Sueño camaleónico



por ALEJANDRO LOAIZA alejloaiza@yahoo.com

- ¿Cuál es el personaje que soñás con interpretar?, le dispara el periodista (irremediablemente siempre lo hace) al actor u actriz que enfrenta una de las tantas entrevistas de su carrera. La respuesta varía de acuerdo a cada sueño personal pero todos están seguros que, cuando llegue la oportunidad, sabrán reconocerlo. No siempre será el deseado pero, tarde o temprano, se transformará en "ese" punto culminante de su filmografía.

Ser actor/actriz no parece una tarea fácil. Meterse en la piel de un ser extraño debe ser un proceso que no siempre resulta placentero, mucho menos aún cuando hacerlo implica transmutarse físicamente. Pero si eso desembarca con el personaje anhelado, cualquier esfuerzo es poco comparado con la satisfacción del resultado. Una regla que tiene que ver con la actuación apasionada pero que no escapa a los convencionalismos de Hollywood. Aunque cueste creerlo.

Hace dos años la bonita Charlize Theron se transformó, a fuerza de maquillaje y unos cuantos kilos de más, en Aileen Wuornos, una chica con ciertos deseos de matar que rara vez reprimía. El "cambio" le dio a la actriz todos los premios y una gran popularidad a una película independiente como "Monster" (Patty Jenkins, 2003). Claro que, como en la mayoría de estos casos, la caracterización era tan realista que Theron opacaba al filme en sí.

Gran cantidad de intérpretes han pasado por diferentes cambios en pos de sus personajes. Robert de Niro (¡camaleón por excelencia!) engordó más de treinta kilos para "Los intocables" (Brian de Palma, 1987), Daniel Day Lewis tomó muchos anabólicos para ser "El último de los mohicanos" (Michael Mann, 1992) , Reneé Zellwegger engordó bastante para convertirse en Bridget Jones (y lo volvió a hacer tres años después para la secuela) y Eric Bana dejó su aspecto flacuchento para ser "Chopper" (Andrew Dominik, 2001).

Pero, sin lugar a dudas, y como afirman sus fanáticos en sitios de la red, Christian Bale se llevó las palmas (por lo menos por el momento). El ahora encapuchado adelgazó más de veinte kilos para convertirse en Trent Reznick o "El maquinista" (Brad Anderson, 2004). La imagen del actor en el afiche promocional y en las primeras escenas de la cinta no perturban tanto como aquella en que se mira su torso desnudo al espejo. A partir de ese instante el filme deja de ser lo que era para pasar a ser simplemente: Christian Bale. No se puede evitar dejar de mirarlo y sorprenderse. ¿Cómo lo hizo? ¿Es él o un doble? Indudablemente es Bale. El mismo que cuando "El maquinista" llegaba a las estanterías de los videoclubes nacionales (se estrenó directamente sin pasar por los cines) corría con la máscara del murciélago en "Batman inicia" (Christopher Nolan, 2005) en las pantallas locales. La comparación vigoriza aún más la sorpresa. Eso sí, la historia de este maquinista pasa a segundo plano. El es la película.

Este debe ser para Bale el papel soñado. Aquel que lo marcará en su carrera. Pero hay que ver cuánto cada actor/actriz está dispuesto a hacer para transformarse. Y cuánto cada director querrá ceder para que su historia sea recordada (sólo) por la actuación del protagonista.

El debate se acrecienta. Los actores defienden su espacio. Los directores el suyo. Los espectadores sentencian. ¿Hasta dónde llegaríamos para el papel de nuestros sueños?


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