Tensiones sobre la convertibilidad

Por Aleardo F. Laría



Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional señala que el euro está un 30% infravalorado con respecto al dólar o, lo que es lo mismo, el dólar sobrevalorado con respecto al euro. Para algunos especialistas la moneda europea se ha depreciado más de un 12% frente al dólar en términos reales (20% en términos nominales). Esta sobrevaloración del dólar obedece a variadas causas (la diferencia de tasas de interés con Europa, la débil credibilidad del flamante Banco Central Europeo; etc.), pero básicamente reposa en el crecimiento notable de la economía norteamericana (4,2%), la baja inflación (2,7%), el alto empleo (desocupación en el 4,1%) y el aumento de su productividad (2,9%) con costos laborales en descenso.

Los especialistas consideran a la anticipada incorporación de las nuevas tecnologías de la información, y en particular el uso intensivo de Internet (uno de cada dos norteamericanos la posee) como dos de los factores más importantes de este crecimiento. La fortaleza del dólar es la causa también del notable crecimiento del déficit comercial de EE.UU., que alcanzó los 271.000 millones de dólares en 1999.

La boyante situación de la economía norteamericana y su consecuencia, la fortaleza del dólar, debe ser comparada con la actual situación de la economía argentina y el sistema de conversión que liga el valor de la moneda de nuestro país con el dólar en una relación de 1=1. Si la economía argentina no registra los mismos avances que la estadounidense es indudable que la sobrevaloración del dólar acarrea una sobrevaloración del peso con evidente repercusión en nuestra economía. En la balanza comercial, provoca una desmejora relativa de las exportaciones con respecto a las importaciones, aumentando el déficit de la cuenta corriente. Internamente, con un dólar barato, las inversiones se dirigen a la producción de bienes no transables internacionalmente.

Desde una perspectiva a largo plazo es probable que la mejor estrategia de la Argentina para salir de la actual situación pase por confluir con el Brasil en la conformación de un área monetaria común similar a la de la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de creación de un área monetaria requiere una serie de pasos previos que suponen un período de tiempo prolongado. En el proceso de conformación de la Unión Monetaria Europea se definieron tres etapas que se prolongaron a lo largo de más de diez años. En la primera se buscó la convergencia de las diferentes monedas creando el Sistema Monetario Europeo, un mecanismo para estabilizar los tipos de cambio. En la segunda se establecieron los conocidos criterios de convergencia (tasa de inflación; tipos de interés; déficit; deuda pública y estabilidad de los cambios). Finalmente en la tercera se fijaron las paridades irrevocables y se hizo la transferencia total de las decisiones de política monetaria al Banco Central Europeo (BCE).

¿Existe alguna alternativa a corto plazo? Opina Krugman (Economía Internacional, Krugman y Obstfeld, pág. 822) que “un país en vías de desarrollo que fijase su moneda respecto del dólar, se vería obligado a revaluar su moneda con respecto a las demás si el dólar se apreciara bruscamente en el mercado de divisas. Si, en cambio, se fija la moneda respecto de una “cesta de monedas”, el país puede reducir el efecto sobre su comercio internacional de las grandes oscilaciones en los valores de cada una de las monedas que forman la cesta”. Si la alianza con el dólar resulta tan cara, tal vez una solución transitoria consista en mantener la convertibilidad pero asociada a una cesta de monedas o al euro. Juan Llach sostenía ya en 1997 (“Otro siglo, otra Argentina”) que “sería bien razonable considerar la posibilidad de establecer la convertibilidad contra una canasta de monedas”.

Por otra parte, el art. IV del Convenio Constitutivo del FMI establece que cada país es libre de aplicar el procedimiento que desee para la determinación de su sistema de cambios. Se permite que los países fijen sus tipos de cambio en función de alguna de las tres fórmulas siguientes: con respecto a los Derechos Especiales de Giro (DEG) – o a cualquier otro patrón, salvo el oro -; en función de una moneda; o dejándola flotar libremente en el mercado. El valor de los DEG está referido a una cesta de monedas, tres en la actualidad, que son el dólar, el yen y el euro. Hoy son más de 20 los países que vinculan sus monedas al DEG.

El tipo de cambio no debe sacralizarse, no es, por ejemplo, más importante que el empleo. Debe ser simplemente un instrumento, como otros, al servicio de una política económica dirigida a mantener los equilibrios internos y externos. En cualquier caso, debe iniciarse el debate sobre los inconvenientes ligados al sistema actual de convertibilidad. Es necesario y oportuno discutir y aclarar las causas de los profundos desequilibrios sociales que atenazan la economía Argentina. No sólo por una cuestión de equidad. También porque una economía que genera pobreza y desempleo multiplica los factores que impiden la reactivación económica.


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