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Los delfines oscuros son los más inteligentes del golfo

Los científicos que estudian la especie destacan sus capacidades: sociabilidad, adaptabilidad y mayor tamaño del cerebro en relación al cuerpo. También investigan la interacción con los delfines comunes, otra variedad presente en el golfo San Matías.

12 ago 2018 - 00:00

Serán más pequeños y tendrán “menos prensa” que otras variedades de su especie, pero los estudios realizados sobre ellos indican que son los más inteligentes. Ni los delfines “nariz de botella” ni los “comunes” los superan. Son ellos, los delfines oscuros, los que poseen el cerebro más grande en relación a su tamaño. Y este indicador confirma que, con sus habilidades de socialización y adaptación, estarían muy por encima del resto de sus pares. Por eso aguas adentro ellos son los que reinan.

Parámetros

Desde hace tiempo los profesionales que investigan el comportamiento animal hallaron un parámetro para medir su inteligencia. Se trata del cociente de encefalización.

Según esta regla, un cerebro grande en relación al tamaño corporal estaría ligado a una mayor capacidad. Aunque esto no siempre es así, hasta ahora este dato es uno de los indicadores más certeros. Por eso, se sabe que los odontocetos, que son los mamíferos marinos con dientes entre los que se encuentran los delfines, serían más inteligentes aún que los primates. Y, entre ellos, los delfines oscuros estarían en el primer puesto del ranking.

Patrones

¿Y cómo se distingue a estos delfines? Por el patrón de su coloración, de allí su nombre popular. Es que poseen el dorso oscuro y dos franjas claras que inician desde la cola y se extienden hacia la aleta dorsal. Además, sus ojos tienen un “parche” a su alrededor.

Pero existen otras particularidades. Los que tuvieron la posibilidad de navegar y avistar especies marinas, recordarán que esta variedad es la más atractiva. Sus grandes saltos y piruetas se llevan todas las miradas. Y, justamente, esa capacidad acrobática que los distingue estaría ligada a su gran inteligencia.

“Las acrobacias y saltos son diferentes formas de comunicación en las manadas” contó Guillermo Svendsen.

El profesional es biólogo e investigador asistente del Conicet, al igual que Alejandra Romero. Junto a Nadia Curcio, que es becaria doctoral, hace tiempo comparten la pasión por la investigación del comportamiento de la especie.

Investigadores

La base de trabajo del grupo está en el Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos Almirante Storni (CIMAS). Allí se desarrolla un proyecto sobre mamíferos marinos que dirigen Silvana Dans y Raúl González.

En este marco, los biólogos pudieron profundizar en el comportamiento de los delfines. Y precisaron que en los oscuros se ve un despliegue que “tiene un rango que podemos asociar al mayor desarrollo de capacidades”. Se sabe, por caso, que poseen “sistemas sociales complejos, que les prodigan a sus crías cuidados parentales y que se asocian a otras especies”.

Justamente, su interacción con los delfines comunes, otra variedad presente en el Golfo San Matías, es la que desde hace tiempo orienta las indagaciones de Nadia.

“Este Golfo es uno de los tantos lugares del mundo en el que se juntan dos especies. Cuando esto ocurre se dice que están ‘solapadas’, porque la distribución de una se superpone a la de la otra. Y en nuestro caso esto se da en el mismo momento. Pero esto no ocurre sólo a nivel geográfico. Los delfines comunes y los oscuros están en el mismo lugar y al mismo tiempo comiendo de los mismos cardúmenes”.

Este dato no es menor: si bien se espera que “entre dos especies que se alimentan de los mismo haya competencia” también puede ocurrir, según la experta, que “estén cooperando entre sí a la hora de cazar. Que tanto los oscuros como los comunes agrupen cardúmenes, colaborando mutuamente para alimentarse”.

Ajenos a esta interacción se encuentran otros de los delfines que habitan el Golfo. Se trata de los conocidos como “nariz de botella”, que, al moverse más cerca de la costa, están alejados del despliegue que realizan sus pares.

Detalles

Volviendo a la relación entre los “oscuros” y los “comunes”, la bióloga relató que estos últimos se encuentran en nuestra zona en una cantidad mayor, mientras que los primeros son visibles sobre todo durante el tiempo cálido. Este dato estaría ligado a que “posiblemente presenten una migración estacional, y lleguen de más al sur. O podría deberse también a que estén segregándose espacialmente, por una competencia establecida entre ellos y los comunes, alejándose debido a que comparten el mismo alimento, compuesto, sobre todo, por las anchoítas”.

Manadas

Lo cierto es que mientras siguen los interrogantes sobre su interacción tanto los oscuros como los comunes se mueven en manadas que se avistan al adentrarse por el interior de la Bahía San Antonio. Pero que muchas veces son visibles desde la costa.

Un espectáculo que siempre es bienvenido, más allá del interés científico que alberga la especie. Y de la inteligencia que detenten los “oscuros”, que podrán ser los más listos, pero, por la altura que alcanzan sus piruetas, a los ojos de los turistas siempre serán los más carismáticos.

Características de las distintas especies
Los delfines suelen avistarse en manadas. Dos individuos, para los biólogos, ya son un grupo, pero suelen verse en tandas de 20 a 30. También las hay más numerosas. No es poco habitual verlos en conjuntos de 100.
Los grupos mixtos, en este caso compuestos por ejemplares de delfines oscuros y comunes, no son inusuales. Por eso los biólogos estudian su interacción. Si coinciden en una misma zona a escasa distancia, aunque no se mezclen entre sí, ya son considerados mixtos.
La forma de aparearse es considera “promiscua”: mezcla el sistema poligínico (un macho copula con varias hembras) con la poliandría (una hembra copula con varios machos). Para aparearse golpean sus panzas, en un movimiento rápido sólo captado por ojos expertos. Son unas de las pocas especies que, más allá de la reproducción, se aparean por puro disfrute.
La dieta central de los delfines del golfo San Matías se compone de anchoítas, especie rica en energía y abundante en la zona. Pero también pueden comer calamares, y juveniles de merluza.
Observación y uso de la sonda hidroacústica

Para efectuar las salidas embarcadas y realizar un buen relevamiento de la zona de estudio los expertos dividen el área de observación en “transectas”. Es una suerte de recorrido en zigzag que optimiza la navegación.

Si utilizan la sonda hidroacústica, ésta funciona emitiendo sonidos que “rebotan”, llegando al receptor. Estos rebotes tendrán una intensidad diferente según el lugar en el que estén impactando. Sonarán distinto una roca que un cardumen. Para constatar de qué individuos se componen estos últimos se toman muestras en el lugar señalado, ya sea mediante una red o bajando una cámara.

En el caso de las observaciones, la nave se mantendrá a distancia para que su presencia no interfiera con el comportamiento natural de la especie. En distintos lapsos de tiempo se registrará la conducta de los animales. Por caso, las piruetas y saltos indicarían socialización entre individuos, mientras que los movimientos de zigzag acompañados de zambullidas, señalarían que van “arreando” un cardumen para rodearlo y alimentarse.

“El área de estudio inicial abarcaba todo el golfo. La acotamos luego a un 10% de la superficie total para poder realizar navegaciones y salidas más frecuentes”.
“Cuándo encontramos un grupo de delfines nos mantenemos a una determinada distancia para que la embarcación no interfiera con el comportamiento natural”.
“Los delfines no sólo se comunican mediante acrobacias y saltos, emiten ondas sonoras denominadas clics. Estos sonidos rítmicos tienen un rango de frecuencia muy amplio”.
“Algunos son percibidos por el oído humano. A veces los captamos como silbidos muy agudos. Emiten sonidos e interpretan las ondas de rebote” .
Alejandra Romero, bióloga marina e investigadora asistente del Conicet
Los métodos para estudiarlos
El área de estudio de los biólogos se extiende desde el Camino de la Costa (Ruta 1) hasta Las Grutas. “Hacia el noroeste partimos desde un sector ubicado antes de llegar a Caleta de los Loros, observamos todo el frente costero de esa ruta escénica y hacia el oeste nos dirigimos hacia el Fuerte Argentino, ubicado al sur del balneario” manifestó Guillermo Svendsen, uno de los biólogos que conforma el equipo de investigación.
Los expertos siguen el comportamiento de los delfines oscuros y de los comunes para determinar, entre otras cosas, la interacción que existe entre ellos, un tema que, sobre todo, está indagando a fondo la bióloga Nadia Curcio.
Los profesionales, que trabajan en el tema desde 2006, parten en embarcaciones y utilizan sondas hidroacústicas para efectuar lo que se denomina “registros de presa”. Es que determinando los sectores en los que se encuentran los bancos de anchoítas (la variedad de la que se alimentan) y su variación estacional pueden dilucidar si los mismos coinciden con las fluctuaciones que existen en la presencia de mayor o menor cantidad de delfines. Años atrás, a través de imágenes satelitales, un trabajo efectuado por Svendsen analizó también la distribución de estas especies en relación a factores ambientales. Esto se hizo detectando la clorofila del fitoplancton del que se alimentan las anchoítas, presas favoritas de los delfines.
Guillermo Svendsen, biólogo marino e investigador asistente del Conicet
Nadia Curcio, bióloga marina y becaria doctoral del Conicet
Las Grutas

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