Sonará “Camisa 12”



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opinión

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

En el Pacaembú será difícil escuchar el próximo miércoles a “La 12”. Sonará en cambio “Camisa 12”. Es una de las barras del Corinthians, menor, claro a los Gavioes da Fiel, la mayor hinchada organizada del mundo, con casi 100.000 socios, incluyendo los sectores más violentos que han matado en los estadios. El clima para Boca, con apenas 2.500 hinchas propios en las tribunas, será insoportable. Corinthians no perdió allí en lo que va de la Libertadores. Y apenas sufrió un gol, el de Neymar en la semifinal contra Santos. Para colmo apareció Romarinho, desconocido hasta hace semanas y ahora héroe de la esperanza. Eso es exactamente lo que cargan como casi nunca antes los 30 millones de hinchas con los que Corinthians dice contar en Brasil. “Este camión solamente carga esperanza”, decía un transporte pesado en plena estación de servicio en viaje de San Pablo a Río. Sucedió durante la famosa “invasión corintiana” de 1976, cuando unos 70.000 hinchas viajaron 400 kilómetros para una semifinal contra Fluminense. “O Timao” (equipazo), como se conoce al Corinthians, ganó esa semifinal al Flu, pero cayó en la final contra Inter de Porto Alegre. Fue uno de los golpes más duros durante los 23 años de sequía absoluta del Corinthians, burlado por sus rivales. La racha se rompió un año después, con el Paulista del 77 contra Ponte Preta, definida con gol de Basilio, uno de los héroes del club, miembro de una galería ilustre, que incluye los nombres de Domingos da Guia, Gilmar, Roberto Rivellino y Sócrates, entre otros. La excesiva euforia que invade ahora a los hinchas tras el empate de la Bombonera tiene razón de ser. Corinthians, máximo ganador del campeonato paulista y uno de los equipos más triunfadores en Brasil en las dos últimas décadas, jamás ganó sin embargo la Libertadores. Su único título internacional (primer Mundial de Clubes de la FIFA en el 2000 en Brasil) es inclusive motivo de burla de las hinchadas rivales. Por eso la locura de estas horas. Jamás estuvieron tan cerca de quebrar el tabú de la Libertadores. Se dice que O Timao no es un equipo brasileño. Que juega muy a a la defensiva y que su principal respaldo es la presión permanente que ejerce sobre los rivales. Aún así, sigue siendo un equipo brasileño. Sus jugadores parecen tener mejor técnica y juego asociado que Boca. Es decir, pueden ser tan rústicos como algunos jugadores de Boca. Pero siguen siendo brasileños. Tienen otra relación con la pelota. Boca, especialmente por la presencia de veteranos como Riquelme y Schiavi, sabe lo que es ganarle en Brasil a rivales supuestamente de mejores condiciones técnicas. Sabe que el fútbol, más aún una final, precisa también de un temple extra. Y sabe que Corinthians lo tuvo durante toda la Libertadores, Bombonera incluida. Pero Boca, que tendrá que jugar mejor que en la Bombonera, sabe también que, tal vez, no será igual en el Pacaembú. La euforia de estos días puede ser un bumerán. Y la presión, agrandada por esa historia desnuda de copas internacionales, crecerá aún más. En ese clima, el miércoles habrá que jugar al fútbol. Por eso, Boca sabe que tiene chances de arruinar, otra vez, la fiesta brasileña.


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