Total abandono en la escuela de Aguada Cecilio

Decidieron no comenzar el ciclo lectivo. Unos 35 chicos viven en el albergue escolar.




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Ni siquiera la campana se salva del abandono. Todo es viejo y está roto, pero allí los reclamos tienen respuestas lentas o no las tienen. Este es el baño, o al menos lo que parece un baño, donde el riesgo está siempre presente.

AGUADA CECILIO (Enviado especial, Pedro Caram).- A cinco días del inicio de clases no hay algarabía en la Escuela Hogar de este paraje. Sólo angustia e indignación invade al personal directivo y docente del establecimiento que se ha visto obligado a resolver el no inicio de actividades con los alumnos debido a las graves falencias internas y externas en el lugar, muchas de las cuales no solamente podrían afectar la comodidad de los alumnos sino también poner en riesgo su salud y su integridad física.

"Río Negro" visitó ayer la institución y la primera impresión empieza a despejar cualquier duda.

El término para definir el estado de situación es abandono. Una tulipa de una luminaria del patio pende de un tornillo movida por el intenso viento que generalmente sopla en este paraje situado a 35 kilómetros de Valcheta y a 80 de San Antonio Oeste a la vera de la Ruta 23.

Canteros rotos, árboles caídos, postigos atados con alambre, el patio con los baldosones gastados y ásperos, postes de luz inclinados, chapas y hierros en el predio y nada que separe la escuela de las calles y el resto del paraje, conforman la primera evidencia de que el Estado se ha olvidado de sus responsabilidades en este alejado poblado del sur rionegrino. Hasta la campana está quebrada y hay huecos en las paredes.

Pero la charla con los docentes que se encuentran reunidos para definir sus planes para el ciclo lectivo que comienza agrega elementos a esa imagen inicial. Una recorrida con el plantel completo por las destruidas instalaciones permite descubrir más detalles que confirman la desidia estatal.

Al describir el cuadro actual, el director Claudio Ñancucheo, los cuatro auxiliares docentes y los cuatro de grado coinciden en que los reclamos llevan ya varios años sin respuesta.

Una nota reciente, con la firma de todo el personal, elevada a todas las autoridades involucradas en la problemática motivó que un obrero llegara ayer a realizar mínimas reparaciones.

"Pero no vamos a comenzar hasta que por lo menos la fumigación, la limpieza de los tanques de agua y los problemas eléctricos se solucionen. Mientras, esperaremos el compromiso por todo lo demás", aseguran al tiempo que caminan mostrando como guías turísticos las ruinas de lo que podría ser un monumento integrante del patrimonio histórico provincial, pero que en nada se parece a un lugar seguro para los cincuenta chicos que asisten a la escuela.

De ese total que toma clases en ese edificio, treinta y cinco viven permanentemente en el albergue, lo que potencia las posibilidades de accidentes provocados por los innumerables riesgos a los que se exponen los alumnos ante la falta de un cercado perimetral correspondiente y tantas carencias que se observan a simple vista.

Cables pelados en casi todas las paredes externas e internas, las tapas de los hornos de la cocina del albergue atadas con alambre, la cisterna con el agua con la que se bañan y lavan los ropa en condiciones totalmente antihigiénicas, mingitorios de los baños de varones fuera de funcionamiento, filtraciones por los techos que inundan habitaciones aumentan la lista que los docentes y directivos han expresado ante muchos funcionarios a lo largo de los años, sin obtener ninguna solución.


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