“Las ideas nos pueden llevar muy lejos”, no tenía piano, ganó un Gardel y ahora llega al sur: la historia de Noelia Sinkunas

La pianista y compositora llega por primera vez a la Patagonia con su banda. Detrás de sus conciertos hay una historia de tango familiar, estudios, premios y una pregunta que atraviesa su música: ¿a quién le pertenece la música?

Noelia Sinkunas llega por primera vez a la Patagonia con su propia banda y un repertorio que cruza tango, chamamé, improvisación y música de raíz popular.

El primer instrumento de Noelia Sinkunas llegó de una manera casual: su papá se lo ganó en una rifa de la iglesia. Era un teclado pequeño que entró en una casa de trabajadores de Berisso y que, sin que nadie pudiera saberlo, iba a convertirse en la primera estación de un viaje largo. Allí, entre historias familiares y el tango que tocaban su padre y su abuelo, empezó a poner los dedos sobre las teclas. Con los años estudió composición, ganó premios, tocó en escenarios de Argentina y Europa y trabajó junto a artistas de mundos distintos, para responder una pregunta: ¿a quién le pertenece la música?

Después de presentarse en Europa, llega por primera vez a la Patagonia con su propia banda y con un repertorio construido alrededor de su música. El recorrido incluye Villa La Angostura, San Martín de los Andes, Bariloche y Junín de los Andes, junto a Ignacio Santos en bandoneón, Carolina Rodríguez en violín y Julia Subatín en contrabajo.


Una historia en las teclas


En Berisso, el tango era parte de la familia. Su papá y su abuelo eran guitarristas de tango y esa música estaba ahí, como una lengua que se aprende antes de preguntarse qué significa. Pero cuando creció necesitó alejarse de esa herencia para encontrar la forma en que quería habitarla.

“Mi manera de tocar es muy tanguera, pero también quiero hacer otras cosas. Entonces siento que va por ahí: poder generar algo que nos identifique hoy y que no sea solamente la voz del pasado”, explica. Con los años entendió que no tenía que elegir, el tango podía ser raíz sin convertirse en frontera.

Ese recorrido empezó temprano. A los 12 años ingresó al Bachillerato de Bellas Artes de La Plata, donde se formó con orientación en piano y composición, y después continuó con la Licenciatura en Música, también orientada a la composición, en la Facultad de Bellas Artes. Mientras avanzaba en los estudios, aquella chica de Berisso construyó un lenguaje propio, capaz de moverse entre el tango, el folklore, el chamamé, el rock, el pop y la música urbana.

La pianista y compositora nació en Berisso y comenzó a tocar a los cinco años, con un pequeño teclado que su padre había ganado en una rifa.

Esa libertad también apareció en los trabajos que hizo junto a artistas como IZI, Lucy Patané, Leo García, Ricardo Mollo, Lito Vitale, Baglietto, Natalia Oreiro, Nacha Guevara, Cacho Castaña y Gustavo Santaolalla, entre muchos otros. «De cada persona uno aprende algo, cada trabajo se lleva siempre como experiencia, amistades. La música te lleva por muchos lugares», dice.

En 2025 ganó el Premio Gardel a Mejor Álbum Instrumental de Tango por Costero criollo, junto a Milagros Caliva. También llegaron distinciones en los Premios Tango Siglo XXI por Unión y Perseverancia y Costero criollo. En 2026 volvió a ser reconocida por Las cuatro estaciones y recibió una nominación a los Premios Gardel en la categoría de Mejor Álbum Instrumental. Mientras tanto, su música empezó a viajar cada vez más lejos.

“Cada logro lo siento como colectivo. Vivo estos últimos años en los que me llaman de festivales de afuera, de Francia, de Austria. Vengo tocando, participando de festivales de pianistas o de grupos de tango y digo: ‘Wow, ¿qué hacemos acá?’. Yo soy de Berisso, vengo de una familia trabajadora y es algo impensado que suceda, pero está sucediendo”.

Cuando ganó los premios, en el diario de Berisso salió una frase que a ella le quedó dando vueltas: “Berisso ganó un Gardel”. Noelia sintió la necesidad de corregir: “Me di cuenta que yo no lo gané, lo ganó la ciudad”. Para ella, esa diferencia es importante. “Es como una real alegría y se siente que es algo más grande, más allá de mí. No va por mí, va por algo más grande”, dice.

Sinkunas construyó una carrera entre el tango y otros géneros y compartió música con artistas de distintos mundos.

El piano propio


Y hay una parte de su historia que resulta casi cinématográfica, “como su carrera”, asume. Durante años, Noelia tocó, estudió, ensayó y trabajó sin tener un piano propio. Los buenos pianos eran caros, ocupaban espacio y pertenecían a un universo que sentía lejano. “Un instrumento de clase alta”, resume cuando recuerda esa distancia. Ella podía sentarse frente a los pianos de las instituciones donde estudiaba, en estudios y escenarios, y construir una carrera alrededor de ese instrumento, pero cuando volvía a su casa no había un piano esperándola.

Hasta que un día decidió contar esa realidad en Instagram y la historia empezó a circular. Entonces apareció Ricardo Mollo, junto con amigos y gente de su ciudad, que se ofrecieron a ayudar y propusieron organizar una colecta. Después apareció otra persona que tenía un piano en venta y que, al conocer su historia, decidió que ese instrumento no debía ir a cualquier comprador. “Este piano es tuyo”, le dijeron. El piano finalmente llegó y con él llegó algo más difícil de explicar.

Ahí apareció con fuerza una pregunta que hoy atraviesa buena parte de lo que Noelia piensa y hace: “¿A quién le pertenece la música?”. Si un piano puede ser demasiado caro para una familia, si determinados instrumentos parecen reservados para determinadas clases sociales, la música deja de ser solamente una cuestión de sonido.

“Soy pianista, y es increíble. Pienso que eso también pasa con estilos de música, como que cierta música suele ser apropiada por cierta clase social. Y yo quiero creer que eso no es así, que es para todos. Todos podemos escuchar música clásica y debería estar a nuestro alcance. O el jazz, o el tango, o distintas formas de hacer las cosas”, dice.

Esa mirada también explica su manera de tocar. En New York Session, por ejemplo, toma melodías vinculadas a la cumbia villera y las lleva hacia la improvisación y el piano solo. No se trata solo de mezclar géneros porque sí, sino de ponerlos a conversar, de moverlos de lugar y comprobar qué sucede cuando una música asociada a un determinado universo entra en otro lenguaje.

Y a veces no es solo tocar, también inspirar. Noelia vuelve cada tanto al Bachillerato de Bellas Artes donde estudió para hablar con los estudiantes. Le interesa contarles su historia, pero no desde la fórmula fácil de “si yo pude, cualquiera puede”, dice aunque sabe que no todos parten del mismo lugar y que existen dificultades concretas que no se resuelven solo con voluntad. Busca transmitir otra cosa: que las barreras existen, pero que no necesariamente tienen la última palabra. “Las ideas nos pueden llevar muy lejos”, sostiene.

Para cerrar cuenta que en la Patagonia habrá piano solo, improvisación libre, composiciones de Unión y Perseverancia, chamamés de Salve y posiblemente algunas piezas nuevas de un próximo disco de tangos originales, más cercanos a la milonga.

“Además, yo cuento mis historias, las historias detrás de los temas y el concierto se vuelve muy emotivo. Cada vez que voy a un lugar, sea Argentina, Francia o Australia, la gente se emociona, llora. Yo no lo puedo creer porque digo: ‘¿Cómo es en otro idioma todo?’. Y la verdad se transmite igual, así que estoy muy contenta de llegar allá”.

Noelia habla del viaje, pero no de haber llegado a un lugar definitivo. Sigue componiendo, tocando, probando sonidos y buscando nuevas formas de encontrarse con la música. Y en medio del viaje llega al sur. Acá, entre un piano, un bandoneón, un violín y un contrabajo, volverá a hacer lo que sabe hacer desde su infancia en Berisso: dejar que la música encuentre su propio camino.

La pianista llegará acompañada por Ignacio Santos en bandoneón, Carolina Rodríguez en violín y Julia Subatín en contrabajo.

Fechas y entradas


  • El jueves 22 de octubre, en Villa La Angostura, ofrecerá un concierto íntimo en la Residencia C-421, la casa taller y residencia para artistas coordinada por el escultor y artista plástico Andrés Zerneri.
  • El viernes 23 de octubre se presentará en Espacio Trama de San Martín de los Andes, con invitados de lujo.
  • El sábado 24 de octubre, la música de Noelia Sinkunas sonará en el auditorio del Camping musical de San Carlos de Bariloche, en un entorno especial rodeado por las aguas del Lago Moreno.
  • El domingo 25 de octubre en Junín de los Andes, el periplo patagónico finaliza en el auditorio municipal.
  • Las entradas se consiguen en la boletería de cada espacio cultural, sino también en las redes sociales de la pianista: @noeliasinkunas


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