Los contrastes de nuestra ciudad

Pero el alto costo de vida y la carencia de obra pública se sienten.

La construcción aumenta y las calles se colman de “4x4”.

La actividad petrolera pasa por un momento de pleno desarrollo.

19 jun 2011 - 00:00

Las comunidades petroleras de la región son especiales y tienen diferentes etapas en su desarrollo; todas se caracterizan por la movilidad poblacional. Pasado el tiempo la ciudad logra cierta estabilidad producto de la consolidación de las instituciones, de las empresas, de la industria. Si bien continúan llegando y yéndose mucha gente, producto de la dinámica petrolera, ya son muchos más los que están afincados en la ciudad.

Catriel hoy vive una realidad bipolar, por un lado la industria petrolera pasa por un momento de pleno desarrollo gracias a la demanda energética mundial y la actividad es incesante; esto redunda en un dinamismo sorprendente para la cantidad de población. Se nota en general un fuerte movimiento en la actividad comercial, en los bancos que ya quedan chicos, nuevos locales, emprendimientos que surgen, sucursales de cadenas regionales que abren sus puertas; a esto también hay que sumarle una renovación casi total y un incremento importante del parque automotor (predominan las camionetas japonesas) que ya ocasiona algunos problemas de estacionamiento y de tránsito. Los sueldos del petróleo han impulsado fuertemente la construcción y en el último lustro la cantidad de nuevas viviendas ha ido ocupando los sectores vacíos de la ciudad y la ha transformado.

La otra cara de la realidad tiene que ver con quienes no viven del sueldo petrolero y sí lo hacen de sueldos del estado, del comercio, o de algunos oficios, ya que deben pagar alquileres y productos que están sobrevaluados. Esa cara ingrata también se nutre de otros componentes que están relacionados con la vida cotidiana y que pasan por los servicios y la calidad de vida de la gente. De esta cara surgieron sorpresivamente las asambleas populares que derivaron en el corte de ruta del 29 de mayo.

La causa es compleja y tiene muchas aristas, pero la podemos resumir en dos frases: incompetencia municipal y ausencia provincial. Carestía de obra pública, sin cloacas, sin asfalto, con escuelas funcionando en lugares provisorios y con escaso mantenimiento, jardines desbordados, un hospital antiguo que ya no puede atender la demanda poblacional, además de su falta de complejidad (no hay ni siquiera una terapia intermedia), sin planes de viviendas, ni loteos accesibles para los jóvenes, sin un asentamiento universitario, sin promoción industrial, sin...

¿Por qué la disconformidad surge ahora si los problemas no son recientes? Es posible que una de las razones sea que hay ya toda una generación de chicos y chicas nacidos en Catriel que sienten que este es su lugar y quieren tener una activa participación. Y uno de los primeros gestos de algunos jóvenes ha sido la refundación de la Cámara de Comercio e Industria, que hoy tiene un papel afanoso dentro de la comunidad. También, está claro, el cansancio de mucha gente ante situaciones que se tornaron insostenibles.

Las asambleas populares dispersaron, como el viento las cenizas, el poder monolítico de más de una década, no dejaron espacio ni siquiera para festejos de aniversario; dejaron sí una enseñanza clara: no es posible dejar únicamente en manos del poder político los destinos de una ciudad, es hora ya de esbozar el rostro de un nuevo Catriel.

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