Sin miedo al miedo

La causa por las coimas en el Senado podría dar un vuelco si Fraga se decide a hablar.



No es fácil desligarse del pasado. Mucho menos cuando conductas que están enraizadas en el modo de ser argentino resisten su extirpación. La comunidad en general, más allá del lento trámite judicial, da por cierto que hubo coimas en el Senado en el 2000. Señal de tal aserto es el inminente nuevo tratamiento parlamentario de un proyecto laboral que está terminando de elaborar el Ejecutivo para liquidar las normas vigentes compradas con “la Banelco”, según la popular expresión atribuida al ex ministro de Trabajo frepasista Alberto Flamarique.

La profundización de los mecanismos de revisión fueron abiertos por el arrepentido ex secretario legislativo Mario Pontaquarto, quien hizo avanzar en forma espectacular la investigación hasta que Martín Fraga, el ex secretario del ex senador Remo Costanzo , desmintió ante el juez Rodolfo Canicoba Corral, tener algo que ver con los supuestos sobornos.

Dado de baja en un procedimiento “ómnibus” – el vicepresidente Daniel Scioli se negó a dar información a “Río Negro” cuando fue consultado a pesar de que su firma estampa el decreto de cesación de tareas para 8 personas, con fecha diciembre de 2003 -, el treintañero reflexiona sobre el sino oprobioso que se abatió sobre su familia, mientras que algún imputado principal – él insiste en mencionar a Ricardo Branda – “sigue tranquilo como director del Banco Central con un sueldo de entre 15 mil y 20 mil pesos”.

Como en otros temas de la vida nacional, no hay inocentes. Fraga no lo es. En diciembre se encerró en un mutismo rayano con la complicidad y ahora, ya sin el registro automotor de Pilar que estaba a nombre de su padre y sin estabilidad en prensa del bloque senatorial del Justicialismo, desliza la posibilidad de “hablar”, decepcionado en principio con los dirigentes peronistas rionegrinos a los que prestó servicios durante 12 años. “Se esconden”, repite e incluso se pregunta con recelo por qué Costanzo, con el que sigue manteniendo una fluida relación telefónica, “no sale a abonar las cosas que estoy diciendo para que no me incineren”.

El presidente Néstor Kirchner hubiese preferido cambios más radicales en el Congreso. Sus funcionarios señalan que en la Rosada, dada la situación de emergencia planteada por el default y la dura tenida con los bonistas extranjeros, especialmente italianos, japoneses e ingleses, no hubo vacaciones. Y que, en cambio, diputados y senadores se tomaron un receso de casi dos meses, en tanto que la reforma administrativa de Scioli (un apadrinado de Eduardo Duhalde, machacan) para achicar gastos “no va a fondo”.

“Kirchner no está conforme, pero es respetuoso de la división de poderes. Cada uno debe hacerse responsable de la imagen que brinda a la sociedad”, expone un “pingüino” de origen santacruceño, que admite que “la causa nacional” que se levanta desde la Patagonia implica no descuidar la acumulación de poder. En tal sentido, exhibió las buenas mediciones que recoge Cristina Fernández de Kirchner en la capital federal y en la provincia de Buenos Aires y aportó un dato novedoso: el ministro de Planificación y Obras Públicas, Julio De Vido, se apronta para presentarse como candidato a diputado nacional por el distrito porteño en 2005.

El senador Miguel Pichetto, quien tampoco se tomó descanso, se interroga por qué Fraga hace su incursión mediática en este momento y defiende la medida administrativa de Scioli, al tiempo que sostiene que lo que corresponde es que aquel haga sus manifestaciones en sede tribunalicia.

Fraga, por su parte – con el déficit a cuesta de no sumergirse en el fondo del pantano -, está resentido por las “gentilezas de mi gran amigo Pichetto, y las de (Carlos) Soria, (Juan Carlos) del Bello y (Osvaldo) Nemirovsci”, mientras busca por todos los rincones de La Rioja a Jorge Yoma, el único sobreviviente de su precaria designación en prensa del oficialismo.

“Como el pan está caliente, todos me niegan y no les importa que la cadena se corte por el eslabón más delgado. Pero como yo digo la verdad, no aceptaré que nadie se rasgue sus vestiduras”, desafía y como “trabajador de la política” pone distancia del “negociador” Pontaquarto.

Las desventuras de Fraga conducen a otra cuestión esencial: ¿la composición del Senado presente hace olvidar al menemista? ¿Acaso no volvió el catamarqueño Ramón Saadi y no tuvo lugar la defensa corporativa de Luis Barrionuevo?

El escándalo interno por los sobornos, los acomodos políticos y el clientelismo, quedan en un segundo plano cuando se observa la farragosa negociación externa del ministro Roberto Lavagna con los acreedores privados y la presión internacional para que el país vuelva a la normalidad.

Se está entrando en un campo lleno de espinas. Kirchner ha sentenciado que no pondrá en riesgo el crecimiento y el desarrollo productivo y que se mantendrá firme en pagar solo el 25 por ciento de la deuda. El jueves, un tribunal norteamericano inhibió bienes de la Fuerza Aérea y de la Armada, y en el gobierno se aceptó que se vienen tiempos duros. Una versión salida de la pingüinera indicó que afuera están impulsando, incluso, la incautación de la fragata “Libertad”.

El Grupo de los 7 demanda “buena fe” a K. El lunes Lavagna rendirá cuentas ante Horst Köhler, titular del FMI, pero también exigirá que se apruebe en marzo la revisión del acuerdo, ya que la Argentina cumplió con creces con las metas pautadas con el organismo y está preparando el terreno para los cambios estructurales.

Kirchner está dispuesto a enfrentarse con “los que fueron al casino y apostaron al riesgo”, ya que en su criterio “no es lógico que las espaldas de los argentinos tengan que pagar tasas de interés irresponsables”.

En el ínterin, no le escapa a las jugadas de riesgo doméstico. Desplazará como jefe de los fiscales de la Corte a Nicolás Becerra y propondrá para reemplazarlo, de acuerdo con el riguroso sistema de selección de jueces del alto tribunal, al ex ministro camporista Esteban Righi, quien entre otras actividades – y en esto uno no sabe si creer o perecer – fue abogado de Costanzo en la causa por los sobornos.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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