Don Correa y su vecino Rebolledo

Otra historia desde el corazón del norte neuquino, en manos de Ricardo Kleine Samson. En esta ocasión, compartió mates y charlas con dos piñeros.

12 ene 2016 - 00:00

Como todos los piñeros, Correa es hijo de una vieja tradición cultural de trashumantes del norte neuquino que, como tal, solo en muy pocos lugares del mundo aun se mantiene, como en Pakistan que, curiosamente, tiene una caprichosa geografía parecida a la nuestra.

En los 90 su abuelo abandonó su veranada y perdió el piño. En el 98, después de algunos frustrados intentos de dignificar su vida trabajando de trabajador, decidió retomar su herencia familiar y, a duras penas, consiguió la veranada que tiene al pie del Tromen y la laguna homónima que abandonara otro viejo piñero. Desde entonces, entonces, Correa and family, trashuman entre el Tromen y paso Huitrín donde tiene su invernada. Su piño es de 800 animales.

Tiene 47 años. Juntado, a su manera, con Silvia con quien comparte un hijo y quien, además, tiene dos más de otra relación y que cuida como suyos...

Su casa parece haber brotado, como el Tromen, de las entrañas de la tierra. De piedra y paja, con vista a un universo tan vasto como su alma que porta un registro compartido con sus pares de una historia que resiste, a como pueda, el embate de la trituradora capitalista que se empeña en asinar almas en el cemento de la insaciable urbe irradiante de indiferencia.

“Intenté trabajar en la construcción...” Nos dice. “Pero no es vida”, asegura.

La experiencia de sus viejos que porta en la sangre y la memoria, parecen ser la guía en su presente y ahí se siente bien Correa. Pisa tierra firme. Como albañil la comprensión de sí mismo como trabajador era tan frágil como superficial. Como piñero, es imbatiblemente él...

Correa y Silvia son algunos de los responsables del triunfo de Macri... “Ese domingo nos tocó arrear y no votamos. Que no se entere Scioli...”

“Es difícil volver a la invernada, a los chicos no les gusta regresar. Aquí juegan con el Tromen y su laguna, con los flamencos rosados, las garzas, los chivos y las nubes que a veces bajan a visitar a la yegüita que nació unos meses atrás y, a quien, tuvimos que improvisarle un cencerro de lata para que el ruido ahuyente a los pumas...Hasta ahora he tenido suerte con esta improvisada alarma. La yegüita crece día a día como la inmensidad de mi alma junto al Tromen.” Aquí, con los míos, es más grande...”

“Pero pasen, pasen... Tomemos unos mates con pan...”

Ricardo A. Kleine Samson

Fotografía de paisaje

ricardokleine@ricardokleine.com.ar

www.ricardokleine.com.ar

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