Del trueque a la feria: un nuevo espacio social

Todos los sábados pasan 4.000 personas por allí. Una economía alternativa que se integró al centro.

27 jul 2009 - 00:00

NEUQUÉN (AN).- Una pareja de jóvenes cruza la calle en la esquina de Independencia y Buenos Aires y, una manija cada uno, llevan verduras en una bolsa de red. Una mujer de unos 35 años pasa frente al correo con un cartón de huevos. Otra mujer carga macetas en un baúl mientras su marido espera su turno para también guardar allí las dos cubiertas seminuevas -o semiviejas- que compró a un hombre que vendía además una bicicleta y una hormigonera. Otra gran mayoría sólo pasea. Ese es el paisaje de la feria del trueque de Neuquén, que luego de nacer como un emergente social allá por el recordado 2001, hoy es un espacio que reúne a miles de personas, entre clientes y feriantes, todos los sábados en el centro de la ciudad.

En plena crisis, cuando surgió el trueque, fue un regreso a las fuentes, donde la necesidad básica de subsistir fue agrupando a personas a partir de necesidades, sino comunes, complementarias. Sin moneda de cambio, el trueque abrió puertas. Más mercado o feria que trueque, trabajadores independientes, comerciantes, artesanos o artistas ofrecen lo suyo a un precio, la mayoría de las veces, menor al de un supermercado.

Del otro lado del mostrador (o a un costado, o detrás, porque parte del atractivo de este tipo de lugares es la esperanza encontrar la pieza única o perdida, la fruta de calidad, la especia extranjera o el libro agotado, y todo escondido a la exposición, siempre debajo de algo o perdido en el fondo de una caja) se produce un doble juego de subsistencia, en el que los compradores buscan calidad a bajo costo; y recreación, donde la feria se visita como aquellas que perduran hoy en antiguas ciudades de Europa y es parte de una rutina de fin de semana que se vive entre amigos, en familia o en soledad, después de leer los diarios en un café del centro.

"No te matan como en el supermercado y, además, tenés calidad", afirma Gustavo, de 33 años, que va a la feria todos los sábados porque "un amigo" le contó. Con el altoparlante de fondo que anuncia venta de una bicicleta "impecable", con cubiertas "apenas gastadas", Mariana y su novio también explican que el paseo de los sábados ya es algo habitual y que los huevos, la fruta y las verduras no las compran en otro lado. La bicicleta se vendió, pero el rematador ya ofrece dos apliques de luz "ideales para la cocina" y Carla camina de regreso a su casa. Es abogada y "muy exigente con la limpieza" por lo que, si bien reconoce muchos avances en la organización del espacio en los últimos meses, por ahora sólo compra huevos. "Son 30 a ocho pesos", justifica. Los apliques se vendieron y comienzan a ofrecer una hormigonera, justo cuando Susana cruza la calle Independencia con sus dos hijos "para recorrer nomás" y se topa con dos policías que recorren los pasajes entre los puestos.

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