Tras los pasos de terroristas en la conflictiva Triple Frontera

Hay más de 2.000 efectivos en la región. Es una zona muy vigilada luego del 11 de setiembre. Se la vincula con el atentado a la AMIA.



e Frontera es una zona caliente. Una región donde todos los días una muerte violenta se imprime en las páginas de los diarios, un territorio que impone sus propias reglas.

Este es el punto de encuentro entre el Brasil, Paraguay y la Argentina donde habitan algo más de 28.000 árabes de diversas nacionalidades.

En estas últimas semanas, la vista de la opinión pública se fijó en esta región, ya que son muchos los comentarios que la relacionan con grupos terroristas islámicos. Una de las pistas que se investigan sobre el atentado a la AMIA, ejecutado en julio del “94, también apunta a esta zona.

El 95% de los árabes localizados en la Triple Frontera vive entre las ciudades de Foz de Iguazú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay).

A ambas localidades las divide el “Puente de la Amistad”, por donde diariamente pasan algo más de 10.000 vehículos con todo tipo de mercadería.

Las une el comercio, legal e ilegal, actividad que todavía mantiene viva a toda esta región. Es una zona sin tolerancia, donde uno puede encontrar la muerte en manos de un sicario por menos de 50 dólares.

Armas de todo tipo, preservativos musicales, electrodomésticos truchos, computadoras a precios irrisorios y drogas pueden adquirirse en los distintos locales comerciales habilitados en Ciudad del Este.

Más de 2.000 efectivos policiales y de inteligencia de la Argentina, Brasil y Paraguay controlan los 500 kilómetros cuadrados que concentra esta región y que contienen cerca de medio millón de habitantes, muchos de ellos sumergidos en la peor de las pobrezas.

Sólo del lado argentino, en Puerto Iguazú, existen cerca de 600 representantes de las fuerzas de seguridad.

Personal de Gendarmería, Policía Federal, Prefectura, Policía provincial y agentes de la SIDE son los que más se ven patrullando las calurosas y húmedas calles de la ciudad.

Algunos de estos agentes se dedican a efectuar controles, poco eficientes en la mayoría de los casos, sobre el contrabando que intenta ingresar al país desde el Paraguay y el Brasil. La denuncia del caso fue presentada hace tres años en un informe exclusivo realizado por este diario en donde se detallaba cómo se efectuaba el contrabando de todo tipo de productos desde Ciudad del Este a la Argentina.

Poco cambió desde aquella fecha en la región.

Otros hacen trabajos de inteligencia para mantener informados a sus superiores sobre los movimientos de los principales empresarios árabes en la región.

Días después de los atentados perpetrados por extremistas islámicos que destruyeron las Torres Gemelas en Nueva York y parte del Pentágono en Washington, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) desplegaron una docena de agentes en la región para establecer posibles contactos entre estos empresarios árabes y grupos islámicos de Medio Oriente.

El Servicio de Inteligencia de Israel, el Mossad, también está presente en las calles de Foz de Iguazú. Algunos de los informes elaborados por los agentes norteamericanos enclavados en esta tórrida región detallan que, desde la Triple Frontera, salen fondos para financiar a grupos extremistas en el Líbano.

Otros arriesgan aún más, al mencionar que existen indicios de la presencia de células terroristas “dormidas” pertenecientes a diversos grupos islámicos, entre los que se encontrarían Al Qaeda, Hizbollah y Hamas.

“Todo cambió después del 11 de setiembre”, abre la charla con “Río Negro” el principal Roberto Salvador Ontivero, a cargo del Departamento de Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal (DUIA) con asiento en la región.

“Hoy en la Triple Frontera existen más “servicios” que árabes. No es joda…”, comenta con ironía.

El oficial, hombre de unos 40 años, mate en mano, nos relata con cierta desconfianza cómo se vive hoy en la Triple Frontera y nos remarca que muchos de los árabes que hoy busca Estados Unidos ya no están en la región.

“Hay indicios, tanto en el Paraguay como en el Brasil, de la existencia de personas que tienen un alto grado de afinidad con grupos terroristas de Medio Oriente”, remarca sin arriesgar mucho más pese a las continuas preguntas efectuadas.

Luego de un intervalo en el que detalla con orgullo el paso de su familia por la fuerza policial, el oficial de la DUIA deja trascender la existencia de grabaciones de la SIDE en las que se identifican a empresarios libaneses radicados en Foz de Iguazú comentando el envío de fondos para la “zona caliente de Medio Oriente”.

Con estas grabaciones, el Servicio de Inteligencia armó un “mapa religioso” relacionando a las mezquitas existentes en la región con los grupos extremistas árabes que hoy están enfrentando al ejército israelí en territorio palestino. Y de estas mismas grabaciones se dedujo que una parte de la comunidad chiíta de la Triple Frontera habría participado del atentado a la AMIA.

Dos fueron los nombres que se encontraron en este “mapa religioso”: el de Faruk Omairi, un rico comerciante de la región y líder espiritual chiíta, y Assad Barahat, dueños de las tiendas Jebai Center instaladas en Ciudad del Este.

El ciudadano libanés Assad Ahmad Barahat -sindicado por fuerzas antiterroristas norteamericanas como supuesto jefe del “”ala militar”” del Hizbollah o Partido de Dios en la Triple Frontera- fue la persona más buscada en esta zona luego del atentado a las Torres Gemelas, por ser el principal sospechoso de enviar importantes sumas en dólares a Medio Oriente, posiblemente para la causa bélica del citado partido islámico pro-iraní.

Hace tan sólo dos semanas, el empresario apareció en la ciudad de Curitiba, a unos 200 kilómetros de Foz de Iguazú, y dio una conferencia de prensa desligándose de todas las acusaciones.

“Es una zona peligrosa”, nos alerta Ontivero segundos antes de retirarnos de su oficina.

Pero dentro de las fuerzas de seguridad argentinas desplazadas en esta conflictiva región, no todos se alinean detrás de los conceptos de la DUIA.

“Por Dios, pensar que aquí hay terrorismo es no conocer la realidad de la región”, comenta en tono de protesta Juan Bautista Barrios, comandante principal y jefe del Escuadrón de Gendarmería con asiento en Iguazú, cuando es consultado por el tema.

Barrios está a cargo del escuadrón hace más de un año. Descree de todo comentario que se le efectúe sobre posibles contactos terroristas en la Triple Frontera y no deja de pasar oportunidad para mencionar que “hasta ahora todo lo que se dice de esta región sobre las células terroristas son impresiones personales del periodista que escribe, porque nada ha sido probado al respecto”.

– ¿Por qué entonces se habla tanto de células terroristas islámicas en esta zona?, pregunta “Río Negro” frente a esta insistente defensa.

– “No sé. Desconozco cuál es el objetivo de todo esto”, contesta, sin demasiada convicción, el comandante Barrios.

Está claro que sabe más, mucho más de lo que nos responde, pero prefiere callar ante las disímiles posiciones que existen hoy sobre este tema.

No mencionar la sórdida interna que hay entre las fuerzas de seguridad argentinas apostadas en Iguazú es, sin duda, parte de un pacto de silencio que quiere preservar Barrios.

Los llamados

En su publicación de ayer, el diario “Clarín” da un detalle de los llamados que se hicieron desde la Triple Frontera entre el 10 y 18 de julio de 1994:

• El 10 de julio, día en que la Trafic que se habría utilizado como coche bomba supuestamente fue entregada por Carlos Telleldín a los policías que respondían al entonces comisario bonaerense Juan José Ribelli, se detectó un llamado a la central telefónica del Hizbollah en Líbano.

• El 13 de julio se realizó una llamada a la casa de Moshen Rabbani, entonces agregado cultural de la Embajada de Irán en Buenos Aires, que próximamente será señalado por el juez de instrucción Juan José Galeano como coautor del atentado.

• El 14 de julio hay varias llamadas a números no identificados de Irán, una nueva comunicación a la casa de Rabbani, y otras comunicaciones al número del jefe de finanzas de un comité de apoyo al Hizbollah en Brasil, al jefe de operaciones de ese comité y al sheik Taleb, un sospechoso de estar vinculado con grupos extremistas, que entonces vivía en San Pablo.

• El 15 de julio, día en que la Trafic se dejó a dos cuadras de la AMIA en el estacionamiento Jet Parking, hay varios llamados a números de Buenos Aires, otros de cobro revertido hacia Brasil y a Fadlallah, que entonces era el jefe de seguridad del Hizbollah en el Líbano.

• El 18 de julio, día del atentado, se recibieron dos llamados con cobro revertido desde Porto Alegre y salió uno al número del jefe de seguridad del Comité de Apoyo al Hizbollah, en Brasil.

foto: La pobreza y l a falta de controles en Ciudad del Este son un caldo de cultivo para el contrabando de armas.


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