¿Estamos cansados del celular? La tendencia que recupera los pasatiempos de antes y gana popularidad

La fotografía con rollo, los cuadernos y las actividades artesanales vuelven a ganar protagonismo. Por qué cada vez más jóvenes buscan desconectarse de las pantallas y recuperar los pasatiempos de antes.

Por Auribel Zuarce

Los pasatiempos analógicos vuelven a ganar lugar frente al uso constante del celular. Foto ilustrativa.

Los pasatiempos analógicos vuelven a ganar lugar frente al uso constante del celular. Foto ilustrativa.

En una época en la que gran parte de la vida cotidiana transcurre frente a una pantalla, algunas personas están volviendo a actividades que parecían haber quedado en el pasado. Escribir en un cuaderno, sacar fotos con una cámara analógica, tejer, armar rompecabezas o escuchar música en vinilo son algunos de los pasatiempos que recuperan espacio.

El fenómeno se conoce como going analog o regreso a lo analógico y forma parte de una tendencia internacional que busca recuperar experiencias fuera del mundo digital. El interés no se limita a la nostalgia: también expresa una forma de relacionarse con el tiempo libre, la creatividad y los objetos cotidianos.

En 2026, la tendencia sigue presente en las conversaciones sobre consumo y estilo de vida. Un informe de la consultora YPulse, publicado en julio, analiza cómo los jóvenes de América del Norte y Europa occidental se acercan a las actividades fuera de línea, desde la fotografía con rollo hasta los pasatiempos artesanales y la lectura en papel. La búsqueda de experiencias fuera de las pantallas se convirtió así en un tema de interés para las nuevas generaciones.


Escribir a mano, sacar fotos y recuperar el tiempo propio


Entre las actividades que forman parte de esta corriente aparece el journaling, una práctica que consiste en escribir regularmente en un cuaderno para registrar pensamientos, experiencias, ideas o actividades cotidianas. A diferencia de las notas en el celular, el hábito propone dedicar un momento a escribir sin notificaciones ni interrupciones digitales.

También vuelve a despertar interés la fotografía analógica. Las cámaras que utilizan rollos obligan a pensar cada toma, ya que la cantidad de fotografías es limitada y el resultado no se conoce inmediatamente. La espera del revelado y la posibilidad de obtener imágenes imperfectas forman parte de la experiencia.

Un artículo publicado en julio de 2026 por The Conversation y difundido por Fortune destacó el renovado interés de las generaciones jóvenes por esta forma de fotografía. Según los datos citados en esa publicación, en 2025 el 35% de los 42 millones de usuarios activos de cámaras analógicas en el mundo tenía entre 18 y 30 años. El dato muestra el lugar que ocupa el público joven en la recuperación de una tecnología que parecía desplazada por los teléfonos inteligentes.

La tendencia también alcanza a actividades como el tejido, el bordado, la pintura, la cerámica y los juegos de mesa. Son propuestas que requieren tiempo, atención y participación activa, en contraste con el consumo rápido de videos y publicaciones en redes sociales.


¿Por qué crece el interés por las actividades fuera de línea?


Uno de los factores que ayuda a explicar este fenómeno es la búsqueda de una pausa frente a la conexión permanente. El teléfono concentra conversaciones, trabajo, entretenimiento, noticias y redes sociales. En ese contexto, dedicar tiempo a una actividad que no necesita conexión puede convertirse en una manera de establecer límites.

La intención no necesariamente es abandonar la tecnología. En muchos casos, se trata de encontrar un equilibrio entre las herramientas digitales y las experiencias que requieren contacto directo con materiales, objetos y personas.

Otro aspecto es el valor de lo tangible. Un cuaderno permite conservar anotaciones, una fotografía impresa se puede guardar en un álbum y una pieza artesanal es el resultado de un proceso manual. Frente a contenidos que se desplazan rápidamente en una pantalla, estos objetos ofrecen una forma diferente de registrar recuerdos y expresar la creatividad.

La dimensión social también tiene un lugar importante. Los talleres de cerámica, los clubes de lectura, los encuentros para tejer y las reuniones para jugar juegos de mesa permiten compartir una actividad sin que el celular sea necesariamente el centro de la experiencia.

Sin embargo, el interés por estas prácticas no significa que todas estén creciendo al mismo ritmo ni que exista una vuelta generalizada a la vida analógica. La visibilidad de la tendencia en redes sociales no alcanza, por sí sola, para demostrar un cambio masivo en los hábitos de la población.


Una tendencia que también se muestra en las redes


Hay una aparente contradicción en este fenómeno: muchas de las personas que promueven actividades sin pantallas descubren esas propuestas a través de TikTok, Instagram y otras plataformas digitales.

Los videos que muestran diarios personales, cámaras antiguas, procesos de bordado o rutinas de lectura contribuyen a difundir estas prácticas y a convertirlas en parte de una estética reconocible. De ese modo, las redes funcionan tanto como espacio de consumo digital como vía de acceso a actividades que invitan a desconectarse.

El desafío es que la búsqueda de una vida menos digital no se transforme únicamente en otra moda de consumo. Comprar una cámara, un cuaderno especial o materiales para manualidades puede ser el comienzo de una actividad, pero la experiencia también puede desarrollarse con objetos que ya están en casa.


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En una época en la que gran parte de la vida cotidiana transcurre frente a una pantalla, algunas personas están volviendo a actividades que parecían haber quedado en el pasado. Escribir en un cuaderno, sacar fotos con una cámara analógica, tejer, armar rompecabezas o escuchar música en vinilo son algunos de los pasatiempos que recuperan espacio.

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