«Un artista no puede vivir en una campana de cristal»

Lleva un apellido famoso. Pero Coqui Sosa ha hecho su propio camino artístico, también comprometido como el de su tía Mercedes. Se presenta mañana a las 22 en el Auditorio de Radio Popular de Roca. Charló con "Río Negro".

Redacción

Por Redacción

Está esperando su primer hijo. Su mujer va por la octava luna y eso lo tiene permanentemente atento al celular.

El Coqui nació en Monteros un 17 de octubre de 1965 y lleva grabados seis discos «A pesar de todo» (90), «Viene clareando» (92), «Siglo de esperanza» (93), «En vivo» (95), «Clásicos & sueños» (96) y «Cuando canto» (98); además de dos participaciones en compilados. Intervino en los festivales de Cosquín, Baradero, Jesús María, Cafayate, Tantanakuy y Americanto; en setiembre del «96 cantó en Nueva York y Washington, al año siguiente lo hizo en Miami.

En el mismo mes del «98 fue invitado especial durante las tres noches que Mercedes Sosa llenó el Luna Park de Buenos Aires. Su canción es un entrañable homenaje a las más profundas raíces argentinas, una propuesta musical inquebrantable para recuperar la identidad y el amor por las cosas nuestras. Pero no trabaja sólo componiendo, grabando y actuando, ha desarrollado la Red Pucará que en Internet permite acceder a su página -www.coquisosa.com.ar- , la del Dúo Coplanacu y seis más con material folclórico de reciente data.

-Un folclorista on line…

– Si. Pucará es un sitio en el que con un click accedés a cualquiera de sus ocho páginas; en setiembre, Raíces Argentinas alcanzó 20 mil visitas; la mía tiene un promedio de 3 mil mensuales. Pronto vamos a lanzar la tercera etapa de este proyecto con discos alternativos de producción independiente, un nuevo sitio donde encontrar seguro el disco de Juan Falú «Guitarras del mundo», que no se puede conseguir en las cadenas de disquerías».

-Esto también es parte del futuro del folclore.

-El futuro son las producciones independientes, pero porque apareció Internet, aclara Coqui. Lo que hacen las distribuidoras es una dictadura, distribuyen el disco que ellos quieren. Entonces, ¿cómo llegar a la disquería? Esta es una carrera muy difícil. Yo soy sobrino de Mercedes Sosa, la cantante más grande que ha dado la historia de la música popular y sé que no todo lo que brilla es oro. La conozco y no es fácil llevar la fama a cuestas, ni mantenerse con problemas individuales, familiares, la propia vida. La gente tiene otra visión, busca en el artista lo no cotidiano; algo que lo supere. La Mercedes tiene malos días, otros más o menos, gente con la que está peleada, y con la que se lleva bien, pero siempre arriesgó. Tuvo idas y venidas pero no recuerdo que haya tenido una caída pronunciada, tampoco un artista puede producir el cien por cien bueno. A eso obligan a ciertos artistas, cuando se le hace creer que vale por lo que vende, es peligroso. (Atahualpa) Yupanqui creo que jamás ha sido disco de oro ¿y se lo puede discutir?

-¿Cómo te vez ubicado en el actual contexto folclórico?

-No sé si me voy haciendo más grande y por ahí soy más comprensivo. El formato pop implantado en el folclore sobre todo en los diez últimos años de menemismo -aunque beneficie a algunos, por lo cual personalmente me alegro por que son compañeros de laburo- sirve para entretener. Y así salen disparados en el escenario, saltan, rebolean, pegan gritos… Yo siento que un artista no puede vivir en una campana de cristal y debe reflejar los tiempos que vive. Hay desocupación y corrupción, que no las cantes no significa que no existan. Tengo serias disputas con los que dicen: yo política, no!.

Lejos de las exigencias del «target»

-Has debido construir un lugar alternativo para poder trabajar.

-No es tan difícil. Acá hay dos o tres personajes que vienen hace muchos años produciendo cosas, que no son positivas para el folclore. (Julio) Maharbis es un caso muy clarito. No sé si es corrupto, si le roba o no a Cosquín, no lo puedo probar. Pero sí se puede probar que a la organización (del Festival de) Cosquín, nunca lo hizo funcionar. Jesús María es un éxito cada año y al mes exacto de terminado, los organizadores presentan un balance al pueblo, con gastos y ganancias; con ellas, construyen una escuela, una capilla. En el «93 trabajaba en casi todos los festivales, de pronto empezó a volcarse esa mueva onda del show folclórico joven. Yo no encajaba dentro de la propuesta, ni por mejor, ni peor; no entraba en el target (sonríe). Y los festivales comenzaban a monopolizarse, cosa que hoy pasa. Hace diez años había 550 fiestas y eventos populares en el país, hoy no llegan a los 150. El resto se dejó de hacer, producto de la famosa globalización que también influye acá. Pero tampoco se puede comprar una fórmula y llevarla a todos lados. Los festivales antes producían artistas, generaban; ahora van a lo seguro.

– Frente ese panorama, ¿qué hacer si no estás entre los «seguros»?

-Me acostumbré a un trabajo de base, que es muy válido pero lleva mucho más tiempo. Me pasó de mirar el teléfono y que no sonara durante cuatro meses. Pero ahora estoy en la mejor etapa de 1995 a esta parte.

Eduardo Rouillet


Está esperando su primer hijo. Su mujer va por la octava luna y eso lo tiene permanentemente atento al celular.

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