Turismo pionero entre camaruco y picnic galés

La aventurada expedición Anchorena de 1902, con jornadas en tolderías, escalamientos, bajada del Limay, concluyó un mes antes de la fundación de la Colonia Nahuel Huapi y de San Carlos.



 

Durante el verano de 1901-1902, el norte patagónico y cordillerano, fue escenario de hechos propicios al crecimiento regional. El telégrafo marchaba hacia el Nahuel Huapi y se aprobaban partidas para concretarlo, mientras el ministro de agricultura Wenceslao Escalante preparaba el decreto que fundaría -en el otoño inmediato – la Colonia Nahuel Huapi con reserva para los pueblos de San Carlos (Bariloche) y Puerto Moreno (suscripto el 3 de mayo de 1902 o sean 105 años a cumplirse dentro dos semanas y media). El resto del año mantuvo la tendencia positiva coronada el 20 de noviembre con el laudo arbitral británico sobre el conflicto limítrofe con Chile.

El simultáneo viaje patagónico de Aarón Anchorena de aquel verano -precisamente por varias zonas de frontera que cruzó varias veces-, se desplegó parcialmente en recientes ediciones de esta página por su importante carácter pionero turístico, sacrificado y riesgoso. Aquella travesía insumió tres meses y medio y constituyó una audaz y envidiable excursión jerarquizada por los parajes visitados y los personajes encontrados, todo en el contexto crucial y a la vez progresista del momento. Su travesía con amigos y acompañantes -baquianos, custodios y fotógrafo-, no sólo coincidió con buenos sucesos, sino que perduró como un valioso testimonio. Conoció a tres caciques, los más destacados pobladores galeses, suizos, norteamericanos y tras diversos méritos deportivos audaces, coronaron el viaje en “la estancia Confluencia” con un breve encuentro con Francisco P. Moreno recién apeado de la terminal del F. C. Sud.

La excursión sumó actividades que hoy se encuadrarían dentro del “turismo aventura”, pero en condiciones de riesgo y precariedad de elementos. Computó unas 500 leguas de a caballo -según el Dr. Carlos Lamarca, el acompañante que no completó el viaje (LP 20/03/1902)-, un considerable kilometraje de “trekking”, andinismo (escalamiento de dos montañas con glaciares),

caza deportiva y nueve días de “rafting” de alto grado (en bote por el Limay).

 

Natación en Corcovado

 

Además de conocer el ostracismo que se impuso en solitario el naturalista suizo Delessert en plena Patagonia y cazar con el cacique Kankel, fue guiado por éste costeando el río Senguer hasta el lago Fontana. Permaneció18 días, cazó huemules, recorrió con los demás viajeros hasta el “fértil valle de Aysen” y también realizó “la ascensión al nevado Katerfield” (de 1855 metros), una de las “altas cumbres” que meses más tarde fijó el límite del laudo arbitral.

Machete en mano en travesía por entre la selva valdiviana y guiado por el ganadero Steinfeld un ex empleado de Moreno en el Museo de La Plata- conoció el homónimo lago La Plata y, de regreso al Fontana, lo navegó en balsa de troncos. La excursión puso rumbo Norte. La carga, que desde Puerto Madryn partió en dos carros, iba por la cordillera a lomo de mulas cuando el 6 de febrero la expedición encontró “a orillas del Omkel” a los caciques Sacamata y Salpú. Carpas y tolderías compartieron tres curiosas jornadas ya que un “camaruco” permitió estampar el relato de todo el ceremonial aborigen en la memoria que Anchorena publicó al año siguiente (también estuvo con la gente de Saihueque, cacique que murió al año siguiente).

El 10 de febrero, camino de Tecka en “el Portezuelo del Cherque”, una tormenta de nieve bajó la temperatura a -7º. Siguieron por el valle entre las sierras Del Diablo y Putrachoique, y “llegamos a las orillas del Carrenleufú o Corcovado que cruzamos a nado en su nacimiento en el lago General Paz” (bautizado por Carlos M. Moyano, y en algunos mapas como General Vintter). Bordearon la orilla norte hasta encontrar el campamento de la Comisión de Límites encabezada “por el ingeniero Lafferreyre”.

Desde ese campamento hicieron una “preciosa excursión a tres pequeños lagos muy pintorescos” que los apuntes de Anchorena sitúan al noreste donde “nos engolfamos al regreso en un valle sin encontrar salida” y estuvieron tres días perdidos en el bosque, quizás la razón por la que hoy se llamen Lagunas del Engaño.

Pasaron el valle de Tecka poblado por la “indiada de Foyel” y luego por los abandonados lavaderos de oro del río Corintos, cuyo febril historia narró Anchorena. El 20 de febrero cruzaron un cipresal y llegaron a la Colonia 16 de Octubre, se hospedaron en la mejor granja la del galés Martín Underwood- y fueron agasajados con un a pic nic por la familia Roberts, emparentada con su guía George Hammond. El mantel se tendió a cinco leguas de la granja Underwood frente a “un hermosísimo salto de agua de 80 metros…a la que los colonos bautizaron con el nombre de

Cascada Llavallol” por Esteban, compañero del viaje (hoy cascada Nanty Fall -su nombre galés- y paseo turístico cerca de Trevelin).

 

Entre hielos y torrentes

 

Inmediatamente cazaron baguales en el Futaleufú y se internaron en su valle diez leguas al Oeste. Un incendio forestal los puso en peligro y, finalmente, el 5 de marzo salieron por “el boquete Nahuel Pan poblado por

indios manzaneros” para continuar la seguidilla de estancias inglesas Leppá, Lelej (por Leleque), Maitén “donde hay lavaderos de oro de importancia”, y visitaron El Bolsón “donde termina uno de los caminos chilenos en litigio” (hoy de El Manso por Paso León).

El 11 de marzo llegaron al lago Nahuel Huapi “parando en San Carlos, población de los señores Hube y Achelis, alemanes venidos de Puerto Montt, sumamente progresistas y emprendedores”. Consideró su establecimiento como el mayor encontrado en el viaje “con saladero, aserradero, etc. …y un servicio semanal de comunicación con Puerto Montt por el boquete Pérez Rosales”.

Recorrieron el camino que iba hasta Puerto Moreno y al lago Gutiérrez donde el apunte de Anchorena describió la torres del Catedral. Contrataron el vapor Cóndor, visitaron Puerto Capitán y acamparon varios días en la Isla Victoria en compañía de Emilio Frey y los ingenieros del FC Sud que estudiaban alargar el ferrocarril hasta el lago. Navegaron a Blest y cruzaron hasta Casa Pangue donde escalaron hasta una cueva de hielo del ventisquero del Tronador. De vuelta en San Carlos charlaron con el director general de Correos y Telégrafos de la Nación, García Fernández, de visita en la terminal de la línea telegráfica en construcción

Para regresar a Buenos Aires, un bote especialmente construido los esperó en el boliche de troncos del Limay “y conocimos la importante estancia de don Juan (por Jarred) Jones, primer poblador del lago y poseedor de haciendas de raza”, apuntó el aristocrático cronista.

La aventura de bajar el Limay comenzó el 23 de marzo de 1902. Impresionados por el estrechamiento del río en lo que después se llamó “el Anfiteatro”, el bote chocó en los rápidos (ahora inexistentes) de la desembocadura del Traful que obligó a tirar parte de la carga. En Arroyitos dieron con el telégrafo que en realidad ya llegaba hasta Alarcón. El noveno día terminaron el viaje en Confluencia (hoy, Neuquén capital) donde Anchorena departió con F. P. Moreno recién apeado del tren. Se supone que ya allí sugirió se le adjudicara la Isla Victoria. Agonizaba el verano y el 31 de marzo, según La Prensa, el perito siguió, a lomo de mula, hacia Nahuel Huapi.

(Continuará)


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