Del cautiverio en Buenos Aires a los santuarios de Europa: nueva vida para Florencia, Gordo y Flora

Tras años de encierro en el ex Zoológico de Luján, dos osos y una tigresa fueron trasladados a santuarios de Europa. Allí viven un proceso de adaptación con mejores condiciones de vida.

Por Martina Sehmsdorf

Por años, detrás de las rejas del ex Zoológico de Luján en Buenos Aires, más de 60 animales sobrevivían a un ambiente hostil. Tigres, leones y osos cumplían una única función: ser una atracción para el público. Sin embargo, para ellos, el tiempo parecía detenerse en un cautiverio precario, con secuelas físicas visibles y heridas emocionales profundas. Tres de ellos, Florencia, Gordo y Flora hoy son los primeros en dejar atrás el encierro y son trasladados a distintos santuarios del mundo donde atraviesan ahora una etapa de adaptación, con seguimiento veterinario permanente y un entorno diseñado para atender sus necesidades.

La historia de estos animales es parte de una intervención más amplia encabezada por la organización internacional Four Paws, que comenzó a trabajar en Argentina tras el rescate de cuatro tigres en San Luis. Aquel operativo abrió la puerta a un diagnóstico mayor. «Empezamos a recibir llamados y pedidos de rescates. Vimos que había más o menos 200 grandes felinos en situaciones de cautiverio precario», cuenta la directora del programa y miembro de Four Paws international, Luciana D’Abramo.

Entre ellos estaban los animales del ex Zoológico de Luján. El equipo realizó la primera visita exploratoria en agosto del 2023. «Se nos dio acceso, pero obviamente no teníamos ningún poder de actuar en favor de los animales en ese momento«, dice. El predio había sido clausurado en 2020, pero aún albergaba 62 grandes felinos y dos osos.

Recién en julio de 2025, tras firmar un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Ambiente, la organización pudo asumir un rol activo. El compromiso no solo implicaba mejorar de inmediato sus condiciones de vida, sino también trabajar junto al Estado para impulsar cambios estructurales y fortalecer la aplicación de la legislación vigente. «Ni bien se firmó lo primero que se puso sobre la mesa fue la situación de los animales del zoológico de Luján», narra la referente.

La tigresa Flora. Foto: Four Paws.

En noviembre del año pasado se desplegó lo que describen como la misión veterinaria más grande realizada en Latinoamérica sobre animales en cautiverio. «Fuimos uno por uno anestesiando y comprobando que muchos tenían situaciones que necesitaban cuidado urgente», expone D’abramo.

Las imágenes eran preocupantes: garras encarnadas que crecían hacia el hueso por falta de movilidad, heridas de peleas, afecciones renales frecuentes en cautiverios prolongados y problemas que requerían cirugías de urgencia para evitar amputaciones.

El diagnóstico no fue solo físico. “Hay toda una parte emocional, psicológica y social que vemos que está muy afectada y que va a ser la que va a llevar más tiempo rehabilitar», asegura la directora de Four Paws. Años de encierro, estrés y convivencia forzada dejaron marcas en el comportamiento de muchos animales.

La primera oportunidad de cambio llegó con Gordo, Florencia y Flora

Gordo y Florencia, los únicos osos del lugar, fueron priorizados porque encontrar espacio para dos animales era logísticamente más viable que para sesenta. «Teníamos confirmación inmediata de parte de nuestro santuario en Bulgaria de que teníamos el espacio y los recursos humanos para poder dedicar la atención necesaria», señala D’abramo.

Fueron evaluados previo a su traslado. Foto: Gentileza Four Paws.

Además, el final del verano los encontraba en condiciones preocupantes lo que demandaba prioridad. Gordo tenía sobrepeso y Florencia tenía muchos signos de estrés.

Flora, en cambio, era una de las tigresas más pequeñas del predio. «Nos dimos cuenta de que estaba en una situación de estrés constante porque había vivido en una jaula muy pequeña rodeada de muchos animales grandes y agresivos», relata la referente. «La parte sociológica, psicológica y emocional se encontraba bastante afectada«, agrega.

También, Flora tenía sus garras encarnadas y creciendo para adentro debido a la falta de movilidad. «Le provocaba un dolor constante así que fue operada de urgencia», agrega la referente. Sin embargo el riesgo de que la lesión reapareciera obligó a tomar una decisión rápida y fue trasladada al santuario Félida en Holanda.

«Es un santuario especial que si bien se les otorga todo el espacio necesario en condiciones mucho mejores, sigue siendo un santuario más pequeño donde podemos tener más control y acceso directo a los animales para estos casos como el de Flora», explica.

El viaje y la llegada a los santuarios

Flora, Florencia y Gordo partieron de madrugada. Desde Luján hasta Ezeiza, en jaulas de transporte. Luego tomaron caminos distintos. «La tigresa tomó un avión directo hacia Holanda y luego de allí siguió el camino por tierra hasta el santuario de Félida», relata la referente.

El viaje de los osos fue un poco más largo y fueron trasladados en un avión de cargo desde Viena hasta Frankfurt. «Después de unas horas en Alemania llegaron a Sofía, en Bulgaria y luego siguieron por tierra hacia la montaña por cuatro horas al santuario Belitsa», agrega.

Flora fue liberada con cuidado en su recinto de adaptación. «Aunque cansada del viaje, mostraba una curiosidad extraordinaria, un rasgo que ya había demostrado en Argentina. En cuestión de segundos, comenzó a explorar su entorno», cuentan desde la organización. «Se subió a su plataforma, estiró sus garras contra un árbol, aceptó la comida de sus cuidadores e incluso se acomodó en su cama», agregan.

Los osos fueron liberados en los recintos exteriores. «Al principio a Gordo le costó mantener el equilibrio debido a su peso, ya que solo estaba acostumbrado a caminar sobre cemento, pero muy pronto comenzó a disfrutar del pasto fresco», desarrollan.

«Florencia estaba muy ansiosa por salir y rápidamente encontró, escondidos bajo la nieve, peces y nueces. Después de una inspección cuidadosa del terreno exterior, los osos regresaron a sus madrigueras y pasaron allí la noche», añaden.

La mayoría de los 19 osos pardos que actualmente viven en doce hectáreas de entorno natural fueron anteriormente “osos bailarines” de Bulgaria, Serbia y Albania. El santuario también brinda un hogar adecuado a su especie y cuidados especializados a osos rescatados de otras formas de tenencia inapropiada, como Gordo y Florencia.

Durante la semana trasladaron a Florencia más cerca de Gordo y el equipo de Bear Sanctuary Belitsa evaluará la posibilidad de socializar a ambos osos pronto.


Por años, detrás de las rejas del ex Zoológico de Luján en Buenos Aires, más de 60 animales sobrevivían a un ambiente hostil. Tigres, leones y osos cumplían una única función: ser una atracción para el público. Sin embargo, para ellos, el tiempo parecía detenerse en un cautiverio precario, con secuelas físicas visibles y heridas emocionales profundas. Tres de ellos, Florencia, Gordo y Flora hoy son los primeros en dejar atrás el encierro y son trasladados a distintos santuarios del mundo donde atraviesan ahora una etapa de adaptación, con seguimiento veterinario permanente y un entorno diseñado para atender sus necesidades.

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