Un atajo para los pesos pesados

Si el acuerdo con Wintershall fue el primer hito político y económico de la firma, la fractura hidráulica de esta semana abrió una nueva etapa técnica. El know how acumulado por GyP a partir de sus numerosas sociedades se pone en juego con la experiencia de Aguada Federal, que terminará de potenciar a la empresa estatal. Pero no sólo de dinero y tecnología se compone una empresa. La imagen también es clave y por eso la compañía que conduce Guillermo Coco tiene ahora tres desafíos. El primero es su salida a la Bolsa, que significará el ingreso de accionistas privados y fondos frescos, pero sobre todo le pondrá un número al valor de firma. En el mercado se arriesga que GyP vale unos 1.000 millones de dólares, aunque cada hito que suma engorda su haber. El otro desafío será el de conducir las ofertas de inversiones que llegan de todo el mundo. El gobernador Jorge Sapag recibió ayer a empresarios chinos y la semana que viene viajará a Río de Janeiro para cerrar un acuerdo con Petrobras. En un contexto económico complicado, GyP se convirtió en un atajo para llegar a Vaca Muerta. Es que no posee sobre sus espaldas un fantasma de litigios como ocurre con YPF y encima es titular de distintas áreas en zonas productivas calientes. Su modalidad de empresa, además, le permite arribar a acuerdos como lo haría cualquier compañía privada, sin pasar por licitaciones o depender de leyes y de vaivenes políticos. En la “carpetita” que GyP les deja a sus potenciales socios, les exige como peaje de entrada una sociedad “fifty-fifty”, con esquemas que le permiten fondearse y esquivar parte de los riesgos del negocio. Y de este momento surge el tercer desafío: poder cerrar el círculo financiero y “hacer caja” para cumplir con los compromisos de inversión firmados con sus socios. Con los números de hoy, parece un objetivo lejano.


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