Tierra que late
la peña
jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar
Madre de ciudades, madre de tradiciones, y por qué no, madre del folclore, aunque esto último no sea tan tajante. Es que Santiago del Estero está siempre a la cabeza en iniciativas que tienen que ver con las tradiciones, con el folclore, con la música, con eso que ellos mismos llevan en la sangre. Un santiagueño escucha folclore y algo corre por sus venas. Es que lo llevan en el alma, lo traen desde siempre, nacieron con esa música y sus padres, desde siempre hicieron lo mismo. En Santiago el folclore manda, se escucha una chacarera a cada paso, y mire, tal vez sea una torpeza definirlo de este modo, pero se podría decir que en Santiago del Estero se ejerce el folclore todos los días. Hace diez años, un grupo de entusiastas, entre ellos el mentor del bombo legüero, impulsaron una fiesta dentro de otra, porque cada cumpleaños de la ciudad es en sí mismo una fiesta. Idearon otra que se pensó para unos días antes del cumpleaños de la centenaria ciudad. Empezó con fuerza, pero también con timidez, le llamaron la Marcha de los Bombos, donde decenas de personas confluían en un mismo lugar haciendo sonar sus bombos, bailando chacareras, cantando. Y esa timidez se convirtió, diez años después, en la gran Marcha de los Bombos, donde en julio confluyen miles de personas, en lo posible cada uno con su bombo. Están los que saben tocarlo, lo que más bien le dan una caricia, los que intentan hacerlo y los que le ponen voluntad. Pero escucharlos multiplicados por miles implica un espectáculo impensado, nunca visto, que hasta se convirtió en atractivo turístico internacional. Miles de bombos en alto llegando al lugar elegido para la fiesta, desde varias columnas que van hacia el mismo objetivo constituyen un espectáculo maravilloso. Cuando suenan todos juntos, cuando la magia se pone en marcha, la ciudad tiembla, la tierra habla en su propio idioma. Imaginariamente los santiagueños generaron una respuesta. Es como si brotara la pasión por el folclore desde las entrañas mismas de la tierra. Es que en Santiago, hasta los que no son santiagueños sienten la música como si fuera propia. La fiesta por el cumpleaños de Santiago del Estero dura una pila de días, porque es antes, durante y después de la fecha y ahora con la Marcha de los Bombos, se convirtió en la excusa justa para pensar en folclore, sentir la fiesta. Los santiagueños tienen muy metida la idea de que las tradiciones se siembran, se transmiten de generación en generación, muere un santiagueño y el folclore, la música, las tradiciones perduran. Ellos mismos dicen que cuando llega un nuevo santiagueño a su tierra, ya llega no con el pan bajo el brazo, sino con la chacarera bajo el brazo. Para definir todo este sentimiento, encontré una que me pareció muy justa. “Santiago del Estero es cuna del folclore argentino, porque en su tierra se mezcló por primera vez lo indígena y lo español, configurando y enriqueciendo las características de su idiosincrasia y variadas manifestaciones vernáculas, como la corriente musical donde se conjugó lo aborigen y lo hispano. De ahí que Santiago del Estero marque con fuerza las tradiciones folclóricas, porque éstas se gestaron en su matriz, y se transmitieron con resonancia milenaria y eterna, penetrando en lo más profundo del alma del pueblo, exaltando el sentimiento de patria, de orgullo cívico y de amor a la tierra natal”. La Marcha de los Bombos es una idea maravillosa dentro de una historia profunda y cargada, de una provincia sufrida y llena de carencias, pero al mismo tiempo cargada de una fuerza y una magia que hace que su gente cante, sienta, y haga sonar hasta la tierra.