Anecón Grande, un paraje detenido en el tiempo

Está ubicado a 30 km de Clemente Onelli, en la estepa rionegrina.

Hace siete años sufren la sequía y padecen aún las cenizas del Puyehue.

08 jul 2012 - 00:00

Si no fuera por el contraste que ofrece una netbook en medio de la casita de adobe, se podría decir que en Anecón Grande el tiempo no ha pasado. De todas maneras, la presencia de una computadora es accidental, justo este fin de semana el mayor de los Díaz -que recibió una netbook del plan Conectar de Nación-, vino a pasar el fin de semana con su familia: él como algunos otros jóvenes y niños del paraje viven y estudian en las escuelas albergue de la zona.

Anecón Grande se encuentra a unos 30 km de Clemente Onelli, también un humilde caserío donde según el último censo nacional, habitan unas 99 personas.

El camino hasta el paraje es de ripio hostil y en esta época del año sólo se puede acceder con vehículos 4x4 o a caballo por los pozos y el barro. El trayecto es lento, serpenteante, y se va introduciendo por valles adornados de arbustos pequeños y secos. Si es un día sin viento, sorprende el silencio, sin trinar de pájaros o algo que recuerde que no es una fotografía estéril lo que se está viendo. Esa sensación de desamparo se acentúa con la imagen de la casita de adobe en medio del campo abierto.

Como el paisaje, la gente de este lugar es silenciosa, educada y habla sólo lo necesario, nunca demás. Los chicos no gritan ni desobedecen, y cuando hablan los adultos, “no vuela una mosca”, comenta una de las mujeres.

La distancia entre casa y casa es de al menos 1 km. No tienen gas, ni energía eléctrica, ni baño -sólo letrinas afuera de la casa- y la gente toma agua de vertientes naturales que aparecen desafiando la aridez de la estepa. En el paraje viven 14 familias y el promedio de hijos supera los cinco. Cuentan con una escuela rural y un agente sanitario. La mayoría de las casas tienen dos ambientes: uno que oficia de comedor, cocina y sala de estar, y otro de dormitorio.

Desde hace siete años los pobladores vienen sufriendo la sequía. El sustento de las familias es la cría extensiva de ovejas o chivos, algunos animales de granja y pequeñas pensiones o jubilaciones del estado nacional. También, dependen de la leña del Plan Calor, que este año trajo poca y con retraso.

El impacto de las cenizas

Un informe reciente elaborado por investigadores del Conicet, las Universidades de Canterbury (Nueva Zelanda) y Cambridge (Reino Unido), advirtió que la estepa patagónica de la zona de Comallo y Jacobacci es la zona más afectada por las cenizas del volcán Puyehue en términos del salud de la población, por la remoción eólica de la ceniza fina que se encuentra y estará por mucho tiempo. Incluso sugiere monitoreos exhaustivos y permanentes sobre el aire.

En la ganadería, se registran pérdidas de hasta el 60 -y 80% en algunos casos, relata la misma gente- dato que no es menor cuando se trata de la base de una precaria economía de subsistencia. Los pequeños subsidios del estado no alcanzan para sobrevivir y las familias tampoco tienen resto para reinvertir y comprar animales.

Luego de la erupción llegó algo de ayuda para el campo, pero, aseguran, no fue para todos. “Cuando cayó ceniza esa ayuda fue para los que más tenían, los que tenían menos no recibieron nada, hay gente que tenía poquitos animales y se murieron todos”, dice Teresa Parafil, lonco de la comunidad mapuche que habita el paraje. La familia tiene paneles solares y la casita, se podría decir, es una de las mejores acondicionadas.

Teresa cuenta que muchas veces estuvieron mal, pero que no recuerda haber estado en esta situación alguna vez. Relata cómo fueron perdiendo los animales y los ojos se le ponen brillosos.

“La gente está muy triste, hace un año que vienen viendo cómo pierden todo. Los animales eran todo su capital, vivían todo el año de esos animales, se vestían, comían y compraban forraje, tiraban. Hoy no tienen nada”, dice Alfredo Pérez, el sargento primero de la comisaría de Onelli.

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