¿Sorpresas?

NEUQUÉN



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HéCTOR MAURIñO vasco@rionegro.com.ar

Jorge Sapag es uno de los pocos gobernadores del MPN, quizás el único, que parecen haber conseguido más respaldo afuera de su partido que adentro. De otra forma no se explicaría por qué las encuestas le siguen dando buena imagen –a él y a su gestión– luego de dos años largos de gobierno y mientras elegía ‘bajarse’ de la interna por el pecado apenas disimulado de ‘medir’ internamente menos que su principal contrincante, Sobisch, por añadidura también del MPN y el político con peor imagen positiva en los sondeos. Ésa es la pequeña sorpresa que arroja una encuesta hecha para “Río Negro” por la consultora Poliarquía, que este diario publica en la edición de hoy pero que, por lo que se sabe, no debe sorprender tanto porque no difiere demasiado de lo que trasciende de otros trabajos similares. ¿Por qué Sapag conserva buena imagen y su gobierno también, transcurridos 31 meses de una gestión para nada extraordinaria y de la que en todo caso muchos se quejan a rabiar? Una explicación sería tomar en cuenta el traumático trance en que, por obra del azar, se realizó la encuesta: un lapso que discurrió entre la trágica muerte de la hermana del gobernador, Luz Sapag, y la decisión de éste de retirar la lista propia de la interna. Suponer que tal circunstancia puede haber inclinado las opiniones a favor del gobernador, dada la lógica conmiseración que los hechos inspiraban, equivale a conjeturar que si la encuesta se hubiera hecho antes o se hiciera después el resultado no sería tan benévolo. Pero una mirada más detenida indicaría que, aunque esa circunstancia desafortunada haya influido en el ánimo de los encuestados, es poco probable que alcanzara por sí misma para justificar una evaluación tan ponderada o, en todo caso, para haber volcado eventualmente una evaluación del todo negativa. Cabría concluir, entonces, que la imagen del gobernador y de su gestión eran de antemano positivas y sólo sería posible inferir con algún fundamento que su defección en la interna –producida sobre el límite de la consulta– haya tornado la conmiseración en despecho. Pero esto es algo que por ahora no ha sido medido y de lo que aún cabría dudar en el mediano plazo. Primero porque no era nuevo que el gobernador no quisiera ser candidato a presidir su partido –lo viene diciendo desde el principio–; segundo porque tampoco era novedoso –no lo es– que Sapag no quisiera enfrentar a Sobisch: no lo hace desde el primer día, con un denuedo que justifica las peores sospechas entre sus críticos. Y, si esto es así, lo es acaso porque la mayoría de las críticas bien o mal fundadas que se le hacen al gobernador –“es un flojo”; “no pone lo que hay que poner”; “no tiene equipo”; “está rodeado de sietes de copa”; “le tiene miedo a Sobisch”; “es débil con los gremios”– pertenece más al mundo de ‘lo político’ que al de la gente común. Y eso aunque, a despecho del mentado “confluir” de la publicidad oficial, el común de los mortales también critica al gobernador por pluralidad de motivos pero al cabo lo rescata como mal menor, entre otras cosas porque parece tener presente el contexto: de dónde se viene y cuáles son las alternativas. O sea, en Neuquén se viene de la corrupción desembozada y de la política de los autitos chocadores –con Nación, los gremios, la oposición, la Iglesia y el que sea– y se está en el reino de los buenos modales, aunque muchos sospechen con algún fundamento que hay incompetencia y que igual les sustraen la billetera. Así vistas las cosas, lo que registra la encuesta no sería sino otra expresión práctica de la teoría de los tercios, inventada por la oposición y que da cuenta de que el panorama político provincial se divide en tres grandes porciones: la de los que están comprados por el MPN, la de los que nunca lo votarían y la de los ‘independientes’ que lo votan o no según la conveniencia. En el caso de Sapag, este último tercio tendría más peso que el de la fuerza propia. Después de todo es probable que así sea porque Sapag, que gobierna y hace política encuesta en mano, no ha hecho nada por tener fuerza propia. Si para aludirlo se apela a lo de “sapagismo” es más que nada para diferenciarlo de la oposición interna y externa, porque el gobernador ha rechazado todas las posibilidades que se le presentaron de organizar su propio ejército. Tanto, como tampoco se ha interesado en construir un equipo sólido y homogéneo (sólo parece confiar en sí mismo) y de la misma manera que da la impresión de que lo tiene sin cuidado el desencanto que provocó su mutis en la interna. Obra de la astucia, puede ser, pero tan dotado de ‘sex-appeal’ político como un baldazo de agua. A propósito de esto, el último reacomodamiento del oficialismo ‘sapagista’ –luego de ir con Sobisch, no ir con Sobisch, ir con la Azul, no ir con la Azul e ir con la Naranja pero con el jinete sin cabeza– es, ¡será posible!, apoyar a Brillo pero, eso sí, sin su consentimiento y sin que se note demasiado. ¿Por qué así? Primero porque la astucia tiene un límite y después de ‘bajarse’ de la interna el gobernador lo ha encontrado: tener a Sobisch como presidente del partido sería un problema, ¡vaya si lo sería! Por eso hubo que apelar a un parche: insuflar un proyecto todavía no maduro pero que podría ser un buen socio si acepta el guiño y espera su turno, en el 2015, mientras se entretiene, por caso, con la intendencia de la capital. Se mire como se mire, una jugada riesgosa, muy riesgosa, dictada desde la especulación intelectual y el tablero de ajedrez, más que desde la voluntad de enfrentar la realidad para modificarla de cuajo. Mientras el MPN se cocina en sus limitaciones –uno quiere pero ya no puede, otro puede pero elige caminar por un laberinto– la oposición se acomoda la servilleta. La encuesta que “Río Negro” publica hoy le otorga buena imagen a Farizano pero, sorpresa, una todavía un poquito mejor a Quiroga, que viene de perder la interna con él. Sorpresa o no tanto: en esta provincia Macri, a pesar de estar acusado de un grave delito, está tercero en imagen positiva. El proyecto frentista opositor que lleva a Farizano como frutilla de la Copa Melba debería tenerlo muy presente al momento de evitar la dispersión de votos. La coalición que se formó a pesar de Quiroga debería acaso contemplar también a Quiroga. Con todo, la posibilidad de que la propuesta opositora llegue madura al 2011 no depende sólo de sí misma, también está subordinada a cómo juegue el gobierno nacional, es decir sujeta a si éste, en su afán por controlar, no lo arruina todo. También, obviamente, a lo que ocurra con el MPN y más específicamente a la suerte que corra el zigzagueante proyecto de Sapag. Si éste logra controlar su frente interno, aunque más no sea con el precario equilibrio que plantea, es poco probable que suene la hora de la oposición. Si, por el contrario, su engendro se estrella y el candidato es Sobisch, es probable que el tercio ‘independiente’ se sume a la comparsa de la oposición. Si, en cambio, Brillo surge como una nueva estrella en el firmamento emepenista y se niega a aguantarse hasta el 2015, tal vez el gatopardismo encuentre nuevamente su coartada.

DE DOMINGO A domingo

HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar


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