“Tuve más contención en Río Negro que en Buenos Aires”



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Rodrigo Torres, herido ese día, estuvo grave en el Hospital Zatti de Viedma (foto Marcelo Ochoa).

A diez años de la masacre en la escuela de Patagones

Hoy Rodrigo Torres cree que “se ha tapado mucho, se ha escondido todo debajo de una alfombra... es como que acá no pasó nada, hay personas... olvidadas, y creo que no sirvió de mucho”. Es uno de los cinco heridos sobrevivientes de aquel día.

Menciona amnesias. Para él, los omitidos son “las víctimas y la sociedad”, pues a su criterio “afectó a muchas personas, a la ciudad de Patagones, y a la sociedad” por ser la “primera masacre en América Latina por ahí lo que hacemos es naturalizar la violencia”.

Hay insistencias de su parte: olvidos y falta de memoria, porque “me paro acá y miro para atrás y a mi alrededor, y puedo decir no sirvió, se ha olvidado; decís pasó, laburemos sobre lo que pasó, ¡laburemos!, y creo (que) la violencia en las escuelas la ves, creo que se olvidó...”.

De acuerdo a su visión, hay que “llegar a concientizar en las escuelas”. Puso como ejemplo la invitación que recibió de un establecimiento educativo de la vecina localidad de San Javier, y que si bien hay olvidos, se sintió bien en contarle a los chicos y poder -en parte- digerir la violenta situación con sus amigos del grupo católico Fragua. En la actualidad, este grupo, Dios, su familia y los amigos son sus principales pilares. “Gracias a ellos, creo que sí se puede seguir adelante”.

En cuanto a la contención institucional que debió procurar el Estado bonaerense, ésta faltó a la cita. “Tuve más contención de Río Negro que de Buenos Aires, el hospital (Zatti) de Viedma me ofreció una psicóloga (cuando estuvo internado en terapia), y (después de esto)... mi mamá, la psicóloga y la fe; fueron los tres pilares para salir adelante”; asevera.

Tampoco suelen llamarlo de la escuela. Lo tiene hablado con su psicóloga. Se ha acercado al edificio de calle San Lorenzo por iniciativa propia. A veces pide sentarse en una silla del aula y quedarse a meditar. Con el tiempo decidió concluir el secundario en Viedma, trabajar en la administración pública rionegrina y compartir un coro. Suele estar en contacto con Nicolás Leonardi, quien estudia en Buenos Aires, y Marcelo Ancella; otro de sus compañeros que salió ileso.


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