Las escuelas rurales, el centro de la vida de los parajes neuquinos

Cumplen un rol fundamental para las familias que viven alejadas de las ciudades y les permiten a los niños y niñas aprender en sus lugares de origen. Las dificultades que deben enfrentar.

23 ago 2018 - 18:44

“Vivimos ahí” responden tímidamente las nenas cuando se les pregunta qué hacen en el colegio. Ellas son dos de los 15 estudiantes que viven en la Escuela 173 de Huantraico, una de las 196 escuelas rurales que hay diseminadas en los parajes que se multiplican en el suelo neuquino.

Además de las clases, tienen plástica, música, a veces juegan a la escondida o ven una película . “En la hora de recreación decidimos hacer lo que querramos”, cuentan sonrientes. Mientras hablan nunca dejan de estar abrazadas, con dificultad porque la diferencia de edad trae la de altura, pero cómodas igual, como si hiciera mucho que lo estaban esperando. Las dos vinieron a la ciudad, con sus docentes, a pedir que arreglen la escuela.

En una provincia como Neuquén, con amplias zonas rurales distantes de los centros más poblados, las escuelas rurales cumplen un rol fundamental para las familias y la comunidad. Además de su función específica, también son parte de la realidad cotidiana, que se entremezcla con dificultades propias de cada región, como las condiciones climáticas o el estado de los caminos, y las de infraestructura.

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“La escuela rural tiene la particularidad de ser la presencia de los parajes, porque ahí van las visitas médicas, se hacen las reuniones, muchas veces hasta se festejan los cumpleaños de los nenes y las nenas de la ruralidad”, describió el secretario general de ATEN Chos Malal, Sergio Mendoza. Junto a la seccional de Minas cubren el Distrito V, el que tiene la mayor cantidad de escuelas rurales de la provincia. Algunas tienen albergue otras no. Las más cercanas a la cordillera abren sus puertas de septiembre a mayo, otras arancan en febrero y otras en marzo para terminar el ciclo lectivo, en ambos casos en diciembre. Todas representan para los niños y niñas oportunidades educativas para crecer y aprender en sus lugares de origen, lo que fortalece el arraigo local y evita los desplazamientos.

En las últimas jornadas, la falta de respuestas a la escuela hogar de Huantraico, que el 25 de junio sufrió el incendio y tuvo que suspender las clases, puso en agenda la realidad por la que atraviesan estos establecimientos.

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Si bien actualmente el Consejo Provincial de Educación se encuentra buscando soluciones para que se puedan retomar las clases, el hecho dejó en evidencia las carencias y dificultades que atraviesan las escuelas rurales.

Un tema complejo es el transporte, ya que los trayectos son largos y dificultosos. En 2016 hubo numerosas manifestaciones contra una normativa que dejaba sin este servicio a los alumnos cuyas familias tuvieran ingresos mensuales mayores a 16.000 pesos. Si bien se dio marcha atrás, el servicio está lejos de ser el necesario y muchas veces peligra por atrasos en los pagos.

Mendoza también contó que registran demoras en la recargas de los zepelín o en la entrega de combustible para los grupos electrógenos y aclaró que aunque se cuente con paneles solares, muchas veces no alcanzan a recargar las baterías. El dirigente aseguró que han tenido que suspender las clases porque no hay gas, los calefactores queman mal o los baños no funcionan correctamente.

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En los edificios también hay problemas. Por ejemplo, en Leuto Caballo, la escuela funciona en una casa cedida por la Asociación de Fomento Rural. Allí se fisuró una pared y la solución fue clausurar la puerta que daba a esa habitación, reduciendo el espacio donde estudian los cinco niños que asisten.

“Aunque haya pocos alumnos, esos nenes y nenas tienen los mismos derechos que los demás. La escuela rural existe porque sus familias decidieron vivir allí y hacer esa actividad económica que hace años que la vienen haciendo”, remarcó.

Agregó que ven con “preocupación” la posibilidad de que se cierren algunas escuelas por la poca matrícula. “Eso sería lamentable porque una escuela de otra está a distancias muy grandes”, resaltó.

Otras escuelas con problemas edilicios son la 264 de Los Chihuidos, ubicada a unos 120 kilómetros de Añelo y la de Quintuco, entre Las Lajas y Loncopué.

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“Ahí van las visitas médicas, se hacen las reuniones. Hasta se festejan los cumpleaños de los nenes y las nenas de la ruralidad”.
Sergio Mendoza, secretario general del gremio docente en Chos Malal.
En datos
196
escuelas rurales hay diseminadas en los parajes neuquinos. Unas 24 primarias tienen albergue.
41
escuelas funcionan durante el periodo septiembre mayo. Están ubicadas en las zonas más cercanas a la cordillera.
En las chacras buscan una nueva identidad

La escuela 124 de Centenario se pierde entre las pocas chacras que aún quedan en la localidad. Nació en el año 1941 como una escuela rural y fruto de la reconversión del lugar en un espacio urbano, a través de los masivos loteos, se generó un cambio rotundo en la identidad del colegio.

Desde el 2016 sus docentes notan un cambio drástico en el contexto donde se encontraba inmerso el establecimiento. Ese año su matrícula comenzó a crecer paulatinamente y pasó de tener 16 niños por curso a contener 26 pequeños dentro de cada aula. Hoy en día asisten 289 alumnos.

“Fue una explosión demográfica muy grande la que tuvimos”, explicó Daniela Stagnaro, la directora del establecimiento. A su lado Mariela Meier, quien es la vicedirectora, agregó que “hoy de rural no tenemos prácticamente nada”. Las docentes explicaron que el establecimiento cumple 77 años en noviembre y que fueron los mismos chacareros quienes promovieron su creación a mediados del siglo pasado. En ese momento cedieron un lote para que Celestino Elizari comience a dar clases allí. Hoy la escuela lleva el nombre de aquel primer docente.

Actualmente la escuela reúne una población variada, porque asisten los pocos chicos que todavía viven en las chacras aledañas, también los pequeños que comenzaron a vivir en los loteos nuevos y muchos niños de la comunidad boliviana que van migrando en las distintas escuelas porque sus padres se dedican a la producción hortícola y todos los años cambian de rumbo.

Las escuelas rurales, el centro de la vida de los parajes neuquinos
La primaria 124 de Centenario convive entre lo urbano y lo rural.
Un edificio escolar que se tuvo que hacer de nuevo

Los niños que concurren a las escuelas rurales mas cercanas a la cordillera tienen clases entre septiembre y mayo. Este año, la apertura del ciclo lectivo se realizó hace tres días en la escuela primaria 72, de Lonco Mula, ubicada dentro de la Corporación Interestadual Pulmarí, en Aluminé.

El 31 de diciembre de 2016 sufrió un incendio que afectó al 66% del edificio, que tuvo que ser demolido. Tras el siniestro, el gobierno provincial acordó con la Iglesia Cristiana Evangélica que cedió en comodato un espacio para que se pudieran dictar clases. Mientras tanto se realizó la construcción del actual edificio donde, con una fiesta, se inauguró el inicio de las clases.

En Neuquén hay 41 escuelas que funcionan en este período para los niveles inicial, primario y secundario. Tienen una matrícula aproximada de 1.300 estudiantes.

El ciclo septiembre-mayo atiende las particularidades de las zonas geográficas en las que se encuentran insertadas estas escuelas, y que tienen que ver con las condiciones climáticas adversas en determinados momentos del año. Como así también las particularidades de las familias y las distancias a recorrer para llegar a la escuela, sobre todo en el periodo invernal.

En las instituciones que tienen albergues los chicos pueden estar entre cinco y diez días antes de ir a sus hogares. Depende del régimen de la escuela.
Neuquén (AN)

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