Sólo una semana para evitar que la «ola azul» se convierta en tsunami

En el maratón electoral francés, el presidente Nicolas Sarkozy logró de manera abrumadora conquistar tres de las cuatro etapas. La «ola azul» de la coalición gubernamental superó sin dudas a la izquierda en la primera vuelta de los comicios parlamentarios. A los socialistas les queda ahora sólo una semana para evitar que la ola se transforme en un tsunami indestructible.

Algunos dentro del gobierno, a los que les resulta inquietante el creciente poder de Sarkozy, les desean suerte secretamente. «Con 400 a 450 representantes de la derecha y una pequeña participación de la izquierda se hace imposible un debate democrático», advierte el ex ministro socialista Dominique Strauss- Kahn.

El fatalismo de la izquierda fue determinante para la victoria aplastante de la derecha. Cinco semanas después de la participación record en los comicios presidenciales, una cifra record de votantes se quedó en su casa. Sobre todo en los vecindarios de inmigrantes y trabajadores, donde es fuerte la izquierda, se percibió un vacío en los locales electorales.

Del otro lado, Sarkozy peleó hasta el final por cada voto. Cansado aún de la cumbre del G8, «super-Sarko» recorrió el sábado de nuevo Francia e hizo nuevas promesas a los discapacitados. «Necesito una amplia mayoría para mi programa de reformas», aseguró.

El domingo, los electores abrieron la puerta a esta mayoría. Pero la anunciada «marea azul en el Parlamento» no generó sólo alegría en el círculo gubernamental, ya que no refleja la situación de la mayoría del pueblo y profundiza la distancia abierta entre votantes y representantes.

Además disminuye la presión para una disciplina de votación dentro del «grupo azul», compuesto de manera heterogénea por gaullistas, liberales, reformista sociales católicos y nacionalistas. Cuanto más amplia es la mayoría, más espacio hay para disputas entre las diferentes alas, advierten algunos políticos.

Periódicos cercanos al gobierno como el «Journal du Dimanche» prevén además importantes problemas para Sarkozy si la oposición emerge tan debilitada de las elecciones que sólo pueda hacerse oir a través de manifestaciones y huelgas. Si «la Asamblea Nacional se convierte en la habitación de Sarkozy», como teme el jefe de la fracción socialista Jean-Marc Ayrault, entonces los conflictos políticos podrían trasladarse nuevamente a las calles. El «estado de indulgencia» con el gobierno llegará sin duda a su fin cuando pase el tiempo de las promesas y las reformas deban ser concretadas. (DPA)


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