«Este veredicto lo buscábamos hace mucho tiempo», dice la hija de Lucrecia Lescano

Sol Salinas es la hija mayor -tiene un hermano- quien se constituyó como querellante contra su progenitor.





Sol Salinas no puede ponerle una palabra específica a la sensación que siente después de saber que el autor de asesinar a su mamá, Lucrecia Lescano fue declarado culpable. Busca entre “paz”, “alivio” y “tranquilidad” porque finalmente se hizo justicia, 14 años después de haber ocurrido el hecho.

La joven que estudia profesorado de Matemáticas en la Universidad Nacional del Comahue participó como querellante en el juicio por jurado popular que se hizo contra Miguel Armando Salinas. El hombre y Lucrecia fueron pareja y entre ambos tuvieron a Sol y a un hijo, en Tucumán.

Sin embargo, después de una convivencia marcada por la violencia y cuando ya se habían mudado a Neuquén, donde vivían, se separaron. En junio de 2008 Salinas fue a buscar a Lucrecia al supermercado donde trabajaba y no se supo más de ella. Su cuerpo fue encontrado más de diez días después semienterrada, a 15 kilómetros de Villa El Chocón.

Salinas fue a juicio y resultó absuelto. Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia revisó la causa, la anuló y ordenó uno nuevo. Para ese entonces, el hombre se fugó y lo encontraron recién en febrero de este año. Desde que ocurrió el hecho hasta su última detención pasaron 14 años.

“La verdad que enterarme por una nota (periodística) cómo había sido (el homicidio) fue reimpactante para mí”, cuenta hoy Sol. Ella tenía ocho años y su hermano cuatro cuando ocurrió lo que ahora se califica como femicidio, pero en 2008 no existía esta figura penal.

En consecuencia, nunca supo en detalle lo sucedido y le generó un fuerte golpe psicológico enterarse por los medios. Contenida y acompañada por su familia materna, se repuso y decidió asesorase legalmente para constituirse como querellante y acusar a su progenitor.

Sol tiene pocos recuerdos de su vida con Lucrecia, pero los más fuertes son cuando “caminábamos para ir a la escuela, como no era muy lejos”. “Era súperbuena, ¡nos tenía una paciencia!”, señala. Lleva en su celular una fotografía en la que están los tres: Lucrecia, ella y su hermano.

Su memoria le permite rescatar algunos almuerzos compartidos y cuando viajaban a Tucumán a visitar a su abuela paterna, a quien vio solo una vez después del femicidio y nunca más volvió a tener contacto. Tampoco con sus primos de la familia paterna con quienes jugaban porque vivían a pocos metros de distancia, en Tucumán, antes de que se mudaran a Neuquén.

“Mi mamá nos hablaba un montón, mientras me ponía el guardapolvo. Me decía que me tenía que bañar sola, o como cuidarme, y me ayudaba a vestir”, cuenta. Tiene la imagen de Lucrecia preparándole el té antes de salir rumbo a la escuela.

Durante las seis audiencias, Sol –asistida por el abogado Gustavo Olivera- estuvo presente. A pesar de que, en determinados momentos se retiró de la sala, los testimonios le permitieron acercarse un poco más a lo que era su madre, conocerla a partir de la descripción que de ella hacían sus familiares, amigos, y compañeras de trabajo. Y reconstruir así la figura de Lucrecia que tenía 30 años cuando la asesinó su expareja.

“Quería saber todo y si bien fue fuerte, pude tener una cercanía con ella. Lo que dijeron de ella, sentí que era relinda. Esto me ayuda para avanzar y hacer un cierre porque desde que crecí, esa herida estaba abierta”, resume.

Además de saber que ahora el autor de arrebatarle la vida a su madre fue declarado culpable, y habrá justicia, le servirá para seguir adelante. Sol menciona que saber con certeza todas las circunstancias que rodearon al homicidio les permitirá tomar decisiones a futuro, y pensar en el caso que decida tener hijos: “uno miraría de otra manera”.

Por ahora, se siente muy agradecida a todo el jurado popular que se mostró respetuoso al igual que a la tarea del abogado y del Ministerio Público Fiscal a través de Sandra González Taboada y Gastón Liotard, quienes llevaron adelante la acusación.

“Este veredicto es el que tanto buscaba mi familia desde hace mucho tiempo y que hoy lo pudimos tener”

Sol habla con calma y cuenta que mientras avanza en su carrera, da clases particulares de Matemática. “Me llena de orgullo cuando me dicen: Sol, a vos te entiendo. Trato que sea más sencilla y brindarles ese amor que le tengo a la Matemática”, aclara.

Después del veredicto unánime de culpabilidad que emitió el jurado, se espera que se defina el monto de los años que pasará en la cárcel Salinas.


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