La vuelta de Don Correa, por Las Ovejas

Ricardo A. Kleine Samson y otro retrato de la magia del norte neuquino, en fotos y palabras.

26 ene 2016 - 00:00

La vuelta de Don Correa...

“Yo no soy vago Mendieta.

Soy haragán para el esjuerzo...”

Inodoro Pereyra - de Roberto Fontanarrosa

Los argentinos nos podemos reconocer a la vuelta de cualquier curva del camino que usted diga y, sin mucho esfuerzo, el atuendo nos dirá a que región pertenecemos. Los paisanos, los de tierra adentro, suelen decorar sus caras y sus manos con las huellas arqueológicas de la tierra que vincula sus historias con la de la épica argentina de gloriosas batallas que, a un mismo tiempo, fueron ganadas y perdidas triunfalmente y que, plagadas de contrastados héroes mitológicos, combinan en un mismo relato a Sarmiento con Rosas y Liniers. A Belgrano y Dorrego con Lavalle y el virrey Cisneros.

La vuelta de Don Correa, por Las Ovejas

Ni que hablar de San Martín que parece abrazarse a Quiroga mientras matea con Urquiza en el despacho de Perón al tiempo que Evita tira aceite hirviendo por el balcón... del Gauchito Gil hay poco que decir por ser tan contemporáneo, pero se comenta en los corrillos Vaticanos que su acelerado y popular crecimiento, que dejó mudo al mismo Duran Barba, pone en dudas de Francisco la santidad del Ceferino.

Así, en este contraste de relatos, nos fuimos haciendo argentinos y, entre los buenos y los malos, hoy, somos todos parecidos... Cada rincón de esta patria está plagada de historias tan telúricas como criollas que, entre opuestos, blandean la victoria...Y, sino, lea el cuento “El General Romero” del negro Fontanarrosa y después me dice.

Pero acá, en el norte de Neuquén, de Las Ovejas para arriba, para allá, como quien dice, hay un curioso criollo que no parece aportar tanto al cambalache del pictórico relato nacional. Haragán para la historia. Mientras gobernaba el general Roca estaban ocupados yendo y viniendo de la veranada a la invernada. Igual con Mitre o Irigoyen y no llegaron, por poco, a meter las patas en la fuente de aquel glorioso 17 de octubre porque iban subiendo a la montaña con su piño. ¿Quién fue Roca? Se preguntan.

La vuelta de Don Correa, por Las Ovejas

Todos los trashumantes del norte neuquino son tan iguales entre sí como sus paisanos correntinos o salteños lo son así mismo. Y así como el cisne negro viene a corroborar que todos los cisnes son blancos... así Don Correa vino a dignificar la rebelión de un piñero que un día quiso ser otra cosa, menos dejar de ser piñero y lo intentó de albañil en Chos Malal. Quizás se convenció de aquella máxima romántica del sadismo moralizador de los laboristas criollos que: “El trabajo dignifica” y se la tomó tan, pero tan, en serio que la quiso practicar. Y se aggiorno a la ocasión y cambio su sombrero de “Panza de Burro” por una gorra adolescente con visera que aún conserva y se puso a pegar ladrillos (huecos) a terceros.

La vuelta de Don Correa, por Las Ovejas

Lo intentó, y lo intentó con tanto éxito que un día, cansado de tanta dignidad, decidió dejar de ser pobre para volver a ser piñero y ser Correa al pie del Tromen y a orillas del lago homónimo que, aun tiempo es su lugar y su trinchera, en el anonimato de los que aun construyen la historia que Usted apenas sospecha.

Correa dejó una astilla en el corazón de sus hijos que quizás quiebre sus historias. Ojalá se la puedan sacar antes que el chubasco del relato los cuelgue en un mural.

(Gracias a las 4 fotos de mi amigo y compañero Edgardo Salvador Ruso).

Ricardo A. Kleine Samson

La vuelta de Don Correa, por Las Ovejas

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