Traqueteo ensordecedor



A veces se comete la imprudencia de hablar al mismo tiempo y/o a los gritos. Eso lleva a la incomprensión. Algo así como lo que le pasó a aquel conductor de tranvías que se topó con un hombre andando en una destartalada bicicleta y cuyos movimientos provocaban un ruido ensordecedor sobre el empedrado. Oiga amigo -trató de advertir el chofer- su bicicleta traquetea mucho. Lo siento, pero no lo escucho -le contestó quien pedaleaba sobre dos ruedas-, es que mi bicicleta traquetea mucho.

Los dos sabían de lo que se trataba, pero no se entendían. La Argentina padece este síndrome que termina enfrentando, por ejemplo, al gobierno con los organismos financieros internacionales a raíz de la deuda impaga a los bonistas privados, y a la mayor parte de la población, bien interpretada por el presidente Néstor Kirchner en esta etapa idílica, con el sector de piqueteros más contestatario no dispuesto a cesar con sus cortes compulsivos de caminos.

Como dijo el ministro alemán de Finanzas, Hans Heichel, después de polemizar fuerte con el ministro Rodolfo Lavagna, la situación no es sencilla, pues si bien es primordial que el país debe abocarse a resolver los problemas más extremos de la pobreza y la marginación social, en algún momento va a requerir de créditos frescos y "continuar con la escalada de enfrentamientos" lo haría apartarse del mundo.

"Es sabido que Kirchner se recuesta sobre su costado izquierdo. Pero tiene los dos pies sobre la tierra", acentúan en el gobierno. Ello -dicen- lo lleva a seguir negociando desde una posición de dureza con los acreedores externos (y lo hace con el aval del presidente norteamericano George Bush), manteniendo la oferta de desembolsar sólo un cuarto de lo debido, más un plus adicional incierto atado a nuevos bonos.

Hacia adentro, concede atención a los piqueteros. Los fue disciplinando con paciencia y planes sociales que maneja su hermana Alicia, quien tras las ocupaciones de puentes y rutas del jueves pasado, apura la instrumentación de las tarjetas magnéticas para hacer más transparente la distribución de los fondos públicos, con la menor injerencia posible de los "punteros".

El trato a los distintos grupos organizadores de piquetes se fue haciendo desigual e incluso originó polémicas en la Rosada. En algún momento, el jefe de gabinete Alberto Fernández, promovió la creación de una brigada especial y fue cruzado por el titular de Justicia, Gustavo Beliz, quien defendió al cuerpo de seguridad urbana de la Policía Federal que, sin armas, está encargada de disuadir a los más violentos. No siempre con éxito, como se vio cuando un conglomerado de lo más anárquico atacó con palos a taxistas y automovilistas en la avenida 9 de Julio, en el ingreso a la autopista que conduce a Ezeiza. Para colmo, un patrullero hizo de remise de los agresores, como se vio por televisión.

Especialmente jaqueado por el barbado Raúl Castells, el ministro Carlos Tomada, promovió una acción penal hace unos meses cuando virtualmente fue retenido en su despacho por los intransigentes. "Este es el límite", bramó entonces, pero Kirchner le hizo desactivar la denuncia en el entendimiento que de esa forma le quitaría magnitud a la acción de esos hombres de escasa representatividad electoral.

Al retomar el viernes su evaluación del fenómeno piquetero, Kirchner no dudó en encuadrarlos en una mecánica de "fundamentalismo mesiánico" que a su manera apunta a "reprimir y extorsionar" a la gente que quiere ir a trabajar. De hecho, el día anterior fueron muchos los ciudadanos que no concurrieron a sus tareas habituales, temerosos de los incidentes que se pudiesen registrar en el trayecto.

Kirchner resaltó que "se gobierna por la voluntad del voto, que es la única forma de convivencia, real y concreta que pueda tener una democracia moderna y progresista, capaz de expresar a los distintos sectores".

Así las cosas, con líderes piqueteros como Luis D'Elía, defensor a ultranza de la actual administración y detractor de los seguidores de Eduardo Duhalde, un aliado de Kirchner, el gobierno apostará a seguir con el diálogo, lo que no significa -se aclaró- a ceder "al toma y daca de Castells", quien propone que se den de alta 250.000 planes jefes y jefas de hogar dados de baja correctamente.

De esos 250.000 -se informó-, 130.000 cesaron porque consiguieron empleo y otros 45.000 porque durante tres meses no fueron a cobrar. Unos 20.000 fueron depurados porque también eran empleados municipales. Y los caídos por problemas formales están siendo restituidos.

"No institucionalizaremos la extorsión política de Castells, ese es un mecanismo perverso", argumentó uno de los kirchneristas más permeable a los reclamos sociales.

Los responsables de la sensitiva área social explican que el piqueterismo es la expresión real del derrumbe económico que dejó fuera del reparto a casi el 60 por ciento de los argentinos, y que ahora están tratando de ser integrados. Aseguran que ya los dos tercios de esas organizaciones entendieron que no debían desgastarse más en la calle y que el tercio restante "decidió seguir usando la marginación y la pobreza como botín político".

"Se están aislando solos, del gobierno y del resto de los grupos piqueteros", afirman al lado de K. El próximo paso del gobierno es avanzar en las contradicciones existentes dentro de los grupos más rebeldes, porque observan que muchos de sus adherentes adhieren a la figura del presidente, independientemente de lo que predican dirigentes como Castells y Pitrola.

Los kirchneristas también tienen otra visión del problema. Dicen que los ultras de la derecha (en el campo internacional) coinciden en el "apriete" con los ultras locales de izquierda y aherrojan la postura presidencial de negociar con dignidad.

Ese es el motivo, por más que de señales de moderación, por cual Kirchner está tan molesto con quienes, como Heichel, advierten sobre los embargos de bienes argentinos en el exterior, como con los piqueteros desbandados que con su traqueteo hasta tienen "cansada" a la testaruda Madre de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.

 

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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