Tras un «annus horribilis», el partido de Aznar afronta elecciones difíciles

Por Jorge Vogelsanger

Tras un año que comenzó muy bien para José María Aznar pero que terminó por convertirse en un «annus horribilis» por la marea negra del petrolero «Prestige», el presidente del gobierno español y su Partido Popular (PP) afrontan en el 2003 una difícil y múltiple cita en las urnas.

Los comicios municipales del 25 de mayo próximo, que coinciden con las elecciones en 13 de las 17 comunidades autónomas -a las que se sumarán en otoño las de Cataluña- serán a juicio de analistas políticos un importante barómetro de cara al impacto que ha tenido en la popularidad del partido de gobierno la catástrofe del petrolero, sobre todo en Galicia, la región más castigada por el vertido.

Mientras el propio Aznar anunció que se equivocan los que consideran que la marea negra acabará por hundir el gobierno y acusó a la oposición socialista de perseguir precisamente ese objetivo, hay quienes -incluso dentro de su propio partido- consideran que el «Prestige», definitivamente, ha restado prestigio al PP.

Ante las críticas de diversos ámbitos por la forma en que el gobierno gestionó la crisis del petrolero, Aznar reconoció errores de la administración, pero también advirtió: «Si alguien responsabiliza a otro de que se produzca un accidente, en ese momento yo creo que en el futuro tendrá que pagar precios muy duros, porque cualquiera lo podrá responsabilizar de cualquier cosa que pase».

En este panorama, no es de extrañar que la oposición, sobre todo los nacionalistas vascos, acusaran al presidente del Ejecutivo de «oportunismo» al promover días atrás una reforma del Código Penal para aumentar de 30 a 40 años de prisión la pena máxima para terroristas de ETA y otros criminales.

Con esta iniciativa, señalaron los críticos, Aznar intenta desviar la atención de la catástrofe del «Prestige».

El propio Aznar ha reconocido que esta tragedia ha «oscurecido» el 2002, un año que para él había comenzado a pedir de boca.

En enero, el XIV Congreso Nacional del PP celebró al político conservador, elegido por decisión propia por última vez como líder de su partido, como el gran referente de la centroderecha en España. Ese mismo mes comenzaba la presidencia española de la Unión Europea (UE), que ofreció al país y a Aznar la oportunidad de una gran proyección internacional durante todo un semestre.

Pero, al final de ese período, las cosas empezaron a torcerse: el 20 de junio, España vivía la primera huelga general contra un gobierno del PP. Le siguió la recuperación del secretario general del opositor Partido Socialista (PSOE), José Luis Rodríguez Zapatero, en el debate sobre el estado de la nación en el Congreso, la crisis con Marruecos por el islote Perejil y el enrarecimiento del clima político a raíz del plan soberanista del presidente del gobierno vasco, el «lehendakari» Juan José Ibarretxe.

A esto se une el debate sobre quién será el sucesor de Aznar como candidato del PP a las elecciones generales de 2004, para las que el PSOE ya ha postulado a Rodríguez Zapatero.

«Trabajaré hasta el último segundo en el que tenga que desempeñar mis responsabilidades y luego, sin cálculo ninguno, en donde me toque», prometió Aznar en el congreso del PP de cara a las elecciones que ahora se acercan cada vez más. A la luz de los últimos acontecimientos, será un trabajo arduo. (DPA)


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