Traful volvió a exigir justicia por Atilio Gallegos

A cuatro años del crimen del joven, más

VILLA TRAFUL (AVLA).- Más de 150 personas marcharon en Villa Traful reclamando justicia por el asesinato de Atilio Gallegos, el joven de 21 años discapacitado mental.

A cuatro años del crimen, no hay ningún imputado, y si bien la causa no está cerrada, desde hace meses la investigación está paralizada.

Como todos los años, esta pequeña aldea de 400 habitantes volvió a revivir el viernes aquella mañana en que la policía encontró el cuerpo sin vida de Atilio a orillas del Lago Traful. Según las pericias, el joven murió ahogado al atardecer del día anterior: el 17 de marzo de 2002. La forma en que se encontraba el cuerpo hizo sospechar que no se trataba de un accidente, sino de un homicidio.

«Como madre, y todos los que nos rodean no vamos a descansar hasta que se haga justicia y se sepa que pasó», aseguró Fernanda Astete, madre del joven. A pesar de la lluvia y el frío, una gran parte de la comunidad de Traful se volcó a las calles nuevamente para acompañar a la familia en el reclamo de justicia. La marcha partió desde el muelle viejo, donde fue encontrado el cuerpo, hasta el cementerio donde descansan los restos de Atilio. Allí, el cura Rubén Capitanio, quien está al frente de la lucha junto a la familia y la comunidad, brindó una oración y un homenaje al joven asesinado.

La causa está caratulada como «muerte dudosa». El abogado de la familia –financiado por la comunidad–está reclamando la realización de careos, nuevas pruebas y análisis de escuchas, entre otras cosas.

Asimismo, la familia y Capitanio afirman que hubo irregularidades en las pericias. «Todo fue muy confuso, hubo contradicciones en los testimonios de los testigos y no hubo ningún careo, también hubo problemas con las autopsias y se perdieron pruebas», aseguró el párroco. Por esa «negligencia», el personal policial del destacamento fue removido.

Atilio Gallegos tenía entonces 21 años. Si bien sufría una discapacidad mental, participaba de muchas actividades sociales y tenía una capacidad intelectual suficiente para entender lo que le explicaran. Todos los domingos salía a las 3.30 de la tarde de su casa, iba al salón comunitario y recorría diversos locales hasta las 7 de la tarde, hora en que comenzaba la misa. El 17 de marzo por la tarde inició su rutina, pero nunca llegó al salón comunitario ni a la capilla. La última vez que lo vieron fue a las 5 de la tarde caminando por la calle.

No obstante, días después del crimen, el párroco recibió un mensaje anónimo en el que una persona decía que había visto al joven entrar en el destacamento policial a las 6 de la tarde y que nunca lo vio salir. El testigo nunca se presentó y el papel es parte del expediente.

Ese domingo a las 10 de la noche comenzó el rastrillaje. A las 11 de la mañana del día siguiente encontraron el cuerpo en posición fetal, a 80 cm de profundidad debajo de una embarcación en el muelle viejo, a orillas del Lago Traful. En sus manos aún seguía firmemente apretada una bolsa que solía llevar. Tenía marcas de golpes en la cara y el cuerpo.


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