Los zapateros sicilianos que llegaron a Allen hace casi 60 años

Felipe Scarlata llegó a Allen en 1950 con su oficio de zapatero. El negocio familiar, que por entonces producía de manera artesanal calzado a medida y ortopédico, sigue vigente.

17 jul 2018 - 00:00
El factor familiar es una constante, incluso algunas de las empleadas son hijas de trabajadores que han pasado por la zapatería.

Cuando en Allen se habla de zapatos, un nombre se reitera por la historia. Calzados Scarlata nació en 1950. Con más de 60 años de trayectoria, estos italianos se ganaron el cariño de los allenses.

“Mis padres vinieron de Sicilia con mis cuatro hermanos mayores”, contó Samuel Scarlata (64), uno de los pioneros del tradicional negocio.

La familia primero estuvo dos años en Buenos Aires fabricando zapatos artesanales hasta que se asentó en el Alto Valle. “Mi padre Felipe confeccionaba y tenía un punto de venta al público. Venían de toda la región, y hasta de Bahía Blanca, a pedirle zapatos a medida. También producía modelos ortopédicos”, recordó otro de los hijos del zapatero italiano, que también se llama Felipe.

En 1972 iniciaron con su primer punto de comercialización al frente de la parroquia del pueblo. En un momento llegaron a tener tres locales, uno de ventas, otro de arreglos y uno de fabricación. Luego se instalaron al frente de la plaza donde funcionan actualmente.

“Cuando nacimos en lugar de una cuna de sábanas nos pusieron cuero”, dijo sonriente Samuel, que soñaba con ser un jugador de fútbol pero por pedido de sus padres se dedicó al negocio familiar.

Felipe contó con nostalgia cómo eran los primeros tiempos de la zapatería. “Antes se empezaba tomándole la medidas del pie al cliente, lo terminaba papá y no lo tocaba otra persona. Todo el trabajo era manual”, detalló.

“Todavía quedan zapatos que él fabricó de esos años”, dijo mientras acomodaba unas cajas con los nuevos modelos.

Hoy la mayor parte del trabajo es industrializado. Los hijos Scarlata pasaron por el taller de calzado pero optaron por dedicarse más a la parte comercial.

El histórico local ya no produce ejemplares sino que compra, directo de fábrica, reconocidas marcas de calidad. “Ofrecemos ejemplares de más de sesenta fábricas, desde una alpargata hasta botines, desde informal hasta lo deportivo para hombre, damas y niños”, mencionó Felipe.

Receta para la trayectoria

El negocio sigue fuerte a pesar de las crisis económicas que ha vivido el país. “Para mantener una zapatería tanto tiempo tiene que haber disciplina, organización y no gastar más de lo que gana”, contó Samuel, mientras acomodaba su silla en la antigua oficina. “Nos decían que teníamos que dejar de comer para tener los impuestos al día”, recordó.

Otra cualidad muy importante de la empresa es el factor familiar. No sólo porque para los Scarlata es una tradición –cuando termine de estudiar se incorporará Enzo, hijo de Felipe–, sino que algunas de las empleadas son hijas de trabajadores que han pasado por el local. Y por supuesto también la familia allense es muy fiel al local, destacaron.

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