Uso irresponsable del patrimonio común

05 jun 2010 - 00:00

El deterioro del medio ambiente se asocia usualmente sólo con grandes emprendimientos como la minería a cielo abierto y la explotación de hidrocarburos, o con fábricas como la pastera Botnia. Pocos tienen conciencia del fuerte efecto de las actividades humanas cotidianas sobre el medio ambiente y del devastador resultado de su acumulación en el transcurso del tiempo. Cuando hay también intereses económicos que se benefician con el uso irresponsable del medio ambiente, el deterioro se intensifica y los efectos se manifiestan más pronto. Ambos factores, el uso normal de los residentes y el uso comercial (mayoritariamente en el sector turístico), se manifiestan claramente en el deterioro del patrimonio comunitario de Bariloche que son sus decrecientes y frágiles bosques y sus otrora límpidas aguas. Hay rigurosas ordenanzas municipales que limitan la cantidad de personas por metro cuadrado de terreno vía factores de ocupación del suelo y cantidad máxima de pisos. De nada sirven si son frecuentemente violadas, vía excepciones, por intendentes y concejales que practican amiguismo o hacen negocios a costa de la comunidad. Como el provincial Servicio Forestal Andino no tiene personal ni fondos suficientes para su funcionamiento y el municipio barilochense no tiene guardias forestales, los árboles talados no se reponen casi nunca. La falta de adhesión a la Ley Nacional de Bosques impide tener recursos para la preservación del bosque nativo. La Prefectura Naval y Parques Nacionales no impiden que particulares y grandes instituciones nacionales arrojen sus desechos cloacales sin tratamiento a los lagos del ejido. El basurero municipal, cuya capacidad se colmó hace más de 10 años, sigue contaminando las napas de agua de los más pobres y todavía no tiene solución definida y segura. No hay campañas de concientización del cuidado cotidiano del medio ambiente, indispensables para turistas provenientes de concentraciones urbanas donde se recoge diariamente toda la basura que irresponsablemente se tira en las calles. Esforzados y meritorios voluntarios recogen anualmente, con gran esfuerzo, las toneladas de basura que se acumulan en las playas y montañas de Bariloche. Hay compromiso, aunque no todo el deseable; faltan recursos, controles y sanciones ejemplares. (*) Dr. en Física y diplomado en Ciencias Sociales, ex secretario de Estado de Ciencia y Técnica de Río Negro. csoliverez@gmail.com

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