De Varvarco... para allá

Otra historia desde el corazón del norte neuquino, en manos de Ricardo Kleine Samson.

01 feb 2016 - 00:00

Dedicado a Violeta Acuña y Anahí Riquelme.

Convengamos que Antonie de Saint Exupéry tuvo muchísima fortuna para que su avión se rompiera en un desierto de medio oriente. El clima extremo, la sed y la soledad posibilitan la aparición de curiosos personajes como el principito. En Bariloche pasa lo mismo con los ñomos y los elfos. Caprichosos y pedantes si los hay.

Si le hubiese pasado en la zona del Domuyo, del Tromen o el cajón del rio Atreuco otra suerte hubiese tenido el navegante extraterrestre. Ni este se cruzaría con el piloto, ni sabría el francés de su existencia. Y, entonces, lo esencial seguiría siendo, como ahora, visible a cualquier ojo que haya visitado al norte neuquino con ganas de descubrir verdaderamente lo esencial, que acá, sí, es evidente...

De Varvarco... para allá
Las Charcas - AreaTromen. Foto: Ricardo A. Kleine Samson

Aquí, de Varvarco para allá, como quien dice, no hay viejos rezongones habitando inexistentes planetas. Los zorros son, como su nombre lo indica: zorros y no andan mendigando amistad con nadie. Las florcitas crecen donde y como pueden y son lindas de verdad, no como la caprichosa rosa del príncipe marciano que anda, como la Legrand, mariconeando por el frio o lo que sea...

De Varvarco... para allá
Río Atreuco. Foto: Ricardo A. Kleine Samson

Por estas tierras, Las Ovejas, Manzano Amargo, Huinganco, Varvarco, La Fragua, Colo Michico, Los Bolillos, Atreuco, El Tomen, El Domuyo, Aguas Calientes, Ailinco... la vida es real y no hace falta domesticar a nadie. Apenas hubiese aterrizado el francés con su avión roto, Don Muñoz o cualquiera de ellos lo hubiese ayudado “al toque” como dicen los pendejos, mientras Doña Marcelina, pituca como siempre, se acerca con el mate y tortas fritas... No me imagino a Don Hernandez reclamándole al piloto: “Por favor, píntame un cordero...”

De Varvarco... para allá
Don Castillo - Caepe Malal. Foto: Ricardo A. Kleine Samson

La cordillera de los Andes y la el Viento. Sus ríos, arroyos y recodos. Sus vaporosos pantanos, envidia de Shrek y su burrito. Sus pastos, sus loros y flamencos. Sus nubes y estrellas. San Sebastian y la virgencita de Lourdes. Don Hernandez, Don Muñoz...Correa, Marcelina, hacen de este lugar un lugar donde jamás, pero jamás de los jamases, hubiese aterrizado Exupery y el principito hubiese abortado su misión terraquea...

De Varvarco... para allá
Saltitos de la mosca. Foto: Ricardo A. Kleine Samson

Acá lo esencial es visible a cualquier ojo. Acá nadie reclama nada, porque todos tienen lo esencial y está a la vista... y sino véalo por usted mismo... ahí lo tiene...

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