El trueque sigue vivo en Roca

El club Pequén funciona desde hace diez años. Más de 300 personas asisten todas las semanas.

26 oct 2009 - 00:00

ROCA (AR).- El mar de bicicletas y motos en la entrada da cuenta de toda la gente que hay adentro. Está claro, algo convocante está ocurriendo allí. No se trata de un recital de música, tampoco de un evento deportivo ni mucho menos de un acto político. Son cientos de personas que exhiben su mercadería sobre tablones de madera sostenidos por caballetes, y también van y vienen todo el tiempo en busca de productos. Preguntan precios, eligen, compran y siguen su recorrida. Ésa es la escenografía del trueque "Pequén", que funciona en un predio descubierto en el barrio Modelo de Roca. Ahí, todos los miércoles (de 16 a 18) y sábados (de 10 a 12) cerca de 350 socios llevan sus productos para cambiarlos por otros o por los populares "créditos", esa moneda alternativa que emergió con gran fuerza en medio de la crisis económica de 2001.

En las mesas improvisadas se pueden encontrar verduras, ropa, calzado, comida elaborada, herramientas, útiles para la escuela, juguetes, alimento para mascotas, paquetes de fideos, de sal, de azúcar y de yerba. En fin, se puede encontrar absolutamente de todo. El lugar parece ser chico para tantas personas que en fila y muy amontonadas van avanzando y mirando cada uno de los productos que hay sobre las tablas. Éstas están ubicadas una al lado de la otra, separadas por un mínimo espacio, por donde, poniéndose de costado, es posible pasar con lo justo.

Los clubes del trueque nacieron con el objetivo de crear un mercado alternativo para que la gente pudiera satisfacer sus necesidades y subsistir a pesar de la desocupación y los bajos salarios. Con el correr del tiempo también se convirtieron en un espacio en donde las personas pueden relacionarse, compartir experiencias y mantener vivo el valor de la solidaridad.

Etelvina Dalinger, una de las coordinadoras del club, cuenta que otra función para destacar de estos encuentros es la de darle importancia a los productos de elaboración propia, hechos en casa. "Este mercado alternativo ayuda a que la gente se dé cuenta de que puede sobrevivir gracias a sus capacidades, gracias a lo que sabe hacer en sus hogares", explica y agrega que "eso les da dignidad". "Acá viene mucha gente que está excluida del sistema, que está desocupada. La mayoría no tiene un trabajo estable", finaliza.

Una chica de veintitantos, detrás del tablón-mostrador mira meticulosamente los juguetes que tiene para ofrecer. "Traigo juguetes o ropa y me llevo más que nada verdura, porque es fresca y en el supermercado está muy cara", explica. Cuenta que tiene un trabajo pero le pagan poco, por lo tanto "venir acá me ayuda muchísimo, porque gracias a esto puedo ir zafando".

Muchos aseguran que el trueque es tan necesario que no sabrían cómo cubrir sus necesidades básicas si no estuviera. Blanca, o "Blanquita", como le gusta que le digan, manifiesta que para ella es todo. "Si desaparece, ¿dónde vamos a parar? Yo como gracias al trueque, menos mal que existe", dice y da un suspiro.

"Traigo lo que tengo y lo que puedo, a veces vengo con zapatillas o con ropa que a mis nietas les queda chica. Hoy, por ejemplo, traje una tapa de inodoro", cuenta Perla, de 60 años y sonrisa amable. "A mi edad no te dan trabajo ni de empleada doméstica. Subsisto gracias a esto, sino sería muy jodido vivir", agrega.

Yudith comenta que tiene cinco hijos y que hace tortas fritas y pan. Con los créditos que obtiene compra fideos, arroz, aceite y verduras. "Esto es una ayuda grande, porque con el sueldo que tengo no me alcanza". También expresa que si no existiera el club tendría que salir a buscar empleo. "No me quedaría otra y la verdad que hoy en día es muy difícil conseguir algo estable. La plata no alcanza", asegura.

También están aquellos que van al trueque principalmente a relacionarse. Pedro tiene cincuenta y tantos y está distendido detrás de una mesa. Se ríe con picardía, hace chistes y conversa con los que pasan mientras espera que alguien pare a comprarle algo de toda la ropa que tiene para ofrecer. Dice que tiene un buen sueldo pero a pesar de ello es socio hace 10 años. "Vengo a divertirme, charlo con la gente y la paso bien -cuenta-. De paso si hay algo que me interesa me lo llevo. Hoy conseguí un destornillador que me hacía falta", dice orgulloso mostrando la herramienta.

Susana tiene manzanas para intercambiar y revela que el trueque le sirvió de ayuda terapéutica. "Estaba depresiva y no sabía qué hacer. Encima en un tiempo con mi marido estábamos mal económicamente, así que decidí venir para tratar de salir del paso", relata. "Vendí toda la ropa que traje y además empecé a relacionarme con gente. Eso me hizo muy bien", añade.

La jornada de a poco va llegando a su fin. El movimiento en el predio aún es constante. Es un clima ameno. Hay chistes, sonrisas y conversaciones. Muchos aprovechan para saborear una porción de torta o algún pancito casero. Otros se marchan contentos con cajas repletas de productos. Se los ve satisfechos.

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