Los nautas del río Negro

13 may 2011 - 00:00

A Basilio Villarino y Bermúdez, “notable navegante y hombre de empresa”, le cupo la hazaña en el año 1792 de ser el primero en remontar (ascender) a la sirga (con una maroma para arrastrar desde la orilla a las embarcaciones) el curso del río Negro, hasta su origen en la confluencia del Neuquén y del Limay, y proseguir por este último y su afluente el Collón Cura, para llegar hasta la cumbre misma del Lanín. Señala Casamiquela que “le cupo esa tarea y la gloria”, pero “paradójicamente, dramáticamente, pocos años después el marino insigne habría de perder la vida a manos de los mismos tehuelches con los que se había firmado el convenio para la radicación en Patagones-Viedma”. Sin embargo otros osados navegantes tentaron nuevamente la hazaña de remontar el famoso “río de los sauces” y debemos citar el piloto y astrónomo genovés Nicolás Descalzi que llegó con la expedición del brigadier Juan Manuel de Rosas en la llamada Primera Conquista del Desierto y que a bordo de la goleta “Encarnación” remontó el famoso río tomando valiosos datos del mismo. Al respecto el historiador de la Armada Argentina Enrique González Lonzieme agrega que “desgraciadamente hubo que dar término a esos trabajos de Descalzi al retirarse las tropas, pero el cargamento de cueros que transportó la pequeña goleta desde Choele Choel hasta Patagones, constituyó el primer antecedente del uso del transporte fluvial en aquella zona. De todos modos, en aquella época la utilización de buques de vela obligaba a subir el río navegando a la sirga, lo que hacía la operación excesivamente lenta y onerosa”. Muchos años después comienza la navegación con el vaporcito “Transporte”, que luego se llamará “Choele Choel”, al mando del capitán de marina Ceferino Ramírez y del sargento mayor Clodomiro Urtubey, que contribuyen en la fundación y emplazamiento del Fortín Conesa. Sobre esta expedición agrega el historiador regional Omar Cricco que “desde el punto de vista náutico puede considerarse exitosa teniendo en cuenta que en años posteriores costó nuevamente alcanzar aquel sitio”. Y sobre el destino de dicha embarcación expresa que “para 1870 el alzamiento de López Jordán obligó el traslado del “Choele Choel” al litoral, sitio desde nunca más regresó”. Después en el año 1872 debemos al teniente Coronel Martín Guerrico a bordo del vapor “Río Negro” (a rueda de paletas), un prolífico estudio hidrográfico del río, con vistas a su utilización como vía navegable. A instancias del general Roca se designa nuevamente a Martín Guerrico para apoyar desde el río las tropas del Ejército, a bordo del vapor de ruedas “Triunfo” que al decir de Lonzieme “las condiciones de aquel buque, unidas a lo difícil de la navegación del río hicieron que la tarea tuviera que reducirse a una nueva exploración del río y el trazado de una carta de navegación del mismo hasta la confluencia con el Limay”. En base a esas experiencias se decide crear la “Escuadrilla del río Negro” y se adquieren los vapores “Río Neuquén” y “Río Negro” al mando del comandante teniente coronel Erasmo Obligado que hace varias excursiones exitosas, pero que no pudo llegar hasta el lago debido a una curva muy pronunciada cerca de la desembocadura del Collón Cura en la que hay un gran peñón que bautizaron con el nombre de “Río Negro”. Aporta Casamiquela que “en 1884, el teniente de la Armada Santiago Albarracín produjo el “plano general de los ríos Negro, Limay, Alto Limay y Nahuel Huapi”. Un hecho sobresaliente es cuando nuevamente el teniente Eduardo O’Connor, veterano y gran conocedor del río, al llegar al lago el 13 de diciembre de 1883 pone por nombre a su lancha “Modesta Victoria”, apelativo casi mítico, todavía conservado por la tradición. A la erudición del Dr. Casamiquela debemos mencionar en este breve escolio sobre los nautas del río Negro a “la hazaña protagonizada por el francés Gastón Etienne de Manoël de Martignac, que en 1888, en canoa y después en un convoy de balsas, en 1892, desde Codiahue, sobre el río Agrio. Vía del Neuquén Negro, hasta Carmen de Patagones…¡Increíble! Un verdadero héroe, prácticamente anónimo”. Señala Cricco que “en Choele Choel, a orillas de un abandonado brazo del río Negro, con un olvidado monumento se recuerda el paso del contralmirante Guerrico y una población del valle y algunas calles de la provincia evocan también a aquellos hombres de la Armada que surcaron este río”. Los valcheteros también tenemos el honor de recordar a uno de los héroes de aquellas gestas náuticas habiendo impuesto el nombre de una calle en homenaje al marino Nicolás Descalzi y que es precisamente la calle donde me domicilio. Escritor - Valcheta

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