Don José Giles, de Catriel, cumplió 116 años

El hombre nació un año antes de que se fundara la ciudad. Conocé su historia.

05 ago 2014 - 00:00

José Giles nació en Sargento Ocón y ayer cumplió 116 años.

Con vagos recuerdos, encorvado y apoyándose en su bastón para ganarle el paso a la ceguera, José Giles compartió su cumpleaños en el hogar de ancianos, lugar en el que nadie supo contestar desde hace cuánto está, pero estiman que desde hace más de 20 años.

José contó que tuvo una sola mujer y una sola hija, que actualmente vive en La Pampa. “No tuve padre, sólo mi madre y un hermano y una hermana menor. Nunca conocí una escuela, por eso siempre fui puestero, hasta que mi vecino se dio cuenta que empezaba a quedarme ciego y me trajo para acá”, dijo refiriéndose a su llegada al hogar de ancianos.

De ahí surgieron algunas anécdotas de vicios que aún conserva: el cigarrillo, por ejemplo, porque a pesar de los años, no ha dejado el hábito y al que le ha sumado otros como “los caramelos y el jugo” que fueron las tres cosas que pidió como regalo de cumpleaños, además de “una hojita de afeitar, porque maquinita ya tengo”.

A pesar de los años y de la falta de visión, José Gil se desenvuelve solo y recorre las instalaciones a su antojo. Dijo que siempre fue solitario, por eso su lugar favorito en el hogar es el lavadero -”porque acá hay reparo”- o en su habitación.

No le gusta hablar mucho, pero cuando lo hace recuerda que llegó a Catriel a los 14 años. “No había más que campo y muchos animales. Ahora ya no queda ninguno. Había chivas, ovejas, vacas y yeguarizos hasta que empezaron a llegar las máquinas. Pero no me acuerdo mucho”.

El recuerdo más claro que guarda es de cuando estuvo en Covunco, donde hizo el servicio militar. “Esa fue la única vez que me fui de Catriel”, mencionó una y otra vez, como también de manera repetitiva se remontó al tiempo en que estuvo mejor: “con el gobierno de Perón empezamos a estar mejor. Ahí dormí por primera vez en un colchón, porque hasta ese momento dormía en la arena nomás, tapado con un cuero de chiva. Pero además de colchón también repartían mercadería. Antes de eso era comer churrascos, mate amargo y agua, y nada más”.

Así, del lavadero a la cocina y de ahí a su habitación; José cumplió un nuevo año de vida en el hogar que es su casa. Allí le preguntaron que quería además de los regalos que había pedido. Si quería música o una fiesta, pero él sólo pidió “salud”.

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