SPINETTA, Eslabón perdido entre el limbo y la tierra



ace treinta y dos años, en 1969, un joven llamado Luis Alberto escribió una canción para su novia Cristina, como tantos músicos componen temas a sus amores y luego pasan al olvido. Pero ese tema estaba destinado a ser un clásico -quizá como ningún otro de los primeros veinte años del rock argentino- y perseguiría obstinadamente durante décadas a su creador.

“Muchacha ojos de papel” sería una canción emblemática de Almendra y de su líder, el “Flaco” Spinetta. La historia entre el músico y esa muchacha se cerraría un par de años después, con otro tema llamado “Blues de Cris”, ya en la época de Pescado Rabioso.

La discografía de Spinetta comenzaba en 1970 con las dos obras de la primera etapa de Almendra y continuó en los años “72 y “73 con los discos “Desatormentándonos” y “Pescado” de su segunda banda, Pescado Rabioso.

Antes de lanzar la banda Invisible, salió una obra cumbre: “Artaud”, primer disco solista -aunque figurara como de Pescado Rabioso-, que contenía el clásico “Cantata de puentes amarillos” y “Bajan”, entre otros temas.

Entre 1974 y 1976 salieron “Invisible”, “Durazno sangrando”, “El jardín de los presentes” -con el inmortal “El anillo del capitán Beto” y “Que ves el cielo”-, los que dieron paso a otras dos incursiones solistas bien diferentes: “A 18 minutos del sol” y “Only love can sustain”, el malogrado disco norteamericano de Luis Alberto.

En 1980 hubo tiempo para varias cosas: por un lado el revival de Almendra con un disco doble en vivo y la placa “El valle interior”, mientras que por el otro, la pujanza por el futuro hacía pie en Spinetta Jade, que conformaría las mejores formaciones musicales de las que se rodeara Spinetta, con nombres como los de Lito Epumer, Mono Fontana, Pomo, Leo Sujatovich y varios más.

“Alma de diamante”, “Los niños que escriben en el cielo”, “Bajo Belgrano” y “Madre en años luz” marcaron entre 1980 y 1985 los tiempos del “Flaco”, mientras además se hacía tiempo para intercalar colecciones de temas solistas como “Barro tal vez”, “Tu amor es una vieja medalla” -en la placa “Kamikaze” (“82)-, “No te alejes tanto de mí” o “Yo quiero ver un tren” -en “Mondo di cromo” (“83). Luego de Jade -tras una separación un tanto traumática para su líder y mentor-, Spinetta se embarcó en sendos proyectos con Charly García y Pedro Aznar, pero la evaporación de éstos lo llevaron a “Privé”. Corría 1986, y Luis incorporó la tecnología midi y el sampler, y ver que sus hijos bailaban con “Demoliendo hoteles” de Charly o los temas en boga de Zas, lo llevó a alentar la marcha en composiciones como “Violeta”, “Alfil” y “Patas de rana”.

Pero la idea de la colaboración total en una obra discográfica que se había truncado ya en dos oportunidades, se cristalizó con Fito Páez en el disco doble “La la la”. Luego fue tiempo de “Tester de violencia” (“88), “Don Lucero” (“89), “Exactas” (“90), “Pelusón of milk” (“91), y “Fuego gris”, banda sonora para el filme dirigido por el realizador Pablo César.

La segunda mitad de los noventa fue encarada con la electricidad de Los Socios del Desierto, formación mínima con la que editó un buen disco doble iniciático y un caótico envío en vivo. Luego, con “Los ojos” fue tiempo de bajar estridencias, encarar la melodía de frente otra vez, en un disco intimista y revelador del trance pos-separación. Así, trocando estridencias por sutilezas, llegó hasta el “Silver Sorgo”, que se expande en un ambiente bastante cercano al jazz rock de la época Jade.

Por dentro, el disco alberga bellas canciones como “Mundo disperso”, “El enemigo”, “El mar es de llanto” y “Esta es la sombra”, mientras en la tapa Spinetta, de impecable turbante, nos observa desde los billetes de una apócrifa divisa.

Han sido treinta años en los que cimentó un prestigio, en los que logró ser reconocido como una figura respetable, pero siempre navegando a varios metros por sobre la gente… A fines de los “80 y principios de los “90, el “Flaco” expresaba sus ganas de alivianar la carga de “intelectualidad” de la que estaba embadurnado, e incluso llegó a reinventarse un Spinetta más rocker con un trío enardecido.

Icono, verdadero emblema de la poética y el rock nacional; músico y escritor de alturas y profundidades inconmensurables, a tres décadas de su aparición, Luis Alberto Spinetta no sólo puede esgrimirse como el único rastro vivo de su generación, sino como el músico de rock más digno y respetable de toda la escena.

Ignacio Artola

rnredaccionviedma@yahoo.com.ar


Comentarios


SPINETTA, Eslabón perdido entre el limbo y la tierra