Fiesta y promesa de reencuentro en Anecón Grande

Cerró el ciclo lectivo para la escuelas rurales del período septiembre-mayo en Río Negro.

26 may 2011 - 00:00

ANECÓN GRANDE (José Mellado, enviado especial).- Los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse detrás de los grandes cerros y a derretir el hielo de la gélida noche en Anecón Grande. La luz fue dejando atrás el frío, dando pasado a un calor festivo que poco a poco cobró intensidad.

Durante las primeras horas de la mañana de ayer, el movimiento comenzó a ser cada vez más acelerado en la escuela 197 de este paraje ubicado a 83 kilómetros al oeste de Jacobacci y 1.169 metros sobre el nivel del mar.

Ayer, la mayoría de las escuelas rurales de la Región Sur rionegrina que funcionan durante el período septiembre-mayo, cerraron el ciclo lectivo 2010/11.

A pie, en caballos y vehículos, vecinos y visitantes fueron poblando este pintoresco lugar donde la escuela y el puesto sanitario se levantan al abrigo de grandes sauces y álamos que se esconden en una pequeña quebrada del cordón montañoso de Anecón o “gente sentada”, según la traducción que hacen los mapuches de la zona.

El ruido de los motores de los vehículos se mezcló con el balar de ovejas y chivas y el relincho de los caballos, rompiendo el silencio que normalmente encierran los cerros en este solitario y alejado paraje.

A esa altura la directora y única docente, Nancy Melendres y doña Dominga, quien reparte su tiempo entre la cocina los servicios generales de la escuela, organizaban la fiesta tratando de cuidar cada detalle. A unos veinte metros, Casimiro Prafil construía una especie de refugio con palos y chapas para frenar la leve brisa que buscaba asociarse a los festejos. Entre los árboles el hombre se disponía a “plantar” dos chivitos y un costillar de capón en asadores rodeados por el fuego que una par de horas después se convirtieron en manjares que deleitaron a los presentes.

La hospitalidad de la gente del lugar se hizo sentir en cada unos de los visitantes recibido con mates, tortas fritas y pan casero.

El inicio del acto se demoró más de una hora. “Tienen que llegar los músicos de Villa La Angostura”, señalaba Alfredo, el policía de Clemente Onelli quien junto a su familia se sumó a la fiesta.

Minutos después del mediodía la directora decidió comenzar. La comida estaba casi a punto y el cocinero no quería que se pase. Con las manos sobre sus pechos en un profundo sentimiento patriótico, los diez alumnos y el resto de las personas que poblaron el salón de la escuela entonaron con fuerza el Himno Nacional. En medio de una gran emoción, su mamá le entregó el diploma a Gustavo Fabián Rosas, el único egresado. Los niños pusieron en escena una representación alusiva a la fecha patria y se realizó el cambio de abanderado. Aprovechando la intensidad del sol y el espacio, la actividad se trasladó al patio. Allí el colorido y la danza la pusieron los alumnos de la escuela de Clemente Onelli. El ritmo de chacareras vino con el grupo angosturense Tuka Tuka que llegó justo a tiempo y con regalos. Numerosos paquetes con ropa, calzado y alimentos donados por vecinos de Villa La Angostura fueron distribuidos entre las familias del lugar. Luego del almuerzo, continuó la fiesta hasta que el sol comenzó a esconderse en el horizonte y los niños se despidieron. El lugar recobró su tranquilidad y la escuela cerró sus puertas para seguir en silencio hasta los primeros días de septiembre.

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