza, cualquiera de ellas, es su vida. «Me costó aceptar que era esto lo que quería para mi vida», dice, en un repaso de su carrera.

En esa permanente búsqueda, esta bailarina roquense fue pasando por diferentes momentos y crisis, y cómo no es fácil dejar el primer amor, en estos casos no ceder, tiene un verdadero valor.

Bastó una «simple» técnica que rebalsó el vaso para replantearse toda su vida, siempre con la tranquilidad de la intuición, como conociendo el camino pero sin conocerlo. Experimentó y tuvo maestros de vida inolvidables, hasta que un día escuchó una frase que todavía recuerda: «¿Quién dijo que la danza es perfecta?». «Escuchar eso me sacó un gran peso de encima», dice. Entendió que uno podía elegir la manera de transitar la vida.

«Después me encontré con cierta bibliografía que me acompañó y a partir de ahí empecé a tener otra visión sobre las cosas. Tal vez sea ésta una de las razones por las que me dediqué a la danza contemporánea, me sentía más identificada en el proceso y el resultado», cuenta Silvana.

La seducción de una danza puede ser una experiencia placentera y a la vez fuerte. Aunque se entienda poco lo que se está viendo, a veces tampoco hay que entender demasiado, mejor disfrutarlo.

Fue aquí cuando ella experimentó un descubrimiento. «Mi profesora de danza contemporánea, Mariana Sirote, me propuso hacer un reemplazo en «Gestos y Caprichos», una coreografía propia. Hasta el momento yo no tenía mucha afinidad con la técnica. Pero esa primera coreografía marcó mi inicio en la danza contemporánea. El trabajo interpretativo era fuerte y el desafío, bastante importante como para atraparme. De a poco me fui metiendo, pero sin dejar de tomar clases de clásico. Cuando terminé de rendir la última materia como Profesora de Danza Clásica y Contemporánea, Sirote me convocó para formar parte de su compañía «Locas Margaritas». Mi primer papel fue como asistente, trabajando en la limpieza de movimientos y el trabajo de montaje de una obra. Al poco tiempo reemplacé a una compañera y ya no me bajé del escenario. La experiencia fue altamente positiva, y me di cuenta qué era lo que quería para el resto de mi vida. Integré la compañía hasta el 2003. Fueron diez años de intensa labor, estrenábamos una obra por año, y participamos de varios festivales nacionales e internacionales», dice.

Silvana tuvo varios momentos determinantes en su carrera. Uno de ellos fue cuando ganó el Primer Premio en un Festival de Rosario con la coreografía «La Transparencia del Cristal».

«Fue un momento crucial en mi vida, tenía que viajar sola porque el resto del grupo estaba participando del American Dance Festival, donde habíamos presentado una obra en grupo. Tomé la decisión y viajé sola con mi silla (elemento con el que bailaba). Llegué sobre la hora de presentación porque se atrasó el vuelo, y no pude probar ni luces, ni escenario. Esa noche seleccionaron la obra para la final del Festival. Dos días después, tuve que volver a bailar y la coreografía se llevó el Primer Premio con muy buenas críticas del jurado internacional», recuerda.

La danza es como cualquier otra disciplina, mientras su técnica progresa a la par del mundo, la mirada del artista aportará el resto, su evolución personal.

Y en el caso de Silvana, es el paso del clásico al contemporáneo lo que marcó su evolución. «El clásico responde a una manera de afrontar la vida, a un momento donde no había espacio para la reflexión y en principio sólo se buscaba tener condiciones físicas. Lo que me aportó el clásico fue mucha disciplina y una base sólida que me permitió después indagar en otras formas de movimiento. La técnica busca limpieza, corrección y exactitud en la ejecución, adecuando una «forma» estética universal. Por este motivo, el cuerpo muchas veces se lesiona. Esta es una de las razones por las cuales los bailarines se retiran tan jóvenes del escenario. En la danza contemporánea, se apunta más a la sensación. Esto ayuda a relajar, y sentir, y conocer cómo funciona el cuerpo para poder luego aprovechar al máximo sus posibilidades. Hay una reeducación del cuerpo para después entrenarlo. La técnica en general se usa como entrenamiento para lograr dominio, equilibrio y fluidez en el movimiento, además del manejo espacial. Me permitió ablandar el cuerpo, trabajarlo con más conciencia y sentirme más segura en el movimiento. Empecé a sentirme más libre y con menos prejuicio, y me animo a decir que el condicionamiento más fuerte es el mental. No creo que lo más importante sea tener condiciones, pero sí es importante no tener condicionamientos, tener una actitud abierta, y de constante búsqueda y aprendizaje. Para mí, esto es el éxito».


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