“Sin las asignaciones, la pobreza sería todavía más extrema”

Eduardo Donza es Licenciado en Sociología (UBA) y Máster en Generación y Análisis de Información Estadística (UNTF) y forma parte del equipo de investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.



La difusión de los crudos datos sobre pobreza e indigencia esta semana, dejó al desnudo la fragilidad de la economía nacional. Eduardo Donza es uno de los especialistas que forma parte del equipo de investigadores del Observatorio de la Deuda Social Argentina en la Universidad Católica Argentina. En diálogo con Pulso, el especialista brindó su perspectiva respecto a la crítica situación de los sectores más vulnerables de la sociedad.

PREGUNTA: ¿Cuál es el rasgo principal que observa en relación a la pobreza argentina?
RESPUESTA: Uno de los principales problemas, es que presenta la pobreza en Argentina, es que se mantiene en niveles muy elevados de forma persistente en el tiempo. No se trata solo de que la familia, o uno de los integrantes del hogar, haya perdido ocasionalmente los ingresos o se vea imposibilitado de generarlos durante determinado periodo, para luego recuperarlos. Por el contrario, la persistencia de la pobreza, hace que vayan quedando diferentes secuelas. Es por tal motivo que creemos necesario considerar diferentes dimensiones de la vida humana en cuanto a las carencias, como el tipo de vivienda, el acceso a los servicios básicos como el agua, o la cobertura de seguridad social. Son indicadores que hablan de derechos de la población, y permiten determinar si los mismos están vulnerados o no.

P: Con tales dimensiones ¿cuál es el panorama en relación a la pobreza?
R: La noticia hoy es que en el relevamiento que realizamos desde la UCA, que es una combinación entre la medición por ingresos y la medición multidimensional, se registra un incremento en el número de pobres.

P: ¿A qué atribuye ese incremento en la coyuntura?
R: Bueno, claramente hay dos hechos que son determinantes. La primera es la devaluación registrada en 2018, que hizo aumentar los precios, y sobre todo el precio de los alimentos. Y en segunda instancia, ese mismo sacudón en la economía, generó una fuerte recesión, una desaceleración de la producción, pérdida de puestos de trabajo, y mayor precarización laboral. Hay como un escenario de pinzas en que a la familia le aumenta el precio de los alimentos y los costos en general, y a la vez se le reducen los ingresos. Es un patrón muy difícil de romper, porque las devaluaciones fuertes vienen sucediendo cada dos años. En todo caso podemos discutir ‘por qué’ suceden, pero tuvimos devaluación en 2014, 2016 y con fuerza en 2018.

P: ¿Existe un piso de pobreza estructural?
R: Hay un nivel de pobreza que en Argentina nunca hemos logrado perforar. Si analizamos un ciclo más largo, observamos que a la salida de las políticas neoliberales, había un 52% de las personas en situación de pobreza. Eso mejora en forma muy importante hasta los años 2008-2009, y luego se estabiliza en valores cercanos al 28%-30%.

En Argentina no tenemos ‘nuevos problemas’. Tenemos los problemas de siempre. Los que nunca pudimos resolver.

P: ¿La crisis pone por delante la posibilidad de que la pobreza siga creciendo?
R: Este tipo de situaciones son muy delicadas, porque son pocos los sectores que ganan. Los sectores medios salen más débiles, y entre los más vulnerables se consolida en el tiempo una situación de marginalidad y exclusión, que los ubica en la periferia de un sistema al cual cada vez se les hace más difícil acceder.

P: ¿Sirven los planes sociales?
R: Las asignaciones monetarias sirven para solucionar en parte la pobreza por ingresos. Pero aún así, los hogares siguen sin tener cloacas, o con una vivienda que no es digna, con hacinamiento, con niños que están atrasados en sus años de escolarización o que abandonan la escuela. Ese núcleo estructural, es el que intenta reflejar la medición multidimensional.

P: Si hoy no existiera la Asignación Universal por Hijo ¿tal vez la pobreza sería aun más alta?
R: Si, sería más alta. El problema sería todavía más grave, porque sin ese ingreso mínimo, lo que sería más alto sería la indigencia. Es decir la gente a la que ni siquiera le alcanza para comer.

P: ¿Cuál es la herramienta clave para salir de la pobreza?
R: Claramente es el mercado de trabajo el que tiene que generar los recursos. Allí tenemos un problema respecto al empleo precario o sub empleo, asociado en general a actividades mal retribuidas, y que a diferencia del sector formal no tienen a sus trabajadores en sistema de protección social. Y a ello se suma un enorme sector informal de la economía, donde se incluyen los cuentapropistas, pequeños emprendimientos no registrados, e incluso mano de obra calificada, como puede ser un técnico de televisores o heladeras. El gran problema es que a fines de los 90, a ese sector informal se sumó un sector que debe generar su propio trabajo, como los recicladores o los cartoneros. Son sectores con niveles de ingresos muy deprimidos.

P: ¿Por qué no se pudo avanzar rumbo a la ‘pobreza cero’?
R: En Argentina no tenemos ‘nuevos problemas’. Tenemos los problemas de siempre. Los que nunca pudimos resolver. El ‘stop and go’ de una economía que arranca, pero que cuando empieza a crecer necesita más divisas para poder funcionar, lo que termina generando una restricción o cuello de botella que la detiene. Creo que en este sentido hubo un mal diagnóstico. Se creyó que se podían solucionar fácilmente problemas muy serios que la economía argentina arrastra desde hace muchas décadas. Y lo que no se pudo, fue dinamizar la estructura productiva. Se pensó que no era necesario reducir rápidamente el déficit, que era elevado, y que el crecimiento del producto bruto iba a permitir cerrar esa brecha. Eso no funcionó.

  • • Eduardo Donza es Licenciado en Sociología (UBA) y Máster en Generación y Análisis de Información Estadística (UNTF).<br>• Fue Asesor Técnico del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación desde mayo de 1997 hasta junio de 2004.<br>• Trabajó como consultor para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y para UNICEF.<br>• Desde el año 2009, trabaja como investigador en el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina.

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