Soledad Villamil, cantante y viajera
“Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Con esa frase del poeta portugués Fernando Pessoa impresa en la retiración de la portada del CD, Soledad Villamil encuentra una buena explicación en torno a su flamante tercer álbum. Es que si bien el repertorio de una decena de obras expande el universo tanguero y urbano que la también actriz mostró en “Soledad Villamil canta” (2007) y “Morir de amor” (2009), lo que parece prevalecer en la decisión de plasmar una experiencia personal que atraviesa géneros y geografías. Así, la artista puede valerse de aires camperos (“Desde el alma”), viajar a Chile (con el estupendo “Maldigo del alto cielo”, de Violeta Parra), llegar a Brasil (“O samba e o tango”), aproximarse al bolero (a partir del bello “De qué callada manera”, de los cubanos Milanés-Guillén) o celebrar la canción (de la mano del uruguayo Leo Maslíah y su magnífica “Biromes y servilletas”), pero fundamentalmente invita al recorrido. Y en ese tránsito no son relleno “Ya traté de olvidarte”, “La vida seguirá”, “así nomás” y “Mi condena”, cuatro piezas compuestas junto a su histórico arreglador, el guitarrista José Teixido.