Tarzán, el rey del mundo siempre vuelve

Edgar Rice Burroughs hace más de 100 años viene entreteniéndonos con su mayor creación “Tarzán” que no pierde atractivo y ahora regresa en una nueva versión.





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“La leyenda de Tarzán”, que se estrena el próximo jueves, mantiene la acción y sobre todo el romance que ha hecho que la historia del rey de los monos siempre atrape al público.(Foto: Gentileza )

La revista “All Story Magazine”, en octubre de 1912, publicó una historia llamada “Tarzán de los Monos” escrita por el estadounidense Edgar Rice Burroughs.

La trama estaba ambientada en 1888 y contaba cómo la corona británica le encomienda a John Clayton, Lord Greystokeen viajar hasta Sierra Leona para resolver problemas con los nativos del lugar. Éste decide viajar con su esposa embarazada, pero después de un amotinamiento en el barco en el que viaja son abandonados en una playa cercana a la jungla. Con las provisiones, armas y herramientas que les dejan, la pareja hace lo que puede para sobrevivir. Alice, la esposa de John, da a luz tres meses después a un varón al que llaman John. Pero al año ella muere mientras duerme y él es asesinado por Kerchak, el líder de una manada de simios conocidos como Mangani.

Kala, una madre que acaba de perder su bebé a manos de Kerchak, protege al pequeño bebé de su líder y lo adopta llamándolo Tarzán (“Piel Blanca”, en su idioma original). Con el correr de los años, el niño irá aprendiendo cómo defenderse, luchar contra los demás animales, encontrará la cabaña construida por sus padres y se dará cuenta de que es un ser humano y se convertirá en el rey de los Mangani al matar a Kerchak.

Cuando Kala es asesinada por un guerrero y Tarzán lo persigue y lo mata, siente que nada lo ata a su tribu y decide irse a vivir a la cabaña de sus padres. Después aparecerán los hombres blancos que ve por primera vez, con Jane a la cabeza; el nacimiento de su amor, el aprendizaje que le brinda el oficial francés Paul D’Arnot para que aprenda a comportarse como un hombre civilizado, el descubrimiento de su verdadera identidad, el viaje a los Estados Unidos en busca de Jane, y su posterior amargura al enterarse de que está comprometida con William Clayton.

A grandes rasgos, de esto trataba la novela que se convirtió rápidamente en un gran éxito. Tanto que durante las siguientes décadas Burroughs siguió escribiendo libros que continuaban la historia del personaje. Tan feliz lo hizo su criatura que fundó su propia compañía en 1923, Edgar Rice Burroughs, Inc., que todavía tiene el copyright de sus trabajos literarios (algunos de ellos, los primeros principalmente, pasaron a dominio público) para poder explotarlo en todos los medios posibles.

Los ciudadanos de la comunidad que surgió alrededor del rancho que compró al norte de Los Ángeles, California, y al que llamó “Tarzana”; votaron en 1927 para adoptar ese nombre y así nació esa comunidad. Y hasta su hija Joan se casó con un actor que lo interpretó: James Pierce -fue el cuarto en hacerlo en la película “Tarzán y el León de Oro” (1927)-. Nada mal para alguien que nunca había puesto, ni lo hizo, un pie en África.

En 1912 Tarzánhabía salido en una revista pulp, dos años después en un libro, no pasó mucho para que el Rey de los Monos saltara rápidamente de la literatura a otros medios más masivos y de rápida difusión. Así fue que se realizó su primer filmE titulado “Tarzán, el Hombre Mono” (1918), protagonizado por Elmo Lincoln. Esta película muda, filmada en Louisana, tuvo en realidad a otro actor primero llamado Stellan Windrow, que por esos años usaba el nombre artístico de “Winslow Wilson”. Windrow comenzó el rodaje pero a las cinco semanas dejó todo para enlistarse y pelear en la Primera Guerra Mundial. Aunque no aparece en los créditos, hay varias de sus escenas que quedaron en el corte final como las de Tarzán nadando o las que ocurren en los árboles (Lincoln era más chiquito y fornido y le costaba trabajo poder realizarlas así que dejaron las que habían filmado con Windrow).

“The All-Story Magazine” siempre publicaba sus hitorias por entregas. Tarzán fue la excepción y ocupó una revista completa.

Tan atractivo por su contexto como por su historia, Tarzán se convirtió en un personaje que rápidamente compró el público. Una vez que pisó fuerte en la pantalla grande no pararon de salir películas y seriales basados en él, sin importar quién lo interpretara. Lincoln lo hizo en un par de oportunidades más, pero entre medio de esos dos filmes fue el actor Gene Pollar quien se calzó el taparrabos en “La venganza de Tarzán” (1920), película de la cual lamentablemente no hay ninguna copia en existencia. P. Dempsey Tabler fue el primero en aparecer como el personaje en un serial: “El hijo de Tarzán” (1920). A estos actores les siguieron el ya mencionado yerno de Burroughs James Pierce, a quien el escritor convenció en una fiesta en su rancho para que lo interprete y deje el rol principal del filme que estaba por hacer: “Alas” (Wings, 1927), papel que tomo un joven Gary Cooper y que lo convirtió en estrella. El campeón nacional de gimnasia Frank Merrill (en 3 oportunidades), que había sido doble de Elmo Lincoln en el serial “Las aventuras de Tarzán” (1921). Después llegó en 1932 el gran Johnny Weissmüller, el más popular actor en interpretarlo. Se estima que ganó más de dos millones de dólares con todas sus películas.

Los siguientes actores, tanto de seriales como de películas, filmes para televisión, o series nunca lograron igualarlo pero bien vale la pena nombrarlos: Buster Crabbe, Bruce Bennett, Glenn Morris, Lex Barker (5 oportunidades), Gordon Scott (6), Denny Miller, Jock Mahoney (2), Mike Henry (3), Ron Ely -en la serie “Tarzán” (1966-1968)-, David Carpenter, Robert Ridgely -le puso la voz a la famosa serie animada “Tarzán, rey de la jungla” (1976-1978)-, Miles O’Keeffe, Christopher Lambert, Joe Lara –hizo dos películas para televisión y protagonizó la serie “Las nuevas aventuras de tarzán (1996)-, Wolf Larson -estuvo en la serie “Tarzán” (1991-1994)-, Casper Van Dien, Tony Goldwyn (le puso su gola a la película animada de Disney), Michael T. Weiss -puso la voz a la secuela del éxito de la compañía del ratón y a la posterior serie animada-, Travis Fimmel, Harrison Chad y Kellan Lutz. Al menos todos ellos trabajaron en producciones que acreditaban a Burroughs, ni siquiera nombramos las versiones españolas, filipinas o de otros países que usaron la fama del personaje.

En otros formatos, la historia del niño criado por simios fue hecha, por ejemplo, en historieta. Harold Foster la dibujó en 1929 para United Feature Syndicate y comenzó a publicarse en varios diarios de los Estados Unidos. Foster rechazó adaptar la segunda novela y en 1931 arrancó una tira dominical pero esta vez con dibujos de Rex Maxon.

El que definitivamente le dio el aspecto con el que lo conocemos y que se mantuvo hasta la actualidad fue Burne Hogarth, que trabajó en el personaje durante 12 años. En la década del setenta volvería a encargarse de él en un libro de tapa dura (“Tarzán de los Monos”) que se publicó en varios idiomas, y es considerado una de las primeras novelas gráficas.

En 1976 le siguió el segundo trabajo de Hogarth: “Jungle Tales of Tarzan”. Esto sólo por nombrar a las obras más relevantes, ya que Tarzán pasó por las editoriales Dell, DC, Marvel, Blackthorne, Malibu y finalmente Dark Horse que lo viene publicando desde 1996 hasta el día de hoy.

Johnny Weissmüller fue quien más veces interpretó a Tarzán.

La radio, tan popular en las primeras décadas del siglo pasado, lo tuvo como protagonista. Primero en un programa con James Pierce que se emitió desde 1932 a 1936, y después otro con Lamont Johnson que fue desde 1951 a 1953. En la Argentina, a comienzos de los años cincuenta, Radio Splendid emitió una serie llamada “Las aventuras de Tarzán”, con César Llanos como protagonista y secundado por Mabel Landó y Oscar Rovito. Estaba auspiciado por Toddy, se trasmitía de lunes a viernes a las 17:30 (después se cambió a las 18 para que los chicos pudieran llegar a escucharlo al salir del colegio) y duraba 15 minutos. Estuvo al aire durante 5 años y, como anécdota, cabe contar que los efectos especiales estuvieron a cargo en una época de Alberto Olmedo.

Así como lo ven, también pisó las tablas. “Tarzan of the Apes” se presentó en 1921 en Broadway, con Ronald Adair y Ethel Dwyer (Jane). En 1976 Richard O’Brien escribió un musical inspirado en Tarzán al que llamó “T. Zee”. Disney aprovechó, como siempre, y convirtió su hit animado en una producción musical. “Tarzan” estrenó en mayo de 2006 en el teatro Richard Rodgers en Broadway la misma versión recorrió Europa. Por último, “Tarzan Rocks!” fue un show que estuvo en parque temático Disney’s Animal Kingdom.

El rey de la selva también fue popular entre las series de animación, sobre todo con la de 1976.

Y con el boom de la tecnología también vinieron los videojuegos. “Tarzan Goes Ape” salió en los años ochenta para la recordada Commodore 64. Michael Archer desarrolló un videojuego para la compañía Martech en 1986 llamado, muy originalmente, “Tarzan”. Disney (sí, siguieron lucrando) lanzó juegos para PlayStation, Nintendo 64 y Game Boy. A eso le siguió “Disney’s Tarzan Untamed” para PS2 y Gamecube.

Por supuesto que también inspiró todo tipo de figuras de acción, merchandising, libros para colorear, libros de actividades para chicos y lo que se les ocurra (cómo olvidar la canción Tarzan Boy, de Baltimora). También salieron mangas, documentales, novelas de otros autores, parodias, incluso se le cambió el sexo (Jungle Babe) para protagonizar filmes pornográficos.

Es que no hay dudas de que Tarzán es uno de los personajes más icónicos jamás creados, y también uno de los más adaptados, oficial y extraoficialmente. Burroughs jamás había escrito nada en su vida y se dedicó a crear estas historias porque, en su momento, tenía mucho tiempo libre en su trabajo (era mayorista de sacapuntas de lápices) y leía asiduamente revistas de aventuras. En 1929 recordó: “Si la gente paga por escritos putrefactos tales como los que he leído en algunas de esas revistas, yo podría escribir historias igual de podridas. Doy por hecho que, a pesar de que nunca he escrito un cuento, ignoraba por completo que podía escribir historias igual de entretenidas y, probablemente, mucho mejores que las que tuve la ocasión de leer en esas revistas”.


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