Tompkins y el ambientalismo polémico

El millonario estadounidense divide aguas en Chile y Argentina. Impulsa reservas naturales estrictas para evitar el abuso del suelo. Nacionalistas y políticos se oponen a sus planes en los esteros del Iberá.



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El millonario posee 400.000 hectáreas en la Argentina y Chile (foto), donde preserva la naturaleza en el parque Pumalín. En los esteros del Iberá, el estadounidense tiene una propiedad en la que protege a las especies silvestres de la agricultura y la alteración que genera el progreso.

SHANE ROMIG

AP

Un ex magnate de la moda que adquirió una vasta porción del sur de Chile en nombre de la protección ambiental ahora ha puesto sus ojos en los esteros del noreste de Argentina, a los que quiere salvar del desarrollo agrícola.

Douglas Tompkins, el millonario estadounidense fundador de la línea de indumentaria North Face and Esprit ha comprado más de 240.000 hectáreas de los Esteros del Iberá, una región pantanosa donde abunda la vida silvestre. Para algunos es un héroe por su custodia del medio ambiente. Otros ven en su compra de tierras una amenaza al patrimonio nacional.

En una entrevista con AP, Tompkins explicó que la agricultura industrializada está consumiendo grandes porciones de los pantanos y llanuras de Argentina y que las capas superiores del suelo están desapareciendo. "Adonde quiera que mire aquí en Argentina veo un abuso masivo del suelo... como ocurrió en Estados Unidos 20 ó 30 años atrás'', dijo.

Tompkins espera hacer en la Argentina lo que hizo en Chile: crear grandes áreas protegidas de la agricultura y el desarrollo industrial y, en el futuro, devolverlas al gobierno como reservas naturales. Actualmente posee más de 400.000 hectáreas en Chile y Argentina, que en conjunto forman un territorio mayor a la superficie de Bélgica.

Pero sus posesiones son tan vastas que despiertan desconfianza. Sus críticos agitan teorías conspirativas, acusan a Tompkins de buscar apropiarse de una de las mayores reservas de agua dulce de Sudamérica y temen que nunca vaya a devolver esas tierras al Estado. "Estas tie

rras no deberían pertenecer a un individuo y mucho menos a un extranjero'', se quejó el activista Luis D'Elía, quien argumenta que el magnate podría quedarse con el "control de recursos que van a ser escasos en el futuro, como el agua''.

Las posesiones de Tompkins en Argentina se ubican sobre el Acuífero Guaraní, que se extiende hacia el norte hasta Paraguay. Los pantanos permanecen silvestres, con ciervos que se alimentan de pastos altos, familias de carpinchos que chapotean en el agua barrosa y caimanes que se calientan al sol en las orillas de pequeñas islas.

Varios millonarios extranjeros han comprado alrededor de 1,8 millón de hectáreas en

Argentina y Chile en los últimos 15 años Sylvester Stallone, Ted Turner y el italiano Luciano Benetton, entre otros. Tompkins fue uno de los pioneros y compró tantas tierras en Chile como para dividir a la mitad el país. Los funcionarios argentinos le vieron la veta a fines de los '90 y buscaron captar su filantropía alquilando un avión con el que lo llevaron a recorrer áreas de importancia ecológica.

"El presupuesto para conservación de tierras me estaba haciendo un agujero en el bolsillo'', dijo Tompkins. En 1998 compró una propiedad de 48.500 hectáreas y ha incrementado sus posesiones en Argentina hasta alcanzar las 240.000 hectáreas. Pero hasta ahora sólo se ha dedicado a atraer turistas ecológicos a los que alberga en tres viejos ranchos que han sido renovados como casas de huéspedes.

El fondo fiduciario de Tompkins, Conservation Land Trust, pretende recuperar los osos hormigueros, nutrias y hasta jaguares que habitaban la región y que prácticamente han desaparecido. Pero sus vecinos granjeros desconfían de sus intenciones. "No creen que el proyecto sea realmente para conservación sino una cubierta para otros intereses'', dijo Sofía Hienoen, directora del proyecto Iberá, mientras un ñandú picoteaba la red metálica contra mosquitos de la ventana de una de las casas de huéspedes.

 

La política mete la cola

 

La política internacional también desempeña un papel importante. El rechazo a Estados Unidos por la guerra en Irak y las políticas de Washington para América Latina es elevado y algunos ven a Tompkins como otro intruso imperialista que viene del Norte.

El resentimiento alcanzó su punto máximo el año pasado cuando D'Elía, que por entonces ocupaba un puesto en el gobierno de izquierda del presidente Néstor Kirchner, acusó a Tompkins de bloquear el acceso a caminos públicos y cortó algunos los alambrados de su propiedad. "El cometió el atropello de alambrar la ruta provincial número 6, que es el único acceso y egreso que tienen los pobladores del lugar'', argumentó D'Elía.

José Luis Niella, un sacerdote católico y activista social, dijo que la gente pobre de la región ya no tiene acceso a las tierras donde sus antepasados vivieron libremente durante generaciones. "No es justo que sólo se preocupe por la protección del ambiente'', se quejó.

En Chile, el senador independiente Antonio Horvath se ubicó en la misma línea, sostuvo que el gobierno chileno debe tomar una decisión sobre el uso de las tierras y se quejó de que "efectivamente en Chile hay lugares donde (Tompkins) ha comprado tierras desde la frontera en el mar, separando al país en dos''. Legisladores de la oposición en ambos países han intentado en vano expropiar las posesiones de Tompkins o poner límites a sus compras de terrenos.

Tompkins hace caso omiso a las críticas. "Si tuvieras que irte a dormir cada noche pensando en cada acusación que puede aparecer al día siguiente, terminarías consumido'', dijo. "Algunas son hasta graciosas... sólo tienes que vivir con eso y enfocarte en las cosas que estás haciendo''.

Tompkins insiste en que devolverá las tierras a los gobiernos de ambos países para que sean preservadas como reservas naturales o parques, y que seguirá adelante con su proyecto, "un muy buen ejemplo de lo que la conservación privada puede hacer''.


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