La ruptura del silencio
Luis Manchini expresa la necesidad de un camino de circunvalación en Villa La Angostura.
La gente opina
En Villa La Angostura se da un fenómeno único en el mundo: escuchar el silencio. Mientras tus ojos se regodean con la belleza absoluta del paisaje angosturense el silencio intenso, absoluto, te transmite una inigualable sensación de paz, de andar en una dimensión donde fueron abolidos los ruidos de manera natural sin necesidad de decreto ni reglamento, es un maravilloso espacio de silencio de hecho. Así es, y lo invito a visitar la Villa para comprobarlo, pero –siempre ese maldito pero– los hombres en su inmensa necedad han hecho que ese infranqueable silencio se quiebre súbitamente por el paso ultrajante de uno, diez, cientos de camiones chilenos que quiebran uno de los datos sustanciales de este maravilloso lugar que Dios nos ha regalado para el goce de todos, lugareños y turistas. Las bestias motorizadas miden casi cien metros y transitan la ciudad a una velocidad inusitada, giran en esquinas, rotondas y donde sea, subiéndose a la vereda de ser menester, y el ruido que provocan hace trizas el fenomenal silencio mientras las calles y veredas tiemblan como si un terremoto fuera a suceder. Obviamente un desatino. Es impensable que a esta Villa de juguete, rodeada del agua mansa del Nahuel Huapi, de la cordillera imponente, de bosques de ensueños, de veleros artesanales que realzan la belleza, sea violada de manera ultrajante por los herméticos y gigantes camiones del país hermano. Averigüé cómo podía ser tamaño abuso y me contestaron que se había proyectado un camino de circunvalación –como deben poseer todas las ciudades de turismo– pero el pueblo se había opuesto a la propuesta pues para construirlo se debía talar una cierta cantidad de árboles. Con respeto por la voluntad del pueblo angosturense y en consonancia con la irrefutable consigna de que la belleza de Villa La Angostura no sólo pertenece a un grupo de lugareños sino también a quienes le dan vida al lugar –esto es, los turistas que llenan sus tiendas, restaurantes, bares, etc.–, que dejarán de venir el día en que algún giro de los inmensos camiones no tenga la exactitud esperada o la velocidad de esos gigantes no pueda esquivar al peatón circunstancial y el fatal accidente que nunca se quiso pero se advierte como probable en esta carta haga que cese el ruido infernal de los camiones extraños. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes