¿Este reportaje no estará construyendo un primer borrador de aforismos?

09 abr 2006 - 00:00

CLAUDIO ANDRADE

candrade@rionegro.com.ar

–¿Qué es un actor?

–Respuesta sencilla: un trabajador. Respuesta con historia: un trabajador con modos de producción anteriores a la Revolución Industrial.

–¿Qué le pide la televisión al actor?

–La tele no pide, agarra nomás.

–¿Y el cine?

–Pide que en una mano que saluda pongamos toda la historia de una relación que empieza o termina... y su contexto, ¡claro!

–¿Y el teatro?

–El teatro da. Es el único que nos trae lo que nunca somos capaces de imaginar lo suficiente: ese otro con el que dialogamos.

–¿Protagonizará un ciclo que se emita sólo por internet?

–¿Por qué no? Sólo que no sé dónde debería ponerme yo.

–¿Qué es una mujer bonita?

–Obvio, la que amo (y también lo era mi madre, ¡claro!)

–¿Qué es la indiferencia?

–La forma más cobarde del odio. Alguna vez la imaginé como estrategia de venganza.

–¿Qué es la sensatez?

–Ni idea... aunque a veces me ha dado, en forma totalmente insensata. Unas veces me ha servido, otras no.

–¿Hay un libro que acompañe sus días?

–Ha habido libros de mis días y de mis noches. "Adan Buenosayres" está siempre.

–¿Y una película?

–"Contra viento y marea", de Lars Von Trier.

–¿Y una canción?

–Todos los tangos que canta Julio Sosa.

–Solo, junto al fuego, con una copa de coñac, brinda... ¿por qué motivos?

–Por los amigos, por los compañeros, por su presencia... por lo bueno que fue cuando estuvieron, si es que ya no están. Por la belleza de la justicia. Por los amores próximos. Por mi hijo.

–¿Sabe odiar?

–Afortunadamente, los maestros han sido muy malos.

–¿Existe el amor o es un proyecto de los hombres?

–Sí, es un proyecto de los hombres. Muchas veces, con la inestimable ayuda de las mujeres se lleva a la práctica con infinita felicidad.

–¿Al que madruga Dios lo ayuda o es puro cuento?

–Tanta gente que viene al centro viajando precariamente para llegar a su trabajo parecería desmentir esa sentencia.

–¿Qué es un mail?

–Otro de los instrumentos para la comunicación o para su contrario.

–¿Me dice algún nuevo clásico de la literatura?

–Coetze, Abelardo Castillo y el teatro de Shakespeare, siempre.

–¿De dónde le viene su natural elegancia, Víctor?

–De mi natural modestia...

–Me han dicho que los músicos del "Titanic" se hundieron tocando... ¿supone por qué?

–No quisiera ponerme solemne, pero quizá porque la música era su vida.

–¿Por qué las chicas usan los jeans ajustados?

–Porque refrescó y no se pueden poner la minifalda.

–Leí en una revista americana que hay toda una generación de hombres mayores de 35, padres muchos, usando la misma ropa que llevan los adolescentes. ¿Será un signo de rebeldía o es que efectivamente la juventud es un estado permanente?

–La rebeldía es un saludable estado permanente. Y yo no he superado el criterio según el cual la ropa deportiva es para usar en situaciones en que uno hace deportes.

–¿Qué es la eternidad?

–Un espacio.

–¿Mira las estrellas?

–Siempre.

–¿Antes de salir a escena besa una estampita de la Virgen María?

–No.

–¿Por qué se odia la gente?

–En general, por impotencia.

–En los subtes de Londres, los sábados por la

noche, en lugar de encierro se siente un aroma a perfume caro que lo cubre todo. ¿Sabe por qué son tan coquetos los londinenses?

–No sabía que lo fueran...

–¿Escribirá sus memorias?

–Por ahora, la memoria es parte de mis proyectos. Está escrita en ellos.

–¿Y un libro de aforismos?

–¿Este reportaje no estará construyendo su primer borrador?

–Ciorán recordaba que, cuando se sentía deprimido, visitaba algún cementerio para reponer fuerzas. ¿Le sugiere algo la idea?

–No voy a los cementerios. Creo que no me identifico con Ciorán.

–¿Le seduce la posibilidad del eterno retorno?

–El único retorno importante para mí fue el regreso del general Perón. En otros sentidos, retorno me suena a imposibilidad de cambio... así me parecería espantoso.

–¿Me dice tres cosas de la Argentina de hoy?

–Esperanza, injusta distribución de la riqueza, atisbo de construcción de un pensamiento transversal.

–¿Es el contenido del chiste o el talento para contarlo?

–Descreo de las separaciones de forma y fondo.

–¿Qué es la belleza interior?

–Algo absoluta e intensamente visible.

–¿Se escriben poemas de amor en estos tiempos?

–Yo querría...

–¿Por qué ciudades siente nostalgia?

–Tandil, por supuesto. Por eso voy tantas veces como puedo.

–¿A qué le teme?

–A mis miedos.

–¿Qué lo indigna?

–La impunidad, los inimputables. la retórica perversa que fundamenta el sinsentido, esa lectura tramposa que justifica en la posmodernidad la amoralidad.

–¿Qué lo ilusiona?

–¿No quedó claro hasta ahora? La justicia, el amor y la belleza.

–¿Está usted también en contra de Bush?

–¿También? ¡Sí! ¿Y usted?

–¿Qué frase lo define?

–Una de Arlt que era algo así como "ganemos el futuro a prepotencia de trabajo".

–Pida un deseo, por favor.

–Conservar la capacidad de festejar, agradecer y reconocer cada uno de los dones que se me dan y que puedo producir.

–¿Aspira a la gloria, a la paz o a la eternidad?

–Si tengo que responder entre esas tres, a la paz.

–Un día, miles de millones de años por venir, ¿alguien se acordará de nosotros?

–¿Quiénes somos "nosotros"? ¿Quiénes son los que se acordarían?

–¿De quién se acuerda usted ahora?

–De las carreras de turismo carretera de mi adolescencia, de los años '70, de la película en que estoy trabajando. Perdón, me decía de "quién"... de una mujer que me llevó en su amor y de un excombatiente de Malvinas que me dijo, poniéndose el dedo en la sien: "La guerra te queda acá"

–Escriba su palabra preferida, por favor....

–Compañero.

El Cristo de Laplace

No proviene de una película la primera imagen que llega a mi mente cuando escribo "Víctor Laplace".

Esta imagen, que en lo que a mí respecta mejor lo perfila, corresponde a un unitario de fines de los '80 que se emitió por un canal de aire. Se trataba de una historia aparentemente simple: doce amigos se juntan alrededor de una mesa para cenar una vez más después de varios años de separación.

El encuentro se diluye entre conversaciones y discusiones cada vez más intensas, a la espera del miembro número trece. A partir de su llegada, a destiempo, todo comienza a tomar sentido; mientras unos lo apuntan con un dedo acusatorio, otros lo abrazan y lo defienden. Esos doce hombres son los doce apóstoles y el último comensal de la noche en aparecer es, claro, Cristo. Víctor Laplace interpretaba a Cristo.

Su actuación revistió al Mesías de una elegancia que no sabemos si tuvo o no el salvador bíblico pero que, en todo caso, esperamos que haya poseído.

De los muchos Cristos que han sido puestos en una pantalla, el de Laplace me pareció el mejor, el más dulce, el más imperfecto y, por lo mismo, el más sinceramente representado.

"¿De dónde le viene su natural elegancia?", le pregunto a Laplace, quien responde preciso: "De mi natural humildad". Víctor Laplace es uno de los grandes. Su nombre representa un sello y un paisaje que evade el tiempo. Pronunciarlo imita el extraño acto de encender un Aleph: presente, pasado y futuro son convocados con un solo movimiento de los dedos.

Su filmografía, extensa, heterogénea, plena, no revela todos sus mitos. ¿Cuántos nombres de películas definen a Víctor Laplace? ¿Cuántos momentos actuados lo retratan como ser humano? No lo sé, y quizá sea mejor así.

En algún punto, Víctor Laplace es también un espejo enfrentado a otro espejo, el reflejo suponemos que infinito de un rostro que cada vez es igual pero al mismo tiempo distinto del anterior. Por eso su carrera persiste y se desarrolla con tanta vitalidad. Y por eso no nos cansamos jamás de verlo sonreír a la cámara y saludar, aun cuando llegue último a la mesa.

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