El Paseo de la Costa es una promesa que lleva más de una década

De todos los proyectos anunciados sólo está, sin terminar, el apart-hotel.

La mayor parte de las 50 hectáreas de la isla 132 se iba a transformar en un paraíso.

08 may 2011 - 00:00

NEUQUÉN (AN).- A casi once años de que se firmara el convenio entre la municipalidad y la provincia para, bajo la forma de una sociedad interestadual, encarar juntas un gran negocio inmobiliario al estilo de Puerto Madero sobre las costas del Limay y del Neuquén, el proyecto del Paseo de la Costa está prácticamente paralizado. Su playa de operaciones y cara visible, la isla ubicada frente a la zona de balnearios, sólo muestra un edificio de todos los que se habían comprometido para transformar 50 hectáreas de tierra salvaje y hostil en un paraíso propio de las ciudades más avanzadas. Como en la famosa isla de la serie televisiva protagonizada por Ricardo Montalván a finales de los `70, al menos en la primera década de vida del Paseo de la Costa la fantasía superó a la realidad.

En el resto de la rivera, porque el proyecto no sólo abarcó la isla, unas 600 hectáreas de tierra que debían urbanizarse con loteos privados y áreas de uso libre, lleva el mismo tiempo esperando el ansiado impulso que nunca llegó.

Un poco de historia

El proyecto nació el 12 de diciembre de 2000. Prácticamente un año antes de los peores días de la crisis de 2001, comenzaba en Neuquén un modelo de negocios pensado por el Estado para los desarrolladores privados. Lo firmaron quienes estaban al frente del gobierno provincial y del municipal en ese momento, Jorge Sobisch y Horacio Quiroga.

GyD Developers, una empresa porteña con experiencia en el rubro, tomó el proyecto. Primero se encargaría de buscar a los inversores a través de un fideicomiso y, luego, construiría un complejo de edificios a metros de la costa del Limay. Desde cines hasta confiterías, pasando por un apart-hotel, departamentos, espacios públicos y todo tipo de comercios.

Las promesas fueron en dólares, y como todo mientras duró el uno a uno, con toques de diseño y distinción, aires de modernidad y estilo. La idea era llevar glamour a la isla.

Pero el tiempo pasó sin que el proyecto despuntara. El apart fue lo único que se levantó, en el sector este de la isla. Las veredas y las oficinas de la corporación interestadual lo miran, aún hoy, de reojo y desde la otra punta. En el medio, donde debería haber edificios de oficinas, comercios, museos y hasta un hotel 4 estrellas, sólo hay hectáreas vacías.

El apart, un edificio menor dentro del megaproyecto y el único que revela su existencia, aún no fue entregado. Los plazos para el final de obra se extendieron dos años, hasta diciembre pasado.

En numerosos sitios de internet dedicados a la arquitectura se pueden ver detalles del complejo, con unas pocas fotos de la obra y con vistosas simulaciones de personas felices que disfrutan de un buena cerveza con amigos, sentados en un exclusivo bar irlandés.

Pero el desarrollo de las 52 hectáreas que abarca la isla 132 sólo es una parte del proyecto de la rivera urbana.

El Paseo de la Costa es un desarrollo inmobiliario que se extiende sobre 20 kilómetros de costas en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay y que, obligadamente, incorporó a los dueños de esas tierras.

A cambio de llevar la infraestructura a un sector dominado por las chacras, los privados debían ceder el 25% de los loteos. Comprendió a toda la rivera desde la calle Bahía Blanca hasta el barrio Rincón de Emilio, a la altura del tercer puente.

Según información del sitio web de Cordineu, son más de 500 hectáreas para urbanizar y otras 90 de espacios públicos, pero en los 11 años que lleva en funcionamiento la corporación y en los 7 que pasaron desde que se aprobó la zonificación, sólo se aprobaron 8 loteos.

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